Los días madrileños de la poeta que recitó a Joe Biden

Amanda Gorman estudió en España en 2019, donde indagó en el duende en Lorca y publicó sus versos en español

La poeta Amanda Gorman durante su paso por Madrid, en mayo de 2019, en la librería Juan Rulfo. RAÚL ASENCIO
La poeta Amanda Gorman durante su paso por Madrid, en mayo de 2019, en la librería Juan Rulfo. RAÚL ASENCIORaúl Asencio

Amanda Gorman, la escritora de 22 años que quiere presidir Estados Unidos y que se presentó al mundo en la ceremonia de investidura de Joe Biden como la poeta más joven en hacer algo parecido, estuvo en Madrid entre febrero y junio de 2019 estudiando castellano y literatura española en el Institute for the International Education of Students Abroad. Por unos meses cambió Harvard y la costa Este por la Ciudad Universitaria, donde descubrió a Federico García Lorca, a Bernarda Alba y “el duende”. Se enamoró de la sonoridad de las palabras con erres y escribió sus primeros poemas en el idioma que acababa de conocer.

Uno de ellos lo tituló Amordura: “Si la poesía es hacer de la mirada un mundo,/ ser poeta es hacer belleza de la herida”, escribió. Y también: “Es tener en la garganta/ el duende, y acercarse/ a la hoguera para que tu sombra,/ finalmente iluminada,/ pueda bailar”. Hondas y evidentes raíces lorquianas que Gorman conoció con las enseñanzas de Marta Olivas, profesora de Literatura de secundaria en un instituto madrileño y en la Universidad Internacional de La Rioja. Hace año y medio tuvo a la poeta como alumna en el IES Abroad: “Lorca le interesó mucho por lo no normativo, es decir, la cuestión de la raza, la sexualidad y la voz de los marginados. También su conexión con el mundo gitano y el matriarcado que perpetúa el patriarcado, en La casa de Bernarda Alba”, recuerda Olivas.

Dos años antes de conocer a Lorca había sido reconocida con el National Youth Poet, el galardón que premia al poeta joven más importante de los EE UU. En clase leyeron los Sonetos del amor oscuro y debatieron sobre el deseo imposible de decir. Hablaron sobre la apropiación en Romancero gitano y la conversación derivó en Rosalía. Se interesó por la justicia robada que asoma en el Romance de la Guardia Civil española. Escribió un ensayo sobre el significado del “duende” a partir de El teatro y la teoría del duende, la conferencia que Lorca dio en Buenos Aires, en 1933. Su profesora no olvida cómo incorporó el término en su poesía: “Fue muy sorprendente cómo lo asimiló. Lorca es complicado para quien no controla el idioma y cuando Amanda llegó apenas sabía castellano. En Lorca encontró un poeta en el que se reconocía porque, como ella, se preocupó por los sin voz”, dice la maestra.

La poeta Amanda Gorman, en la toma de posesión de Joe Biden.

Pero el día que tocaba leer los poemas dedicados a los afrodescendientes en Poeta en Nueva York, Gorman no estuvo en clase. Había volado a Milán, a asistir al desfile de Prada. No faltaba ni un día a clase sin su marca de ropa favorita, con la que recitó The Hill We Climb (“La colina que subimos”) ante Kamala Harris, Joe Biden y el resto del planeta. “Me miran por la calle”, dice Marina Patrón que le comentó Gorman sobre sus paseos por la ciudad. “Es elegantísima”, añade. Marina Patrón es, junto a Raúl Asencio, la editora de la revista Temblor, donde Gorman quiso publicar sus poemas en castellano, que la poeta escribió en sus últimos días madrileños. Iban acompañados por una entrevista en la que la autora norteamericana reveló que la poesía es una herramienta política. “No es solo para las élites: cualquier persona puede tener voz. Muchas veces la discriminación y la opresión comienzan con la palabra”, apuntaba Gorman en ese encuentro en la librería Juan Rulfo, que terminó con unas cañas en un 100 montaditos.

La conexión de Gorman con el universo poético madrileño fue su profesor de Lengua y doctor en Literatura Española, Álvaro López. Visitaron recitales y ella se sorprendió con la presencia de la poesía en la vida de Madrid, que echaba de menos en su ciudad natal, Los Ángeles. “Nunca he encontrado una alumna como Amanda, con esa hambre de aprender. Nos encontramos con una persona muy luminosa, muy inteligente y con un compromiso político desbordante. Además, es una esponja”, recuerda López sobre su alumna, que tuvo que adelantar el regreso a su país antes de lo previsto. “Está convencida de lo que dice y convence”, añade López.

Amanda ya no cuenta en su perfil de Instagram que quiere ser presidenta de EE UU, pero también se lo reconoció a su profesora de Sociología en Harvard, Elena Ayala, con quien cursó la asignatura Raza y etnicidad en contexto comparativo. En la televisión, durante la investidura, volvió a ver a la alumna que tomaba la palabra en clase. “Representa la esperanza y la diversidad de nuestro país. Es la inspiración y el símbolo del deseo de unirnos, que no olvida lo que ha pasado estos últimos cuatro años”, indica Ayala, doctoranda desde 2016 en la universidad norteamericana. Comenta que en The Hill We Climb aparece retratada cuando habla de la justicia: “Hemos aprendido que la tranquilidad no siempre es paz / y las normas y nociones de lo que es justo no siempre es justicia”. Como esta profesora de Harvard, quienes trataron con Amanda Gorman en su breve paso por España se reconocen impactados por el don escénico y oratorio de alguien que ha logrado fundir en su expresión pública la poesía, el activismo y la política.

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