‘“Me asusta la maldad, que existe y tiene nombres y apellidos”

La periodista y escritora, coautora de ‘Vidas sin fronteras’, se enfrenta al carrusel de preguntas de este diario

La escritora y periodista Yaiza Santos.
La escritora y periodista Yaiza Santos.

La intención del primer libro infantil de la escritora y periodista Yaiza Santos (Huelva, 1977, aunque afincada en México desde hace 13 años) es ofrecer esperanza dentro de la dura realidad de la inmigración. Vidas sin fronteras (Penguin Random House), coescrito junto a Annuska Angulo e ilustrado por Tanya Huntington, reúne las historias de éxito de 50 hombres y mujeres fuera de sus países de origen. La obra, que pasó por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) y se presentará este sábado en el Museo de la Ciudad de México, contiene, además, una sorpresa para el pequeño lector que puede contar su vida o la de su familia. “Quisimos enseñar que la migración es connatural al ser humano y puede ser luminosa y enriquecedora”, asegura.

¿Además del suyo, qué libro regalaría a un niño para introducirlo a la literatura? ¿Y al periodismo?

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Cualquiera de Roald Dahl. Al periodismo, funciona de maravilla con mis alumnos Svetlana Alexiévich.

¿Su lector perfecto?

El que es voraz, activo y generoso (lee mucho, se deja transformar por sus lecturas y no tiene empacho en compartirlas). Ricardo Cayuela es mi mejor ejemplo.

¿El último libro con el que se rio a carcajadas?

No tan cerca en el tiempo, recuerdo desternillarme con Irse a Madrid, de Manuel Jabois, y Solar, de Ian McEwan.

¿Qué títulos tiene en su mesa de dormir?

Muchos y variados. El (o los) que estoy leyendo (ahora, La España imperial, de John Elliott) y dos pilas altas esperando turno.

¿Cuál le cambió la vida?

Varios me marcaron, pero cambiarme la vida, una revista: Letras Libres.

¿Qué crónica firmaría?

Cualquiera de Pablo Ordaz.

¿Y a quién entrevistaría?

A quien tenga algo interesante que contar, famoso o no.

Sus influencias periodísticas...

Quiero pensar que algo aprendí de mi maestro Pedro Sorela y de mi querido Arcadi Espada. Y un colega me dijo una vez que mi estilo le recordaba al de Oriana Fallaci (¡piropazo inmerecido!).

¿Qué libro le gustaría haber escrito?

Verde agua, de Marisa Madieri.

¿Con quién se sentaría en una fiesta?

Con los músicos.

¿Cuál es su lugar favorito en el mundo?

La playa de Punta Umbría.

¿Qué cambiaría de usted?

Mis uñas. Cosa más fea…

Si pudiera adquirir cualquier pintura, ¿cuál sería?

El Jardín de las Delicias.

¿La última vez que lloró?

¿Ayer mismo? Lloro con frecuencia, pero por suerte río más.

¿Cuándo fue más feliz?

En presente. Soy muy feliz hablando con mis hijos. Y cuando viajo con mi marido. Y cada vez que comparto mesa y conversación con amigos.

¿Qué la deja sin dormir?

El exceso de trabajo. O alguna injusticia sufrida en carne propia: me quedo insomne rumiando venganzas a lo Edmond Dantès; luego se me pasa y a otra cosa.

¿Con quién le gustaría quedar atrapada en un ascensor?

No doy nombres, que luego decepcionan.

¿Qué está deseando comprar?

No deseo nada de antemano, por eso caigo facilísimamente en la tentación.

¿La última comida que realmente la sorprendió?

El menú maíz de Enrique Olvera en Pujol.

Tequila o mezcal…

Mezcal, bebida de tierra y de luz.

Última borrachera…

De mezcal, precisamente. ¡Pero con la edad procuro evitarlas!

En su nevera siempre hay...

De todo. Es la nevera de una madre.

¿El mejor regalo que ha recibido últimamente? ¿Y el mejor que ha hecho?

Que he recibido, un colgante de plata con la leyenda La mera mera, de Annuska Angulo, hermana de vida. Que he hecho, una canción a capella (creo, o espero).

¿Qué quería ser de niña?

Conscientemente, maestra; inconscientemente, artista.

¿Qué le asusta?

La maldad, que existe y tiene nombres y apellidos. Y la enfermedad de un ser querido.

Si tuviera un superpoder...

Ser inmortal, elegir la edad a la que serlo y contagiarlo a quien quisiera.

En una fiesta de disfraces, ¿de qué se disfrazaría?

De sor Juana Inés de la Cruz.

¿Qué le diría a su presidente?

Un poco de pudor, por favor.

¿Periodismo clásico o digital?

Parafraseando el ensayo de Enrique Krauze sobre la democracia en México, periodismo sin adjetivos.

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