Dennis Lehane: “Somos la cárcel en la que estamos prisioneros”

20 años después de la publicación de ‘Mystic River’, el autor reflexiona sobre los grandes temas de su literatura y cómo creó aquella novela que lo cambió todo para él

Dennis Lehane posa para EL PAÍS en Santa Mónica, California, en 2019.
Dennis Lehane posa para EL PAÍS en Santa Mónica, California, en 2019.APU GOMES

“Los grandes hombres intentan hacer las cosas bien, que es lo único que importa. El verdadero amor es así”, reflexiona el personaje de Annabeth Marcus en las desoladoras páginas finales de Mystic River, una novela publicada hace 20 años y que marcó un punto de inflexión en la carrera de Dennis Lehane y en el devenir del género negro contemporáneo. Annabeth dice esto a su marido Jimmy, un hombre con las manos manchadas de sangre, marcado, como tantos personajes de Lehane, por el peso de la culpa y de un pasado que no termina de irse, decidido a hacer lo que sea por defender a los suyos. “Es uno de los pocos libros que he escrito a los que todavía soporto volver. Salió muy bien, la construcción es sólida, los personajes tienen profundidad. Es lo más parecido a mi voz, puedo escuchar mi propia cadencia cuando lo leo. Y es fiel al mundo en el que crecí, no idealiza, no sentimentaliza”, reflexiona Lehane una tarde de marzo en Nueva Orleans, donde se ha trasladado desde su residencia en Santa Mónica para grabar con Apple una serie para televisión, una labor que ha ido ocupando cada vez más tiempo en el quehacer del autor de Shutter Island.

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Mystic River cuenta la historia de tres hombres —Jimmy Marcus, Sean Devine y Dave Boyle— cuyas vidas dieron un vuelco una aburrida tarde de 1975 cuando se toparon con dos depredadores sexuales. Dave subió al coche de los monstruos, engañado, y pasó cuatro días secuestrado, sometido a las peores vejaciones. Nada volvió a ser lo mismo para ninguno de aquellos niños que 25 años después tratan de sobrevivir a ambos lados de la ley. “Es la destilación de todo lo que pude atrapar acerca del mundo en el que crecí. Capta las alegrías y los horrores, la comedia y el sinsentido de la violencia. Recuerdo haberme dado la misión de desenterrar esos recuerdos solo como fueron, y no como deberían haber sido o como yo querría que fuesen”, rememora Lehane (Boston, 55 años) desde su residencia provisional, rodeado de mansiones de estilo clásico sureño y calles flanqueadas por enormes árboles de los que cuelgan grandes líquenes. Nada parecido a su Boston natal, a esos vecindarios obreros en los que todo el mundo se conocía, parte esencial de su geografía literaria y que ahora han desaparecido. “Prácticamente todos esos barrios están ahora completamente gentrificados y serían irreconocibles para la generación de mis padres”, lamenta Lehane, que ya en Mystic River anticipa un movimiento que luego ha sido imparable.

Kevin Bacon y Sean Penn, en 'Mystic River'.
Kevin Bacon y Sean Penn, en 'Mystic River'.

La novela, que la editorial Salamandra ha reeditado en marzo, multiplicó su fama con la adaptación al cine que en 2003 dirigió Clint Eastwood con guion de Brian Helgeland. Sean Penn como Jimmy y Tim Robbins en el papel de Dave consiguieron el Oscar a mejor actor y mejor actor de reparto, respectivamente. El trío lo completa Kevin Bacon en el papel del detective Sean Devine, que vuelve al barrio para investigar la muerte de la hija de Jimmy. “Consiguieron lo que yo siempre había perseguido: una tragedia clásica. Somos la cárcel en la que estamos prisioneros. Y Clint entendió eso desde el primer momento y me dio su palabra de que no permitiría al estudio ni a nadie más que cambiara mi final: el bueno no gana, el otro bueno muere y el malo (que piensas que es el héroe) se libra; y el ciclo de violencia continúa”, asegura.

Mystic River es lo más parecido a mi voz, puedo escuchar mi propia cadencia cuando lo leo. Y es fiel al mundo en el que crecí, no idealiza, no sentimentaliza

No es Mystic River una excepción en la obra de un autor que trata de escapar siempre de las exigencias del policial y de los finales cerrados y gratificantes y que se considera, además, un “turista del género”. No en vano, frecuentó la pura novela de detectives con la serie protagonizada por la pareja Kenzie y Gennaro, el terror gótico en Shutter Island (2005), el thriller puro en Cuando empieza la caída (2019) y acometió su empresa más ambiciosa con Cualquier otro día (2008), Vivir de noche (2012) y Ese mundo desaparecido (2015), una trilogía que recorre la vida del mafioso Joe Coughlin de la I Guerra Mundial al final de la Segunda. “Estoy seguro de que quería algo épico, lo que no quiere decir que estuviera navegando las aguas de la gran novela americana. Solo un tonto haría eso”, declara para rechazar esa calificación para un conjunto de libros en los que, además, resuenan con fuerza los grandes temas del presente.

Lehane disfruta como guionista. Da dinero y prestigio y, además, le permite trabajar con más gente, algo que dice que le encanta. Él, Michael Connelly o Richard Price han dado el salto a la pantalla en mejores condiciones que William Faulkner, Dashiell Hammett y compañía en el Hollywood clásico. Pero eso no le ha apartado de la literatura. “Estoy trabajando en una novela sobre el racismo y una tragedia familiar en el Boston de los años setenta”, confiesa. “Es un periodo muy vívido para mí porque yo era por entonces un niño fascinado en un momento de gran convulsión social que veía alucinado cómo el viejo mundo explotaba a mi alrededor”. Boston, el pasado que nos cerca y la tragedia que nos destruye. La televisión no ha cambiado tanto al hombre que creó hace 20 años Mystic River.

Sorpresas en la pantalla

Dennis Lehane no quiere hacer una lista de las mejores adaptaciones cinematográficas de sus novelas porque considera que sería “un insulto” para quienes han trabajado en ellas. Pero se puede decir que ha sido afortunado y que está contento con ellas, especialmente con Mystic River y con algunos detalles que pueden sorprender.

“Nunca he contado esto”, confiesa, “pero tenía dudas sobre Laura Linney [como actriz para encarnar a Annabeth, la mujer de Jimmy] porque hasta ese momento, ella había interpretado sobre todo papeles amables. Annabeth es una de mis creaciones más crueles. Pero una vez más Clint me pidió que confiara en él. Y la actuación de Laura clavaba la idea de la mujer que escribí, un tipo de mujer que conocía muy bien, el tipo de persona que es perfectamente capaz de tener compasión pero absolutamente capaz de ser empática. Es mi actuación preferida de la película”.

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Sobre la firma

Juan Carlos Galindo

Es responsable de la sección de Pantallas y, además, escribe sobre libros en Cultura y Babelia y coordina el blog de novela negra Elemental. Lleva en EL PAÍS desde 2008 y antes estuvo en 20 minutos, entre otros medios. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Relaciones Internacionales.

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