Juan Diego Botto: “Los toros no te hacen más español que Alberti”

El actor, que acaba de interpretar a Lorca en el teatro, responde a Vox: “Nunca votaría a los herederos de los que le mataron”

El actor Juan Diego Botto, este martes, en Madrid.
El actor Juan Diego Botto, este martes, en Madrid.Olmo Calvo

Por miedo, el actor Juan Diego Botto se cambió 14 veces de casa junto a su madre y su hermana antes de llegar a España huyendo de la dictadura argentina que había hecho desaparecer a Diego, su padre. La conciencia de ser un exiliado empezó pronto, a los cuatro años, rodeado de niños que se reían de su acento y que los fines de semana iban a ver a unos abuelos que a él le quedaban muy lejos, “a 14.000 kilómetros”. El éxito de Una noche sin luna, donde encarna a otro desaparecido, Federico García Lorca, ha hecho que prolongue la gira teatral casi dos años más en España, Argentina, Chile y México. Con 46 años recién cumplidos está a punto de empezar el rodaje de su primera película como director, un drama sobre las consecuencias de la crisis económica, con Penélope Cruz, Luis Tosar y Adelfa Calvo.

Pregunta. La diputada de Vox Mireia Borrás dijo recientemente en el Congreso que Lorca votaría hoy a su partido “porque amaba a España”. ¿Cree que el poeta apoyaría el programa de Santiago Abascal?

Respuesta. Es verdad que Lorca amaba a España. Firmó un manifiesto apoyando al Frente Popular, esa era su opción política. Nunca votaría a Vox, un partido heredero de aquellos que le asesinaron. Es como decir dentro de 70 años que las víctimas de ETA votarán a un partido heredero de ETA. No se puede reivindicar a la vez a las víctimas y a los verdugos.

P. Y usted, ¿ama a España? Dígame un día que se haya sentido orgulloso de vivir en este país y otro que haya sentido vergüenza.

R. Tengo sentimiento de pertenencia a este lugar que me acogió. Eso no es político, es afectivo. Se expresa en el fervor por el gol de Iniesta, en la melancolía con la que extrañas tu barrio cuando estás fuera, en el afecto con el que de repente te entra un pasodoble que sientes como un himno, un himno vital. Ser patriota tiene que ver con el contenido, no con el continente. Para mí, un patriota es el que se preocupa por la gente que habita un lugar, por que tengan la mejor educación y sanidad posibles, y no por la liturgia de una bandera. No eres más patriota por enarbolar ciertos símbolos. ¿Que te gusten los toros te hace más español que si te gusta la poesía de Alberti? Un motivo de vergüenza es el precio de la luz, que los distintos gobiernos no hayan sido capaces de regularlo. Uno de orgullo, la respuesta ciudadana a un motivo de vergüenza: la guerra de Irak.

P. Usted y su madre [la actriz Cristina Rota] declararon en la macrocausa argentina contra responsables de los vuelos de la muerte, entre ellos los verdugos de su padre. ¿Por qué cree que en España, donde la mayoría de los verdugos han muerto y ha pasado más tiempo, existe una oposición tan fuerte a la memoria histórica?

R. Por el tiempo. En Argentina, 1976-1982 es un periodo suficiente para cometer barbaridades, pero las tropelías están muy frescas y no dio tiempo a que el miedo pasara de una generación a otra. En España la voluntad de exterminio dejó un miedo terrorífico. La dictadura duró 40 años y su relato está vivo en muchos estamentos del Estado. Establecer una cultura de derechos humanos es más difícil en España por eso. El sustrato de nuestra democracia es lo que en Argentina se llama la teoría de los dos demonios: ambos fueron malos. Eso en Argentina está superado. En Alemania nunca se planteó.

El cine español pagó el odio de muchos sectores por el no a la guerra

P. Varios académicos sostienen que los Goya del no a la guerra de Irak hicieron mucho daño a la taquilla. Juan Luis Iborra, que dirigió la gala en varias ocasiones, aseguró que no solo les había enfrentado al PP, sino a espectadores que se sintieron molestos. ¿Le ha perjudicado su ideología y su compromiso político en su carrera artística?

R. Obviamente, el cine pagó el odio y los desplantes de muchos sectores que no le perdonaron que se posicionara en contra de esa guerra. Uno asume que hay productores que pensarán que es mejor contratar a un actor que no se meta en líos en las entrevistas de promoción diciendo según qué cosas y que guste a espectadores de izquierda y derecha, pero yo no puedo quejarme.

P. ¿Ha sufrido alguna vez esa angustia de la espera? ¿Dejó de sonar el teléfono?

R. Eso te acompaña siempre. Y ha habido rachas de un año sin trabajar que piensas que nadie va a llamar nunca más.

P. ¿Qué películas recetaría a los que se jactan de no ver cine español porque dicen que solo habla de la Guerra Civil?

R. El cine español es riquísimo. Tarde para la ira, El orfanato, 27 horas, Los santos inocentes, Tasio, Familia, Volver, 8 apellidos vascos... Eso para empezar.

P. Ha estado seis veces nominado al Goya. El discurso lo tendrá ensayadísimo, ¿no?

R. Sí. Una vez coincidimos en el [bar] Tony II Carlos Bardem, Eduard Fernández y yo después de los Goya. Estábamos nominados, pero no nos lo llevamos ninguno y a las cuatro de la mañana decidimos decir en voz alta el discurso que teníamos preparado.

P. ¿Cómo ha sido la experiencia en Hollywood con El escuadrón suicida?

R. Muy divertida. Nunca había participado en un proyecto de tanto dinero. Cada día de rodaje era como entrar en Disneylandia, un viaje de ilusión y fantasía. El presupuesto de la película es casi las dos terceras partes del conjunto del presupuesto del Ministerio de Cultura de España. Entré en un estudio en el que había una playa y un helicóptero de verdad colgado del techo. Nunca había visto nada así.

P. ¿Rechazó muchas propuestas de Hollywood antes de esta?

R. Algunas. Por lo que más trabajos he perdido ha sido por el teatro, porque cuando hago teatro es sobre algo que he escrito yo, me tiro años con un espectáculo, el compromiso es largo. He dicho que no a una peli de Hollywood por irme a un pueblo de Murcia y otras veces he dicho que no porque no lo veía claro. En este caso era un personaje pequeño pero muy divertido, con James Gunn de director, que me gusta mucho. Casi todas mis escenas eran con Margot Robbie y además iba a coincidir con Idris Elba. Era todo a favor.

P. En octubre empieza su primer rodaje como director, pero lleva siete años con el proyecto. ¿Por qué tanto? ¿Cuánto cuesta levantar una película?

R. Lo que cuesta mi película es lo que se gastan en El escuadrón suicida en zapatos, pero es dinero. Las fuentes de financiación son limitadas y hay ciertos proyectos que cuestan más que otros. Con la llegada de las plataformas se ha generado mucho trabajo y eso está muy bien, pero lo que más está sufriendo es el cine de autor, la película media, que no es ni un thriller ni una comedia. Eso es lo que más cuesta levantar. El guion ha pasado por muchas productoras, televisiones y cadenas que no veían el proyecto. Tuve que llamar a muchas puertas hasta que TVE dijo que sí.

P. ¿A qué director le tiene ganas?

R. Me encantaría trabajar con Fernando León de Aranoa, con Almodóvar, los Dardenne, Farhadi... y he flipado con la última película de Leos Carax.

P. ¿Cuál es la película que ha visto más veces?

R. El Padrino. Cualquiera de las tres. Creo que es lo más cercano a Shakespeare en el cine.

Compañeros de profesión han tenido que acercarse a bancos de alimentos porque se quedaron sin trabajo

P. Era de los que creía que íbamos a salir mejores de la pandemia. ¿Y bien?

R. Pensé que la pandemia iba a poner en el centro el valor de lo público, lo común. Que íbamos a dar importancia a trabajos que siempre habíamos despreciado y que fueron los que nos salvaron: los reponedores, las cajeras, limpiadores... Pensé que se iba a fortalecer el sentimiento de comunidad, que seríamos conscientes de la relevancia de invertir en que el personal sanitario tenga buenos sueldos y condiciones. Pero no ha sido así y no sé por qué. Madrid ha sido un ejemplo de que se puede pasar por encima de eso y ganar. En el debate de lo colectivo frente a lo individual ha vencido lo individual. Pensaba que la pandemia nos enseñaría que si no protegemos al eslabón más débil no protegemos al más fuerte, pero hemos salido todos debilitados. En lo personal, la pandemia no ha sido particularmente traumática porque pude aprender, escribir, afinar el guion de la obra de teatro... pero compañeros de profesión han tenido que acercarse a bancos de alimentos porque se quedaron sin trabajo.

P. Del Barça y argentino. ¿Cómo lleva lo de Messi?

R. He disfrutado mucho de Messi. Nos ha regalado, a los del Barça y a todos, un fútbol maravilloso. No soy del Madrid, pero también estaré eternamente agradecido a Iker Casillas por el fútbol que me regaló. Creo que con Messi había llegado el final de un ciclo. Me emocioné en su rueda de prensa, me dio mucha pena, pero a los tres días le vi entrando por la puerta grande de los lugares comunes con el Paris Saint Germain, eso del “qué ilusión estar aquí”, etc. y pensé: “El negocio es el negocio”. Y las cantidades pornográficas de dinero que se manejan ahora en el fútbol me alejan un poco. Es difícil abstraerse de eso.

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Sobre la firma

Natalia Junquera

Reportera de la sección de España desde 2006. Los jueves publica una columna en Madrid, Kilómetro cero. Durante la semana comenta las redes sociales en Anatomía de Twitter y realiza entrevistas para la serie Conversaciones a la contra. Especialista en memoria histórica, ha escrito dos libros, Valientes y Vidas Robadas (Aguilar).

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