Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Genios

Me tropiezo en Netflix con una serie documental con título ampuloso, 'Genius of the Modern World'. Es magnífica, didáctica, sentida y documentada

Más información
Opio
¡A cobrar!
Azufre

Es imposible recorrer Madrid sin ver una y otra vez en infinitas vallas, mamparas y lonas el careto de aquel individuo tan peligroso como execrable llamado Jesús Gil. Forma parte de la mareante promoción de la serie de HBO El pionero. Se supone que marketing tan fastuoso no puede fallar, pero, en mi caso, la pereza ante el personaje supera mi deber profesional. Y, francamente, tampoco tengo ninguna prisa por ser testigo de las grandezas y miserias del grupo infantil Parchís, que exhibe Netflix. Ya sé que pudo tener interés como fenómeno sociológico, pero este puto calor me aconseja cosas más livianas.

Recorro la filmoteca de las plataformas digitales de que dispongo y el panorama es desolador. Nada sabroso por aquí, nada original por allá. Pero me tropiezo en Netflix con una serie documental con título ampuloso Genius of the Modern World. Es magnífica, didáctica en el mejor sentido, sentida y documentada. Durante tres horas, mi noche está salvada.

Es una producción de la BBC (y se nota, cómo no), presentada por la nada críptica ni pesada historiadora Bettany Hughes. Se ocupa de tres fulanos que revolucionaron la historia del pensamiento, gente que descubrió cosas tan trascendentes como inexploradas. Son Karl Marx, Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud. La cámara sigue sus itinerarios vitales, marcados por el exilio, y especialistas en su obra nos traducen sin énfasis ni pedantería su monumental pensamiento. No sabremos nunca qué hubiera pensado Marx de Stalin, ni Nietzsche de Hitler, que se apropiaron de sus doctrinas y los divinizaron en sus imperios del horror. Es probable que Nietzsche no hubiera enloquecido si Lou Andreas Salomé le hubiera amado. Vete a saber.

Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS