“Lo que echo en falta es el respeto por lo anterior”

El actor Bruce Dern estrena ‘Remember Me’ y reflexiona sobre sus más de 150 películas, con directores como Coppola, Hitchcock, Tarantino o Payne

El actor Bruce Dern, en septiembre de 2017 en California.
El actor Bruce Dern, en septiembre de 2017 en California. MICHAEL BEZJIAN (WIRELMAGE)

La vida sonreía a Bruce Dern en 1969. Con 33 años, acababa de filmar Danzad, danzad, malditos, de Sidney Pollack. Justo después, se había casado con su tercer —y definitivo— amor, Andrea Beckett. Como nada parecía irle mal, se atrevió a enviar una carta a su madre, en la que pedía 500 dólares para seguir en la cresta de la ola. En lugar de su progenitora debió de contestar el karma: “No. No. Tú escogiste tu profesión, fuiste avisado de que era quijotesca y de que no mostrabas indicios de que se te daría bien. No eres Gary Cooper. Ni Gregory Peck. Volved a Chicago, a casa, y te ayudaré a entrar en la Facultad de Derecho”.

Para suerte del cine, Dern no le hizo caso. Durante toda la infancia había temido el listón de una familia hecha de poetas con Pulitzer, gobernadores y normas estrictas. Llevaba guantes blancos para comer, tenía que levantar la mano para hablar y un día hasta tuvo de niñera a la first lady Eleanor Roosevelt. Ya bastaba. De acuerdo, nunca sería un divo; puede que incluso hoy, con 83 años, pocos conozcan su nombre. Pero su talento ha dejado una huella notable en el séptimo arte. Ha trabajado con Alfred Hitchcock, Francis Ford Coppola y Quentin Tarantino; aparece en más de 150 filmes como Los cowboys o La trama; conmovió al mundo cinéfilo con Nebraska. Y, el próximo viernes 2 de agosto estrena Remember Me, del español Martín Rosete, antes de que el 15 llegue Érase una vez en... Hollywood: ha trabajado en las tres últimas películas de Tarantino..

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“Cada vez que un guion me emociona, lo acepto”, relata el actor, padre de la intérprete Laura Dern, por teléfono. “Ir hasta España suponía un camino largo. No conocía a nadie del equipo ni el idioma. Pero me fascinaba la historia de un hombre que intentaba revivir una relación 35 años después”, agrega. Porque, cuando el viudo Claude descubre que Lilian, su primer flechazo, padece alzhéimer, decide regresar a su lado. A toda costa, incluido fingir la misma enfermedad para ser ingresado.

Dern no tiene más que elogios para el filme: el reparto impecable, el director, el rodaje “divertido”. “Me gusta ser parte de un equipo, no arrastrar yo solo el peso de una película”, insiste. El papel, además, le recuerda al de Nebraska, el momento quizás más alto de su carrera. En la película de Alexander Payne, encarnaba a un anciano empeñado en una marcha kilométrica para cobrar el millón de dólares que le prometía un folleto promocional. El actor cuenta que hasta Al Pacino se rindió ante su interpretación: “Me preguntó: ‘¿Cómo hiciste eso?”.

Supuso el mejor cumplido de su carrera, aunque admite que el mérito es compartido. “Fue la única vez que escribieron un papel pensando solo en mí”, asegura. Lo cierto es que Payne rechazó cualquier propuesta de Paramount, que le prometía estrellas y un mayor presupuesto. Quería un filme pequeño, en blanco y negro, con Bruce Dern. Cuando el actor llegó al fin al plató, el cineasta le explicó: “De los 90 trabajadores que ves, 70 han estado conmigo en todos mis filmes. Así que puedes arriesgarte, te cubrimos. Deja que hagamos nuestro trabajo. No nos muestres nada, permítenos que lo encontremos”. A saber si el actor hasta apartó sus dernsies: así bautizó Jack Nicholson, con quien compartió cinco películas, la tendencia de Dern a salirse del guion e improvisar.

Con Nebraska, el actor coronaba un recorrido de cuatro décadas, desde su debut en Río salvaje, de Elia Kazan. Y, en cierta manera, culminaba la lección que el director le enseñó en 1960: “En este filme vas a ser el quinto vaquero. Nadie va a reconocerte. Pero conviértelo en el mejor quinto vaquero. La clave de este negocio es la resistencia”. Al fin y al cabo, Dern debe de saberlo mejor que cualquiera: es corredor de maratones, se dice que nunca fumó o bebió fuera del plató para mantenerse en forma y, tras una lesión, volverá a entrenar en los próximos días. “Para octubre, quiero competir”, tercia.

En el cine, está aun más lanzado. Todavía se apasiona, y filma varios largos al año. Aunque no todo es oro: “Lo que más echo en falta es el respeto por lo que vino antes”. De ahí que lamente la tendencia de Hollywood a los remakes: “Me molesta. ¿Para qué reharías Psicosis? Deberían asumir que alguien ha creado ya la mejor versión posible”.

En cambio, Dern le tiene un enorme respeto al trabajo cinematográfico: “Una película es para siempre. Jamás me he salido de una sala. Decenas de personas se esfuerzan durante meses por esa obra”. Tal vez por eso tampoco ha escupido nunca abucheos en un estadio de fútbol. O, quizás, por su pasión por la humanidad: ha dicho a menudo que el mejor remedio contra todo es “un abrazo”. Tanto que, al final de la entrevista, ofrece uno, en forma de inesperado dernsie: “Cuando cuelgue el teléfono, mírese al espejo y alégrese del trabajo hecho. Deberíamos hacerlo más”. 

Sobra decirle que vale también para él. No será Gregory Peck, pero es Bruce Dern. Como para estar orgulloso.

Seis genios y tres filmes

Bruce Dern es uno de los pocos actores en haber matado a John Wayne en la pantalla, en Los cowboys. Entonces, el mito se le acercó y bromeó: "América te odiará por esto". A juzgar por su trayectoria, se diría lo contrario. O, al menos, el séptimo arte le ha amado. Aunque Dern tiene claro que los "genios" que se ha encontrado en su carrera son seis: "Kazan, Coppola, Hitchcock, Douglas Trumbull, Tarantino y Payne". Y aprovecha para celebrar a los últimos dos: "Nada de efectos especiales y esas estupideces. Son contadores de historia, que escriben ellos mismos". El actor cree además que una línea de sabiduría y sensatez une a los seis genios: "Eran conscientes de que no estaban inventado la rueda, pero intentaban hacer un gran trabajo". Acto seguido, Dern también ofrece la lista de sus tres películas favoritas de todos los tiempos: "Lawrence de Arabia, Amadeus y Consejo de guerra. En las tres había alguien detrás, que creyó en ellas y las hizo".

Sobre la firma

Tommaso Koch

Redactor de Cultura. Se dedica a temas de cine, cómics, derechos de autor, política cultural, literatura y videojuegos, además de casos judiciales que tengan que ver con el sector artístico. Es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Roma Tre y Máster de periodismo de El País. Nació en Roma, pero hace tiempo que se considera itañol.

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