Un viaje a la frontera entre utopía y distopía

Autores como Martín Caparrós, Santiago Roncagliolo, Renato Cisneros o Elvira Lindo reflexionan en el Festival Eñe sobre la necesidad de imaginar sobre un futuro “no amenazante”

Un momento del rodaje de la charla entre Elvira Lindo y Renato Cisneros, con Jesús Ruiz Mantilla.
Un momento del rodaje de la charla entre Elvira Lindo y Renato Cisneros, con Jesús Ruiz Mantilla.

En tiempos distópicos, no queda otra que soñar con, por qué no, tiempos utópicos. Sobre la base de que la realidad le ha dado a la ficción “una lección de humildad”, demostrándole, este 2020, que nada de lo catastrófico imaginado en el pasado podía habernos preparado para lo vivido, el Festival Eñe arrancó este lunes, estrenando un exclusivo formato digital, con grabaciones en directo y en diferido de la treintena de charlas previstas. Hasta 50 invitados participarán en la edición de este año —que se cierra el sábado— y que dirige el escritor y periodista de EL PAÍS Jesús Ruiz Mantilla, en la que la literatura alemana actual está teniendo, en vistas de la próxima participación de España como país invitado en la Feria de Frankfurt de 2022, un protagonismo especial.

Dejó claro en el manifiesto no anecdóticamente llamado La distopía ha muerto ¡Viva la utopía!, que la pandemia había supuesto un punto de no retorno, pues parecía haber llegado para “decir ‘¡hasta aquí!’ y aniquilar la tendencia a la creación de mundos horripilantes”. “Desde un rincón de su hartazgo”, la realidad parecía haberse levantado para decir que ninguno de esos mundos imaginados tenía nada que ver con ella, y que lo mejor que podríamos hacer es “dejar el infundio de la amenaza y soñar”. “El creador necesita rebelarse, no resignarse a pensamientos únicos, más propios de engendros de inteligencia artificial que de seres humanos”, dijo el escritor, para quien “ha llegado el momento de volver a reencontrarse con la nobleza de aspirar a ser mejores”, dando el pistoletazo de salida al encuentro con el que colaboran Fundación Banco Sabadell y este periódico.

Así, por ejemplo, Martín Caparrós y Santiago Roncagliolo, en la charla que puso las primeras cartas sobre la mesa de esta peculiar edición del festival, punto de encuentro, año tras año, de los amantes de la literatura en castellano, hablaron de uno y otro conceptos contrapuestos, el de la distopía y la utopía, en América Latina. “Los peruanos hemos sido siempre de utopías, utopías políticas, por eso mi libro distópico no se entendió, ¿qué hacía yo escribiendo ciencia ficción?”, se preguntaba Roncagliolo, sobre Tan cerca de la vida. Y a renglón seguido Caparrós aseguraba que Sinfín (Literatura Random House), su última novela, para él no era una distopía sino una utopía: “A mí me parece deseable poder vivir para siempre, por más problemas que dé”.

Concurrieron, sin embargo, los dos escritores, reunidos en la Casa América, una de las distintas sedes del certamen, en que “la frontera entre utopía y distopía es muy tenue, muy discutible”, puesto que una, se diría, produce la otra. “Las utopías han generado distopías. Por ejemplo, la utopía liberal ha llevado a que no haya suficientes hospitales en una pandemia. La utopía está condenada a la imperfección porque tiene un autor, y ese autor no es perfecto”, dijo Roncagliolo. Caparrós estuvo de acuerdo con la premisa del festival, en el sentido de que cree que el mundo hoy “es un poco triste”, y lo es “por la falta de alguna meta”. “Nos falta el apetito de futuro que la modernidad nos llevó a tener. El futuro es hoy una amenaza”, añadió.

“Llevábamos años preparándonos para el apocalipsis, pero ha sido tan distinto a como lo esperábamos”, señalaba Renato Cisneros en un momento de su charla con Elvira Lindo, sobre la idea de utopías y distopías en la familia. “¿Te imaginas haber pasado todo ese confinamiento con tu familia?”, le preguntaba ella, refiriéndose, claro, a sus padres, a la posibilidad de haber sido niño durante el confinamiento. “En el Perú de los ochenta, con el terrorismo y los apagones, escuchando las noticias a la luz de las velas, la verdad es que pasamos mucho tiempo juntos, el terror nos obligaba a estar juntos, un poco como ahora”, replicaba Cisneros. Autores ambos de sendos libros sobre su familia, entretejieron lo que tiene de utópico y distópico cualquier familia.

Para Lindo, “nada es más difícil que contar que un conflicto familiar”, mientras que para Cisneros, la familia” siempre está entre la utopía y la distopía, porque gestionarla te puede llevar a la armonía pero el fracaso está siempre latente”. Su encuentro tuvo lugar en el Círculo de Bellas Artes, epicentro del festival presencial, que este año ha sumado otras sedes como la mencionada Casa América, el Instituto Cervantes, la Biblioteca Nacional, la Real Academia Española, y el Centro Sefarad-Israel, entre otros. Precisamente en este último los actores Pol Monen y Adam Quintero desmenuzaron La conjura contra América, de Philip Roth, terrorífica distopía política que acaba de dar el salto a la pequeña pantalla en un momento, coincidieron, especialmente idóneo.

Utopía hacia atrás

“La idea de utopía estaba muy presente en el siglo XVIII. Estaba presente el regeneracionismo y la necesidad de buscar otro ambiente para España. De ahí sale un poco Galdós, que coge esa herencia, y en su obra, presenta la lucha entre los que quieren cambiar España y volver a una idea de utopía, y los que no”, explicaba Soledad Puértolas, que, junto a Manuel Gutiérrez Aragón trató de encontrar lo que de utópico y distópico tiene la literatura de Benito Pérez Galdós. “Curiosísimo me parece que Galdós es una especie de utópico hacia atrás, hacia los posibles siglos anteriores. Hay bastantes momentos en Los Episodios, en los que se pregunta qué hubiera sido de España si las cosas hubiesen sido de otra manera, no dejó de pensar en las posibilidades”, apuntó Gutiérrez Aragón.

La presencia de la literatura alemana se concreta en la participación de autores como Anja Kümmel y Katja Deiß, ambas dedicadas a la ciencia ficción, en distintas charlas, como la que se dará mañana viernes entre Rosa Ribas y Zoë Beck, centrada en lo utópico y lo distópico en la novela negra. Además, numerosos son los poetas que abordan el mismo tema desde la óptica de lo que se ha dado en llamar Utopía y distopía poética de la ciudad, entre ellos, Luis García Montero, Ana Merino, Benjamín Prado, Marwan, Violeta Medina y Antonio Lucas. También han tenido lugar estos días encuentros con autores —Karina Sainz Borgo, Horacio Castellanos Mora y Azriel Bibliowicz— a través de Zoom, para los que era necesario inscribirse.

En el esperado encuentro entre el filósofo Javier Gomá y la escritora Irene Vallejo, reciente Premio Nacional de Ensayo por El infinito en un junco (Siruela), se reivindicó el poder desarticulador de cualquier tipo de totalitarismo del humor. “La vida es demasiado seria y tiende al totalitarismo”, apuntó Gomá, a lo que Vallejo replicó lanzándose a defender el humor que, “como género literario e incluso cinematográfico, suele estar despreciado, no recibe premios e incluso respecto a los clásicos se propicia una lectura seria y solemne y se niega el componente humorístico, ¡ha ocurrido incluso con El Quijote! Y eso es porque hay una utopía igualitaria en el humor, disuelve las jerarquías y nos coloca en el mismo plano a todos”.

México, política y medios 'utópicos'

Para mañana, día 20, y el sábado 21, el goloso menú del virtual Eñe de este año incluye desde la entrega del Premio Festival Eñe a Mario Vargas Llosa por su trayectoria – el único acto que se emite en directo –, hasta una charla entre la periodista y exdirectora de EL PAÍS Soledad Gallego-Díaz y la ex alcadesa de Madrid Manuela Carmena sobre los conceptos de utópico y distópico relacionados con la política y los medios de comunicación. Además de un acto dedicado a la ciencia, en el que participan Juan José Millás y Juan Luis Arsuaga, y otro a la música, con Antonio Muñoz Molina y Josep Pons, y el centrado en Ciudad de México, con Guillermo Arriaga y David Marcial Pérez.

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