Madrid anuncia un plan ante el deterioro del templo de Debod

La polución, el clima continental de la capital y las visitas dañan la piedra arenisca

El templo de Debod, en Madrid, el pasado sábado.
El templo de Debod, en Madrid, el pasado sábado.ANDREA COMAS
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Las 1.350 piedras que conforman el templo de Debod están muy dañadas. Los agentes meteorológicos, la contaminación y un aumento espectacular de visitantes (pasó de 197.194, en 2010, a rozar las 400.000; en 2019 hubo 240.000, porque cerró varios meses), han forzado al Ayuntamiento de Madrid a trazar un plan para salvar uno de los pocos edificios faraónicos completos que pueden verse fuera de Egipto, Bien de Interés Cultural. En 2018, se celebró una jornada en la capital en la que participaron especialistas en la conservación y restauración, españoles y extranjeros, y egiptólogos. Pensaron la posibilidad de cubrir el templo y aumentar las medidas de protección.

El Ayuntamiento, a raíz de ese encuentro, está realizando varios análisis. Además, ha diseñado un plan para reducir el número de visitantes, con un aforo limitado para rebajar la presión. Además, estudia construir un centro de interpretación que reduzca el tiempo de los visitantes en el interior del templo. En los últimos años, se han sustituido las cubiertas, impermeabilizado los estanques, cambiado el sistema de climatización (dentro del templo se alcanzaban temperaturas elevadísimas) y se han protegido algunos de los objetos expuestos.

Pero el templo sufre más problemas. Al fin y al cabo, no fue un regalo sin condiciones. En 1959, Egipto hizo pública la decisión de donar cinco templos a los Estados que más recursos destinaran a la campaña de salvamento de los monumentos nubios. La partida esencial de la inversión era la dedicada a la conservación de estos edificios. La Unesco impuso una condición que los elegidos debían cumplir para garantizar el buen estado: debían ubicarse en el interior de museos abiertos al público. Los templos de Dendur, Taffa, Ellesiya y el portal del templo de Kalabsha cumplen este requisito. El más famoso es el de Dendur, en el Metropolitan de Nueva York.

La excepción es el de Debod, el más grande de los cinco. En 1972 se decidió montarlo —y contradecir la Unesco— al aire libre, en el solar del antiguo Cuartel de la Montaña, en un extremo del parque del Oeste, lugar privilegiado para las puestas del sol. Es uno de los reclamos turísticos de la ciudad, pero los especialistas sostienen que la piedra arenisca no soporta los contrastes de temperatura del clima continental de Madrid. Su hábitat es el desierto, con calor invariable y pocas lluvias. Tampoco fue hecho para asumir la contaminación de Madrid o el vandalismo que padece: los sillares están rayados y rascados con nombres. Hay zócalos partidos y, en el interior de la salas, las piedras están erosionadas por el roce y los golpes de los visitantes.

El PSOE de Madrid propondrá el martes en el pleno que el templo “se cubra, donde está ahora o en otro lugar”, anuncia su portavoz de Cultura, Mar Espinar, que, añade, “el plan del Ayuntamiento carece de un presupuesto”, informa Manuel Morales.

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