J Balvin
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Residente vs J Balvin: pierde el ‘hot dog’, ganan los Grammy

Ninguno de los dos cantantes de reguetón es un rebelde ejemplar contra el poder del establecimiento

Los músicos Residente y J Balvin.
Los músicos Residente y J Balvin.GETTY IMAGES

En la nueva pelea pública entre los músicos J Balvin y Residente ninguno es el Malcom X de la música. Ninguno es el rebelde ejemplar contra el establecimiento, y ninguno de los dos está listo para reconocerlo. Pero si hay algo que se le puede reconocer al reguetonero puertoriqueño es que conoce bien los defectos de su colega colombiano.

Después de que J Balvin llamara a boicotear los Grammy Latinos porque, según él, los premios no valoran el género de la música urbana —aunque él esté nominado—, se volvió viral la respuesta de Residente acusándolo, en pocas palabras, de hipócrita. En los premios se va a celebrar la obra del panameño Rubén Blades, dice Residente, “un tipo que a diferencia de ti escribe sus canciones y las siente. Yo te creería lo del boicot si, no sé, el año pasado cuando te nominaron 13 veces no ibas pa’ los Grammy. Pero ahí tú no pediste boicot”. Pero además de su doble rasero, le dice que su música es muy comercial, como un carrito de hot-dogs y no un restaurante con estrellas Michelin. “El punto es José, que si tú no tienes lápiz, le tienes que bajar 20″, le dice. El colombiano le respondió solo con un “respeto tu opinión”, en Instagram, y una foto de él con un carrito de hot-dogs.

Residente tiene razón. J Balvin es un cantante muy comercial surfeando con mucho dinero la ola de un género que nació inicialmente en barrios populares de América Latina y con ritmos afro-caribeños. Residente lo comparó a un gran ejemplo de los orígenes del género, Tego Calderón, un cantante de Puerto Rico con mucha menos fama que Balvin pero que no solo escribe sus canciones sino que desde el principio no le teme a hablar del racismo, la pobreza o la injusticia. “No todos somos iguales en términos legales/ Y eso está probao’ en los tribunales”, canta Calderón en Loaiza. J Balvin, en cambio, le ha temido a pronunciarse políticamente frente la violencia del Gobierno Colombia durante las protestas de ciudadanos en el 2019 y a mitad de este año, lo que le generó críticas de los cantantes de su país además de miles de oyentes.

J Balvin, además, no solo ha firmado con grandes disqueras sino que hizo negocios para tener una colección de ropa con Guess, una cajita de hamburguesa con McDonalds, uno diseño de tenis con Nike, un concierto con la plataforma de videojuegos Fortnite, o una línea de camisetas y gorros con el artista japonés Takashi Murakami para promover su disco Colores. J Balvin no es solo un cantante, es una marca. Y nada más molesto que una marca que quiere vestirse de rebelde contra el establecimiento.

Pero lo paradójico de lo ocurrido está también en Residente, que en un esfuerzo por criticar a J Balvin, terminó defendiendo a uno de las más grandes instituciones del establecimiento: los Grammy. Los premios son todos los años un escenario en el que más que talento de los artistas los que compiten son los poderes de las disqueras, y en donde los ganadores son escogidos por comités secretos cuya capacidad de evaluar el talento siempre ha estado en cuestión. “Ya no permitiré que mi sello envíe mi música a los Grammy”, dijo el cantante canadiense The Weeknd después de no ser nominado este año. Una rebeldía más atrevida a los Grammy podría ser exactamente eso, decirle a la disquera que no participará más. La paradoja de Residente es decirle a J Balvin que no hay nada más comercial que él pero terminar defendiendo la institución en el que muchas veces lo que se premia es exactamente eso: los carritos de hot-dogs, no solo los restaurantes Michelin.

Residente tampoco está exento de ser un artista comercial aunque ha querido en los últimos años mostrar su lado más como rebelde político que como producto. El cantante que se hizo famoso en América Latina con Atrevete-te y ahora promueve en redes sociales su cerveza propia (llamada ‘Residente’), fue celebrado junto a otros cantantes de la isla cuando se unieron a las protestas contra el corrupto gobernador Ricardo Roselló. Luego Residente apoyó la candidatura de Bernie Sanders o ha mostrado su apoyo a los manifestantes de Chile o Colombia contra sus gobiernos. Si J Balvin teme mandar un tuit político, Residente no duda en expresar sus opiniones en cada ocasión que puede. Pero hay un riesgo fino al estar ahí, intentando mostrarse como el gran rebelde político del reguetón en cada ocasión. Un ejemplo delicado hace más de un año ocurrió cuando Residente hizo una ‘entrevista’ al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, permitiéndole al mandatario decir lo que quisiera sobre el manejo de la pandemia cuando este no le daba una entrevista a un medio de comunicación salvadoreño que le hicieran contrapreguntas. Un rebelde político es valiente pero también tiene que saber evitar terminar siendo un micrófono más para el poder.

A los Grammy, como a otros premios, en realidad llegan todos los que dice Residente: carritos de hot dogs y restaurantes Michelin. Parte de las grandes peleas de los géneros en todo el siglo XX ha sido precisamente decidir quién es un plato digno de premiar: si el tango, si la salsa, si la cumbia, si el reguetón. Ni J Balvin ni Residente parecen tan preocupados por lo popular, como los hot dogs, sino más por el establecimiento, como los restaurantes Michelin.

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Sobre la firma

Camila Osorio

Corresponsal de cultura en EL PAÍS América. Ha trabajado en los diarios La Silla Vacía (Bogotá) y la revista The New Yorker (Nueva York), y ha sido freelancer en Colombia, Sudáfrica y Estados Unidos. Es colombiana y vive en Ciudad de México.

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