ÓPERACrítica
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‘Marie’, el crimen machista en una de las bellas artes

El drama, estrenado en el Teatro Real y coproducido por La Abadía, indaga en la patología de una relación tóxica en la que se añaden las enfermedades de una época

Nicola Beller Carbone y Xavier Sabata en una escena de 'Marie', estrenada ayer en el Teatro Real. En vídeo, el 'making of' de la obra.JAVIER DEL REAL (VÍDEO: LA ABADÍA)

Había expectación por este estreno de una ópera contemporánea en coproducción del Teatro Real y de La Abadía. Y, pese a las catástrofes de toda índole, la curiosidad hizo que un público numeroso desafiara los resbalones y el suelo helado para asistir, el martes, 12 de enero, a un estreno pospuesto tres días. En realidad, lo de ópera contemporánea necesitaría muchas comillas, ya que el público se enfrenta a una pieza de teatro musical bastante híbrida, en la que la autoría literaria de la dramaturga Lola Blasco lleva la batuta. No es una crítica y, de hecho, se trata de un excelente espectáculo, pero aquí, “prima la parole e dopo la musica”. Eso sí, Blasco posee, además de un bagaje dramatúrgico notable, no poca erudición musical.

Su Marie revisa la figura literaria de la víctima Woyzeck/Wozzeck y brinda al compositor Germán Alonso la posibilidad de adentrarse en los meandros de una de las óperas emblemáticas del siglo XX, el Wozzeck de Alban Berg. Para Blasco, Marie presenta perfiles ideales para reflexionar sobre el crimen machista. Abundan en la ópera, ahí están Carmen, Desdémona, Sophie (Die Soldaten), e incluso Lulu, para seguir con Berg, aunque añada la condición de víctima a la de verdugo. Pero, Marie y Woyzeck/Wozzeck indagan en la patología de una relación tóxica en la que se añaden todas las enfermedades de una época, la diferencia de clases y estatus social, la neurosis y la destrucción de la personalidad como desencadenantes del drama.

Esta Marie se recrea en muchas de estas patologías, la fragilidad del macho, la inestabilidad de una construcción de poder que es la única que cree que le queda al desamparado soldado y que no es otra que un supuesto privilegio sexual del varón que la exuberante naturaleza de Marie hace explotar.

La soprano Nicola Beller Carbone en el papel de Marie.
La soprano Nicola Beller Carbone en el papel de Marie.javier del real

Es una historia bien conocida, pero Blasco encuentra una dramaturgia de gran riqueza, explora el estatus sexual de Marie, articulado en la prostitución y el porno, en el sexo, en suma, y pone al descubierto el punto débil de las pretensiones del varón. A ello se añaden unas reflexiones, el off, de la autora, en las que la zafiedad se confronta al dato erudito, Rousseau, Sade…

Palabras brillantes, cuerpos incitantes

Pero la parte más notable del espectáculo, deslumbrante por momentos, se sitúa en la indagación del propio crimen. Blasco lo descompone en escenas que parecen funcionar como en la paradoja de Aquiles y la tortuga; esto es, el crimen y sus argumentos se hacen reiterativos y, consecuentemente, el crimen se convierte en imposible. Woyzeck/Wozzeck no mata a Marie porque la interpolación de análisis y retornos hacen que el crimen nunca llegue, a lo sumo se acaba la función. Por supuesto, en la vida real el crimen siempre llega y pronto, pero la secuencia literaria propuesta lo frena hasta congelarlo; es una idea portentosa.

Es en esta parte donde la dramaturga y el músico tienen un alto nivel de coincidencia. En los prolegómenos, Alonso realiza una música más bien incidental entre un río de palabras brillantes y cuerpos incitantes, entre los que destaca el despliegue de carne de Julia de Castro, gran musa del sexo antes y ahora, aunque haya cambiado de registro.

En las escenas de Marie y Wozzeck (ahora ya con la doble zeta de la ópera) Alonso adquiere un tono operístico muy interesante. Wozzeck, por ejemplo, brinda una inestabilidad de registro sonoro (del grave baritonal al sobre agudo) que identifica la precariedad del personaje, excelente Xavier Sabata. Marie, por su parte, canta con mayor control de su registro y ofrece una idea más equilibrada de un personaje que merece mejor suerte, sobresaliente la soprano Nicola Beller. Para la parte instrumental, Alonso ha contado con un ensemble ya familiar en su trabajo, el quinteto Ocnos, pero con una profusión de música electrónica que acapara gran parte del espacio sonoro. En el trío de actores, acompañan a la exuberante Julia de Castro Pablo Rivero y Luis Tausía y sobreviven al choque. En la dirección de escena, Rafael Villalobos acentúa con un cierto barroquismo la zona sombría de la historia, llevándola a una zona más teatral que operística. Pero esa es la apuesta, teatro musical con algo de metaópera. Eso sí, un espectáculo de enorme riqueza y chispazos de genio en la autoría.

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