UNIVERSOS PARALELOS
Columna
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Alicia en el país del ácido

Los motivos de que ‘White Rabbit’, el himno de Jefferson Airplane, todavía suene fresco y relevante

El grupo Jefferson Airplane, en 1967.
El grupo Jefferson Airplane, en 1967.RCA

Vuelve, siempre vuelve. White Rabbit, el tema clásico de Jefferson Airplane, suena en el tráiler de The Matrix Resurrections, la nueva entrega de la saga protagonizada por Keanu Reeves. Y encaja perfectamente en un universo cyberpunk, hasta por remotas razones históricas: los músicos de Jefferson Airplane se foguearon en un club de San Francisco llamado… The Matrix.

En realidad, White Rabbit se grabó en Los Ángeles el 3 de noviembre de 1966, con uno de los magos de los estudios RCA, Dave Hassinger, responsable de esculpir Satisfaction y otras joyas de los Rolling Stones de aquel momento. Hay que celebrar su labor, tan decisiva como la de los instrumentistas. Había una embarullada versión (técnicamente, la original) de The Great Society, pero la pieza fue depurada por Jefferson Airplane hasta alcanzar su hechura sinuosa, exótica, amenazadora, como una cobra que prepara su ataque.

La letra es tanto advertencia como arenga. Grace Slick va citando las aventuras alucinógenas de Alicia en el país de las maravillas y concluye con el imperativo “¡alimenta tu cabeza!”. En entrevistas, Slick recuerda que su (privilegiada) infancia estuvo repleta de literatura sibilinamente drogota. No solo en los libros de Lewis Carroll: también menciona el campo de amapolas de El mago de Oz o el polvo de hadas que permitía volar a Peter Pan.

Con el tiempo, Slick ha bajado el listón: explica que lo de “alimentar la cabeza” se refería también a leer, cultivarse. Pero en los sesenta, Grace era una proselitista del LSD. Como había estudiado en el mismo colegio que Tricia, la hija de Richard Nixon, fue invitada a una fiesta en la Casa Blanca. Calculó que era la perfecta ocasión para hacer “viajar” al presidente y se llevó unas dosis de ácido. No llegó a tener la oportunidad: se hizo escoltar por Abbie Hoffman, uno de los más estridentes activistas de la época. Daban el cante y no superaron el control de seguridad.

Volvamos a la música. Slick y sus compañeros desarrollaron White Rabbit según el modelo de acumulación instrumental del Bolero de Maurice Ravel, sazonado con la ambientación hispana del Sketches of Spain, de Miles Davis y Gil Evans. Grace tenía un cuelgue serio con cierta visión mítica de Andalucía, que confirmaría cantando versos en un español ortopédico en partes del tema principal de Manhole, su disco en solitario de 1974.

White Rabbit es una pieza polivalente. Ha encontrado acomodo en todo tipo de series, largometrajes, anuncios. Cambia de perfil según la naturaleza del artista que decide interpretarla, desde punkis (The Damned) a jazzmen (Herbie Hancock con George Benson). Hasta parece transformarse cuando simplemente su letra es traducida, como en la recreación de la libanesa Mayssa Karaa para la película American Hustle (2013).

La fortaleza de la interpretación de Grace Slick y sus cómplices explica su durabilidad, a pesar de que pocos grupos cayeron en desgracia tan rápidamente como Jefferson Airplane. Una desgracia relativa: su reconversión en una banda mercenaria, Jefferson Starship, fue recompensada con mayores éxitos que en su primera encarnación. Pero su intrahistoria es un relato de terror, con deserciones, rupturas, divorcios, chantajes, demandas judiciales, heridas supurantes.

No resulta extraño que, finalmente, el grupo emblemático del rock ácido de San Francisco terminara siendo The Grateful Dead, que mantuvieron una coherencia estética y una mayor proyección social, con su propia tribu multitudinaria, los deadheads. Sin embargo, los Dead entonces no generaron éxitos para la radio, mientras que Jefferson Airplane tuvo dos impactos imborrables en 1967, el año del Verano del Amor: este White Rabbit y el orgulloso Somebody to Love. Y las canciones mandan. Las canciones se imponen incluso en el tiempo futuro de Matrix.

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