Rifaat Atfé: “Nadie quiso un cambio pacífico en Siria”

El hispanista sirio, traductor de autores como Neruda o Lorca, afirma que la literatura latinoamericana ha reflejado unos ambientes muy parecidos a los que vive todavía el mundo árabe

Rifaat Atfe, en su casa, fotografiado por su hija Mada, en mayo de 2021.
Rifaat Atfe, en su casa, fotografiado por su hija Mada, en mayo de 2021.

En la ventana desde la que habla en su casa, en su pueblo natal de Masyaf (Siria), hay flores, plantas de todos los colores, un paisaje que parece una venganza de belleza contra el horror que se escucha y se sufre en su país, que vive desde hace años el tormento de una guerra multilateral. Él es Rifaat Atfé, de 74 años, hispanista, poeta y narrador, traductor de algunos de los autores más célebres de la lengua española, desde Pablo Neruda y Gabriel García Márquez a Federico García Lorca, Ramón María del Valle Inclán o Juan Goytisolo. Ese paisaje que cultiva es cada día motivo de las postales que envía por Whatsapp a sus amigos del mundo, especialmente de España, donde estudió Filología Hispánica. Tiene buen humor, pero en la conversación también exhibe rabia o tristeza. Vivir en Siria es un calvario y a él se le nota.

Pregunta. ¿Cómo se encuentra?

Respuesta. Estamos viviendo los peores momentos que haya vivido Siria. Nadie quiere resolver su problema desde el exterior. Ahora son muchos los ocupantes, por la importante posición geopolítica que mantiene nuestro país. Los americanos, los franceses, los ingleses, algunas fuerzas regionales: todo está ocupado por ellos. Y nadie ha querido un cambio pacífico en Siria. Viajé entre 2013 y 2015, veía fundamentalistas en los distintos aeropuertos: venían a Siria. Todo el mundo ha participado en el conflicto y nadie quiere que haya democracia. Este fue un país que ha sido aceptablemente democrático en 1950 y a principios de los sesenta.

P. ¿Qué huella siente en su corazón en medio de este conflicto?

R. Mucho sufrimiento, porque no puedes hacer nada. Es como dice Max Estrella, el personaje de Valle-Inclán: “Estás llorando de impotencia”. Yo lloro de impotencia porque no puedo hacer nada, no podemos hacer nada. Me reflejo en lo que dice ese personaje. Volví, aquí tenía mi casa, amigos, como los tengo en España, pero aquí estaba mi casa, que he construido con mis manos. Desde aquí suena la guerra de lejos… Desde 2012 apagué la televisión para no saber qué dicen de ella, y nunca la he vuelto a encender porque todo es mentira. Leo EL PAÍS o La Vanguardia o algunos periódicos latinoamericanos. Intento saberlo desde la prensa.

Estados Unidos no ha venido a luchar contra el Daesh, porque el Daesh fue creado por Estados Unidos

P. ¿Y cuál sería la verdad?

R. Todo está manipulado, desgraciadamente. En Siria se necesita un cambio, es verdad, pero un cambio, no una guerra civil con muchas manos exteriores manipulándolo. Estados Unidos no ha venido a luchar contra el Daesh, porque el Daesh fue creado por Estados Unidos. Está ocupando la parte más importante de Siria, donde están la agricultura y el petróleo. Me duele muchísimo que no se haya encontrado aún una fuerza que luche contra esa ocupación, y contra todas las ocupaciones. Todos los jóvenes se han ido, hay millones de emigrantes o de huidos de la guerra de Siria.

P. ¿Ve la guerra desde casa?

R. Afortunadamente estamos bastante lejos de la guerra directa, hasta cierto punto. Cayeron algunos cohetes en los alrededores; siempre están bombardeando, porque nadie les dice nada, nadie puede llamar hijos de puta a los que bombardean, porque saben que nadie estará escuchando.

P. ¿Habría, según usted, alguna solución humana a la tragedia?

R. La solución ya no está en manos de los sirios, desgraciadamente, sino en manos de las fuerzas exteriores. Siria existe, pero dividida, manipulada. Turquía ocupa una provincia y parte de otra, los rusos vinieron llamados por el Gobierno sirio, como hicieron en Libia. Igual que sucede con la ocupación en Palestina, nadie quiere una solución que preserve la dignidad. Queremos solución. Las fuerzas democráticas en el mundo han retrocedido muchísimo y no hay lo que llamaríamos solidaridad entre los pueblos.

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P. ¿Qué le ha dado la literatura, por ejemplo el mundo de García Márquez, que le ayude a interpretar su propio mundo?

R. En García Márquez, por ejemplo, encontré el mundo de Bodas de sangre, de Lorca, en concreto el poema que dice “Muerto se quedó en la calle con un puñal en el pecho…”. En García Márquez he encontrado eso que se llama el destino prescrito, el fatalismo que domina en Bodas de sangre. Él es el resultado de todas las culturas que ha conocido, y yo siento que soy igual. La literatura, y más que nada la latinoamericana, ha reflejado unos ambientes muy parecidos a los que vive todavía el mundo árabe. La influencia de la Iglesia allí, la del Islam entre nosotros, son similares. Lees, por ejemplo, al colombiano Juan Gabriel Vásquez y descubres que está hablando de Siria en un momento determinado cuando escribe de lo que se podría llamar absolutismo.

P. Cualquier libro puede ser en realidad el mundo entero…

R. Exactamente. Entre nosotros apareció en el siglo XI un libro en el que se decía: “No hay libro que no se deba leer. Todo hay que leerlo”. Eso me refleja la confianza que un escritor o un lector tiene en sí mismo, y es muy importante. Cuando se lee el Quijote se ve que ese libro está hablando de nosotros, como en la parte final, cuando habla de la libertad, y así lo leo, como si escribiera para nosotros, los sirios que, como la libertad, también hemos perdido la esperanza.

P. ¿La traducción le ha ayudado a evadirse de la guerra con la que convive?

R. Traduciendo una obra puedes entender más que un lector normal. Eso ha influido mucho en mi personalidad, supongo que debo agradecérselo al destino o a la vida. Me ha permitido conocer otras culturas y a que me conozcan, por ejemplo a los que me leen en español. A veces escribo en español. En estos años de conflicto en Siria he escrito durante cuatro o cinco años lo que he llamado Diario de un sirio que no ha muerto todavía, que se ha publicado en parte en el Diario de Castilla-La Mancha. Es la narración de mi propia vida en la guerra.

P. ¿Se siente en peligro?

R. No. Me ofrecieron irme a España o a América Latina, pero mientras no me encuentre en un peligro serio no saldré de Siria. No sabes cuándo puedes estar en peligro porque el conflicto no ha terminado, las fuerzas siguen armadas, en un lado o en otro. Las fuerzas internacionales no quieren que acabe el conflicto. En Libia no quisieron que hubiera democracia las mismas fuerzas que derribaron a Gadafi. No quieren democracia en la zona.

P. ¿A lo largo del día hay algo que le distraiga de este drama?

R. Leo, escribo, traduzco, me tomo un vino con los amigos de vez en cuando, y así voy soportando la vida, que en realidad no debería ser soportada sino vivida felizmente.

P. ¿Hay un verso, de Lorca por ejemplo, que le levante el ánimo?

R. Me encantan los poetas españoles. Miguel Hernández, por ejemplo. Y me duele su vida. Siento su sufrimiento como si fuera yo sufriendo. La muerte de Lorca me ha dolido muchísimo, y me duele, porque el fascismo es terrible, hay que acabar con la mentalidad fascista y racista en el mundo, y esas son las ideas que crean los conflictos que vivimos por culpa de las grandes potencias. ¿Un verso de Lorca? Habría tantos versos de Lorca, de Hernández, que nos llevarían a ser más felices...

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