Haze: “Quise ser narco. Me salvaron mis padres y el rap”

Ingresó en prisión por no presentarse a un juicio por robo con intimidación. Al salir, se hizo rapero flamenco. Hoy es profesor de instituto

Sergio López Sanz, 'Haze', rapero flamenco y profesor de instituto.
Sergio López Sanz, 'Haze', rapero flamenco y profesor de instituto.PACO PUENTES

Sergio López Sanz, Haze (el seudónimo que inventó para firmar grafitis), se crio en Los Pajaritos, una de esas barriadas de Sevilla donde los niños veían más jeringuillas que juguetes. Vivió muy deprisa hasta los 20 años, cuando entró en prisión. Sus padres, repartidor de listines telefónicos él, limpiadora de colegios ella, le animaron a explotar su talento musical. El éxito trajo ganas de más, y con 31 años volvió a estudiar. A los 37 se licenció en Filología Hispánica con sobresaliente. A los 41 recibió el premio al mejor expediente del máster en Estudios Americanos de la Universidad de Sevilla. Y ahora, a los 43, ha aprobado las oposiciones a profesor de instituto. Publica El niño que salió del barrio (Espasa).

Pregunta. “Quería ser narco”, dice en el libro. ¿Qué lo impidió?

Respuesta. Me salvó la suerte del éxito en la música con el rap y mis padres, que me educaron en valores y me animaron a estudiar.

P. ¿Cómo recuerda los días de prisión? ¿Aprendió algo?

R. Fue en 1999. Tenía una causa pendiente por robo con intimidación, me confié y no fui al juicio. Me pusieron en busca y captura, y pasé un mes y un día preso. La cárcel me enseñó a tener miedo a ese tipo de vida y a valorar la familia. Vi sufrir a mi madre, a mi hermano... Lloraban al otro lado del cristal por el que nos teníamos que comunicar. Y me di cuenta: no quería eso.

P. ¿Era su primer robo?

R. El primer robo con intimidación y el último. No íbamos armados, pero utilizamos la violencia. Me había ido de casa por una pelea con mis padres. Pensé que podía llevar la vida de algunos amigos que desgraciadamente no tenían lo que yo: una familia unida, una vocación... y me llevé el guantazo de la realidad.

P. El hombre con quien cometió el robo murió de sobredosis. ¿Ha ido a muchos funerales?

R. Sí, murieron muchos chavales que conocía. Mi barrio vivió la masacre de la heroína.

P. ¿Pensó que el siguiente podía ser usted?

R. No, porque ese estado de aprendiz de delincuente me duró poco.

P. “Fui una criatura en la palma de la mano del demonio”, escribe refiriéndose a la cocaína. ¿Cuándo empezó y cuándo decidió dejarlo?

R. Empecé diciendo un día que sí después de muchas veces que no. Tenía curiosidad, y muchos de los que me rodeaban lo hacían. Así entré en ese mundillo. Fue pisar el talego y olvidarme de consumir porque vi que podía ser una causa para volver a la cárcel.

P. Al recuperar la libertad, llegó la música...

R. Sí. Grabé una maqueta, Crónicas del barrio. La vendíamos mis padres, mis amigos y yo por tres euros. Mezclaba rap y flamenco, y funcionó.

P. Ha colaborado en las bandas sonoras de 7 vírgenes y Yo soy la Juani, y grabado temas con José Mercé, Pitingo… ¿Es más rapero o más flamenco? ¿Más de Camarón o de Eminem?

R. Soy muy de Los Chichos y muy de Camarón. Me dedico a rapear, aunque con melodías flamencas. Me habría encantado ser cantaor, pero no tenía facultades. Aun así, me siento más flamenco que rapero, entre otras cosas porque el gremio del hip hop me criticó mucho por fusionarlo. Y mira ahora: Tangana, Rosalía... ¡La mezcla ha dado la vuelta al mundo!

P. Va a enseñar Lengua y Literatura. ¿Quiénes son sus favoritos?

R. Soy un apasionado de Cervantes y El Quijote. Me gusta mucho Bécquer, Quevedo... y del lado hispanoamericano soy fan de Borges, García Márquez y, sobre todo, de Juan Rulfo.

P. En su discurso al recoger el premio del máster reivindicó las posibilidades que da la educación: “Los estudios dignifican”, dijo. También lamentó que solo el 2% de los vecinos de Los Pajaritos acceden a la universidad. ¿Qué hace falta para que sean más?

R. La universidad es un privilegio del que podemos disfrutar casi la sociedad al completo. Cada vez tiene menos valor un título en el sentido de que no te garantiza una carrera laboral estable y aun así las necesidades de la zona en la que me he criado hacen muy difícil que suba el ratio de graduados. Deseo con todas mis fuerzas que cada vez sean más, que la mayoría de noticias que salen del barrio no sean por actos delictivos y que una persona que se ha criado en ese ambiente, que sienta ese ahogo, vea que se puede salir.

P. Hace dos años tuvo a su primer hijo, Sergio. ¿Lo tendrá más fácil que Sergio padre?

R. Va a tener menos necesidades materiales y eso puede ser perjudicial en algún momento si su madre y yo no sabemos gestionarlo. Me preocupa que tenga demasiadas cosas, que no lo valore. Pero pienso en mi pasado y en su futuro, y son muy diferentes.

P. ¿Su pasado será una ventaja o un inconveniente en su nueva vida de profesor?

R. Quiero pensar que para alumnos más conflictivos puede resultar de ayuda haber vivido en un entorno parecido. Entiendo que puede ser inconveniente en otros sentidos; no me gustaría causar recelos.

P. ¿Qué le diría al padre de un alumno al que le preocupe ese pasado?

R. Intentaría explicarle que existen las segundas oportunidades y que, aunque haya estado en prisión, no soy una mala persona.

P. ¿Y qué le diría hoy a esos chavales a los que atracó?

R. Que lo siento muchísimo, que estaba en un mal momento en mi vida y que si necesitan algo, aquí estoy.

Sobre la firma

Natalia Junquera

Reportera de la sección de España desde 2006. Los jueves publica una columna en Madrid, Kilómetro cero. Durante la semana comenta las redes sociales en Anatomía de Twitter y realiza entrevistas para la serie Conversaciones a la contra. Especialista en memoria histórica, ha escrito dos libros, Valientes y Vidas Robadas (Aguilar).

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