Insípido mano a mano

Luque y De Justo pasean tres y dos orejas en una corrida con tres toros sobresalientes

Emilio de Justo torea a la verónica al cuarto toro de la tarde.
Emilio de Justo torea a la verónica al cuarto toro de la tarde.Torostv

Era, sin duda, uno de los ‘mano a mano’ de la temporada entre dos toreros ya veteranos, en sazón, con sobradas condiciones para protagonizar una gran tarde de toros.

Y, quizá, ellos y los suyos estén satisfechos; al igual que los generosos espectadores jienenses; cinco orejas no se cortan todas las tardes, por lo que habrá que convenir que fue un festejo interesante y divertido.

Pues supo a poco, a muy poco. Mejor dicho, se podría esperar más de Luque y De Justo, que estuvieron bien, sin más, correctos, de aprobado suficiente, pero no sobresalientes; no arrebataron, apenas emocionaron y sus obras quizá ya pertenezcan al olvido.

Y torearon como mejor saben hacerlo con capote y muleta. Luque se lució por vistosas chicuelinas en su primero, airosas verónicas dibujó en el segundo, y de rodillas recibió al tercero con un farol, y siguió de hinojos a la verónicas hasta los medios. Se hartó de muletear al buen Núñez del Cuvillo que abrió plaza, se mostró seguro ante el soso de La Quinta, y se justificó ante el noble ‘juampedro’ que hizo quinto.

TRES GANADERÍAS/LUQUE, DE JUSTO

Dos toros -1º y 6º, los dos de gran calidad en la muleta- de Núñez del Cuvillo; dos -2º, descastado, y 5º, repetidor en la muleta- de Juan Pedro Domecq, descastado, y dos -3º, soso, y 4º, de calidad en el tercio final- de La Quinta. Correctos de presentación, y todos, a excepción del quinto, mansos en los caballos.

Daniel Luque: pinchazo hondo y cuatro descabellos (vuelta); estocada baja (oreja); estocada (dos orejas).

Emilio de Justo: pinchazo y estocada (silencio); pinchazo y estocada baja (dos orejas); pinchazo, estocada contraria, dos descabellos _aviso_ y siete descabellos (silencio).

Plaza de toros de Jaén. 18 de octubre. Última corrida de feria. Algo menos de 2.000 espectadores.

 

Emilio de Justo, por su parte, destacó sobremanera a la verónica ante el cuarto, y lo toreó a placer en el tercio final; no tuvo opciones ante el rajado segundo, y otra vez volvió a muletear con largura ante el encastado sexto.

¿Qué falló, entonces?

Cuando la embestida de un toro desborda una clase exquisita, el torero tiene que estar a su altura. Torear bien no consiste en dar muchos pases y alargar las faenas hasta el infinito. Y ambos toreros pecaron del mismo defecto. Además, mataron muy mal, lo que no es baladí.

Hubo toros de tres ganaderías, y tres de ellos ofrecieron espectáculo grande: los dos de Núñez de Cuvillo y uno de La Quinta, el quinto. Embistieron con movilidad, nobleza y hondura, y los tres exigieron algo más que señores incansables y repetitivos.

Se colocaron buenos pares de banderillas, eso sí; saludaron Antonio Chacón, Juan Cantora, Juan Contreras, Raúl Caricol y José Chacón.

Y quedó en el ambiente la sensación de que hay que ser más exigentes con los toreros, que deben ser innovadores e imaginativos con las telas, y más certeros con el estoque.

Si se hace todas las tardes lo mismo, el resultado no suele variar, y casi siempre es el aburrimiento y el pronto olvido.

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Logo elpais

Ya no dispones de más artículos gratis este mes

Suscríbete para seguir leyendo

Descubre las promociones disponibles

Suscríbete

Ya tengo una suscripción