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Tribuna
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Los Beatles o el derecho a no llevar corbata

La banda nos regaló la posibilidad de llevar una vida apasionada e interesante en medio de la inhumana combustión económica del capitalismo

De derecha a izquierda, John Lennon, George Harrison, Ringo Starr y Paul McCartney en una actuación de los Beatles.
De derecha a izquierda, John Lennon, George Harrison, Ringo Starr y Paul McCartney en una actuación de los Beatles.

No los vimos envejecer juntos. Los Beatles se separaron en 1970. Y John Lennon sufrió un martirio civil, fue asesinado en 1980 por un loco, con lo que el hipotético regreso de la banda se hundía para siempre. La leyenda se blindaba. Y luego Harrison murió en 2001, otra baja más en nuestra ilusión de un regreso que siempre supimos imposible. Lennon quedó iconográficamente embalsamado como un ídolo inalterable. Esa imposibilidad del regreso es importante, porque los Beatles, como Elvis, quedaban sellados como un submarino, por supuesto de color amarillo, eran mármol histórico, eran y son una fuerza emocional que no cesa. Periódicamente inspiran libros, películas o documentales como el recién estrenado The Beatles: Get Back, de Peter Jackson. Las gafas de John Lennon, pequeñas y redondas, acabaron siendo una manera digna y fervorosa de estar en la vida.

El mundo que había surgido de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial dio un fruto maravilloso: la clase media. Y la clase media tuvo hijos, y esos hijos volvieron a confiar en la vida, volvieron a amar la vida. Y el rock and roll inventó una cosa inesperada, y lo hizo en los años sesenta del siglo XX: inventó la juventud. Ser joven era una ideología y una verdad. Los Beatles le dijeron al mundo que la belleza y el poder estaban con los jóvenes y que esa belleza era invencible. Toda la iconografía del pop se ha basado en la erradicación del fatalismo y en la exhibición glamurosa de la utopía del amor. Los Beatles, además, se siguen escuchando, y musicalmente hablando no envejecen. Antes envejecerán el Sol y las galaxias infinitas que los Beatles.

Los Beatles arruinaron para siempre la diferencia entre alta cultura y cultura popular y se convirtieron en filosofía, poesía, literatura, ciencia, política, religión, sociología, erotismo, revolución, capitalismo, comunismo, comedia, drama, tragedia. Lo son todo. Antes de los Beatles el mundo olía a siglo XIX y lo veíamos en blanco y negro, después de ellos el mundo se hizo de color y se convirtió en lo que tenemos delante, aunque algo mermadas a día de hoy la pasión y la confianza en la vida. Había más cosas que trajeron los Beatles, trajeron la alegría de vivir sin límite y sin miedo. Los Beatles nos dieron un bien revolucionario, nos regalaron la posibilidad de llevar una vida apasionada e interesante en medio de la inhumana combustión económica del capitalismo. Los Beatles embellecieron la vida. La publicación de Sgt. Pepper´s y el primer disco de The Velvet Underground, ambos en 1967, elevaron la música popular a un lugar desconocido, a un espacio artístico de carácter universal. Esos dos discos, gemelos en alguna medida, muy distintos pero contundentes los dos, hicieron del rock una expresión artística superior a la literatura, la pintura, y el cine. A partir de esos dos discos la cultura se transformó y se enriqueció y volvió a ser un motivo de acción y no solo de reflexión. Cualquiera que entrara en esos dos discos de 1967 salía convertido en otra persona, en un vitalista acérrimo, con infinitas ganas de vivir. El carácter planetario del rock and roll se metamorfoseó en energía política. Yo creo que el muro de Berlín lo dinamitaron los Beatles y la Velvet Underground, como muchas veces ha recordado Václav Havel.

Imagen del recién estrenado documental 'The Beatles: Get Back', dirigido por Peter Jackson.
Imagen del recién estrenado documental 'The Beatles: Get Back', dirigido por Peter Jackson.efe

Los Beatles confirmaron que la libertad individual era posible, alimentaron la revolución sexual, transformaron la moda y la indumentaria e hicieron del inconformismo una manera de luchar contra el aburrimiento. Se dejaron barba y melena y se vestían con arreglo a una formulación diferente de la vida. Hasta eso les debemos, les debemos podernos vestir como nos dé la gana. Nos dieron el derecho a no llevar corbata. Los Beatles enseñaron al mundo que era más importante decorarse que vestirse, bien que esto lo heredaron de Elvis Presley. Vestir a tu manera se convirtió en una fiesta. La fiesta de la libertad y del sexo dentro del capitalismo era posible. Podías pertenecer a la clase obrera, podías ser un empleado, un camarero, un oficinista, un estudiante pobretón, un explotado, pero si tenías cerca un tocadiscos o una radio donde sonaran los Beatles tu vida se iluminaba, se hacía legendaria, salía de la alienación y se convertía en luz. Esa luz sigue encendida. Por eso los Beatles son la única utopía en la que aún se puede creer. Si los Beatles suenan, la vida tiene sentido y dejan de existir el mal y la miseria, el dolor y la angustia.

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Uno de los grandes poderes de la música popular y del rock es su manera de acompañar a los seres humanos en momentos decisivos de sus vidas. Los Beatles han acompañado a millones. Han estado presentes como música celebratoria cuando la gente hacía y hace el amor. Han estado presentes en juergas, en viajes, en bodas, en guateques, en divorcios, en suicidios, en novelas, en películas. Su música se coló por todas partes. Un derramamiento general de la alegría que lo llenaba todo. El pop y el rock son formas de erotismo contagiosas. Los Beatles eran eróticos, eran libido y seducción, y una reivindicación de las sensaciones por encima de las certezas del pensamiento y de la reflexión. Hoy la revolución sexual se ha ido al carajo. El hippismo está oxidado y es lo más viejuno que uno pueda imaginar, pero lo peor es que nada ha venido a sustituirlo en lo que tenía de ilusión y de irreverencia. Es imposible hacer el amor con un smartphone; con una canción de los Beatles, sí.

Tal vez la mejor herencia de los Beatles haya sido la natalidad. Tenían razón aquellos que satanizaban el rock por considerarlo una invitación al sexo. No quiero ni pensar en los millones de boomers que fueron concebidos con música de los Beatles en cuartos de pensiones, en habitaciones de estudiantes de colegios mayores, en coches baratos con radio y olor a marihuana, en tiendas de campañas junto al mar o junto a un río, en pisos de recién casados con tocadiscos estereofónicos y en noches en hoteles de una noche, como dijo el poeta. Ah, y se me olvidaba lo más importante: siempre les dieron mil vueltas a los Rolling Stones, porque eran infinitamente mejores, por la delicadeza, porque los Beatles fueron delicadeza.

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