El cine canadiense planta cara a los falsos indígenas

El caso de la cineasta Michelle Latimer, señalada por haberse aprovechado de las ayudas estatales a las comunidades autóctonas, ha agudizado el debate

La directora Michelle Latimer durante el Festival Internacional de Cine de Toronto, en septiembre del año pasado.
La directora Michelle Latimer durante el Festival Internacional de Cine de Toronto, en septiembre del año pasado.George Pimentel (Getty Images)

Canadá, en sus esfuerzos de reconciliación con los pueblos indígenas, cuenta con distintos programas para apoyar a los miembros de estas comunidades tradicionalmente discriminadas y el ámbito creativo es uno de los que recibe este tipo de ayuda. Sin embargo, algunos artistas que no pertenecen a estos grupos han sacado tajada. Varios organismos cinematográficos expresan su compromiso para luchar contra esta forma de apropiación identitaria. El caso de la cinesta Michelle Latimer ha sido el más reciente.

Latimer, guionista, productora y directora, ha cosechado un amplio reconocimiento en Canadá por sus obras relacionadas con los grupos autóctonos. No obstante, sus raíces indígenas –subrayadas por ella durante años- han sido puestas en entredicho. La CBC difundió en diciembre que la cineasta ha dado distintas versiones en documentos y entrevistas. Aseguró provenir de Kitigan Zibi, una reserva indígena de Quebec. Sin embargo, miembros de dicha reserva lo negaron. También ha señalado que creció en el norte de Ontario, que es “algonquina-francocanadiense” y que su madre “pertenece a las primeras naciones “. Sin embargo, una genealogista concluyó que Latimer tiene dos ancestros indígenas, pero que vivieron en el siglo XVII; los demás fueron identificados por la experta como francocanadienses, escoceses e irlandeses.

Michelle Latimer afirmó tener una “conexión legítima” con estos grupos, pero que cometió un error citando a la reserva de Kitigan Zibi sin haber investigado previamente. También que se ha identificado como “algonquina-francocanadiense” por la “historia oral” que escuchó en voz de su abuelo. Asimismo, dijo que ha contratado a un genealogista para encontrar todas las respuestas. “Mi camino para recuperar mi historia sigue evolucionando a medida que aprendo más sobre quién soy y de dónde vengo. En esta etapa, hasta que la investigación se haya completado y verificado, no tengo ninguna razón para dudar de lo que me contó mi abuelo”, escribió en su página de Facebook.

Pocos días después del escándalo, Latimer renunció a la dirección de la segunda temporada de Trickster, serie televisiva difundida por CBC que tiene como eje las aventuras de un joven indígena en Columbia Británica. El 29 de enero, la cadena anunció la cancelación del programa. La Oficina Nacional de Cinematografía de Canadá (NFB por sus siglas en inglés), 90th Parallel Productions y el productor Jesse Wente acordaron retirar Inconvenient Indian, la más reciente obra de Latimer, de la programación activa. Tomaron la decisión tras sostener reuniones con los participantes autóctonos del proyecto y con el grupo asesor indígena de la NFB. “La identidad indígena de Michelle Latimer ha sido puesta en duda. Respetamos la importancia y complejidad de este tema, que tiene sus raíces en las desigualdades e injusticias históricas que sufren las comunidades marginadas, y especialmente las comunidades creativas autóctonas. Por eso creemos que no nos corresponde comentar al respecto”, indica Lily Robert, portavoz de la NFB. Además, la cineasta tuvo que devolver un reconocimiento que le otorgó la Organización del Documental de Canadá por su trayectoria, incluidos 40.000 dólares canadienses en servicios de producción.

La actriz Kawennáhere Devery Jacobs, perteneciente al pueblo mohawk, escribió en Twitter: “Si necesitas un genealogista o una prueba de ADN para decirte que tienes un poco de ‘sangre nativa’, entonces no eres indígena. Esto solo significa que tienes algún ancestro indígena”. Devery Jacobs agregó: “No te da derecho a hablar a nombre de estos grupos y sacar provecho de las oportunidades reservadas para sus artistas. Michelle Latimer ha hecho justamente eso en los últimos veinte años”. El caso de Latimer no es anecdótico en Canadá. Basta recordar los señalamientos hacia los escritores Joseph Boyden y Gwen Benaway por su dudosa identidad autóctona.

La cineasta Tamara Bell, miembro del pueblo haida, anunció en Vancouver el 19 de enero que enviaría una petición a los parlamentarios canadienses; busca que las personas que se identifiquen falsamente como indígenas para obtener becas, premios y otros beneficios reciban una multa o sean condenadas a penas de cárcel. Bell citó como ejemplo un mecanismo estadounidense que sanciona estas conductas desde 1990.

Pese a que el Gobierno de Canadá cuenta con un registro de los miembros de los grupos autóctonos, el acceso a los apoyos creados específicamente para estas comunidades puede darse simplemente con completar unos formularios. La razón es que diversas personas no aparecen en dicho registro. Un caso frecuente ha sido el de algunas mujeres que se casaron con parejas no indígenas y perdieron su estatus, aunque Ottawa lanzó un programa para su reinscripción. “Hay una puerta de entrada para el engaño con los formularios. Además, la normativa sobre la vida privada en las administraciones dificulta hacer verificaciones”, comenta André Dudemaine fundador y director de Terres en Vues, un organismo de Montreal cuyo mandato es la difusión de la creación indígena en distintas disciplinas.

Dudemaine, miembro del pueblo innu, prosigue: “La discusión actual no está centrada en lo esencial: las primeras naciones no son soberanas. El Gobierno federal es el que decide quién es indígena. No tenemos ese derecho. El único mecanismo es el registro”. La iniciativa de Tamara Bell ha generado tenues apoyos, ya que otorgaría a Ottawa la facultad de seguir decidiendo sin tomar en cuenta a otras voces, en un asunto que no solo contempla raíces; también experiencias y reconocimiento comunitario.

A principios de febrero, la Oficina del Audiovisual Indígena y APTN (la cadena televisiva de los pueblos autóctonos) anunciaron la puesta en marcha de una serie de consultas con personal del ramo, líderes indígenas y expertos. El objetivo es crear una política más efectiva de verificación al momento de asignar financiamientos o subvenciones. En un comunicado, estos organismos reconocieron que es un asunto delicado por razones históricas y actuales, pero que también “puede causar un gran daño cuando aquellos con conexiones no confirmadas o controvertidas con su identidad indígena aprovechan espacios, recursos y oportunidades”. Lily Robert indica que la NFB no está participando en este proceso, aunque tiene interés en las conclusiones que surjan.

La organización Imagine Native -especializada en el ramo audiovisual- manifestó que continuará desarrollando políticas que tomen en cuenta a los diversos grupos y experiencias indígenas, pero que estas comunidades deben tener un papel primordial al momento de autorizar el acceso a “oportunidades y recursos destinados para mitigar los impactos del colonialismo canadiense”. André Dudemaine añade: “Es importante abrir la discusión con los grupos. No sólo considerar la genealogía. Sentar una base para discutir. No dejar las cosas en manos federales”.

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