Cádiz descifra el rompecabezas de su pasado fenicio

Las investigaciones arqueológicas de las últimas dos décadas recomponen la historia conocida de la primera ciudad, pero aún quedan grandes incógnitas

Dibujo de A. Álvarez Marsal, dirigido por Manuel Bendala, que representa cómo pudo ser el templo de Melqart.
Dibujo de A. Álvarez Marsal, dirigido por Manuel Bendala, que representa cómo pudo ser el templo de Melqart.

Mattan murió asfixiado en un grave incendio que arrasó parte de la ciudad de Gadir, en algún momento entre finales del siglo VII y principios del VI antes de Cristo. El cuerpo de este gadirita de 35 años, sepultado entre los restos de calles y viviendas, es una de las centenares de piezas del rompecabezas del pasado fenicio de Cádiz que los arqueólogos llevan más de un siglo intentando recomponer. Cada hallazgo e hipótesis mueve el apasionante rompecabezas que, en las últimas dos décadas, ha reescrito la historia conocida de una de las colonias más importantes y ricas fundada por los habitantes de Tiro (en el actual Líbano) más allá del Estrecho de Gibraltar, en los confines de su mundo conocido. La nueva propuesta de localización del afamado templo de Melqart en la zona de Sancti Petri (entre San Fernando y Chiclana) podría ser la respuesta a una de esas grandes incógnitas que jalonan un pasado gaditano en constante revisión y recomposición. Los científicos consultados tienen muchas dudas y una sola certeza: en Gadir aún queda mucho margen para grandes sorpresas.

Los restos arqueológicos sitúan el asentamiento de los fenicios en las islas que componían la bahía de Cádiz entre finales del siglo IX y principios del VIII a.C., no tan lejos de la fecha dada por el historiador romano Veleyo Patérculo, que fija la fundación de Gadir en el 1104 a.C., exactamente 80 años después de la caída de Troya. Los orientales no debían ser desconocidos para los autóctonos que vivían en la zona en el final de la Edad de Bronce ya que, como sostiene la arqueóloga Paloma Bueno, los recién llegados “seguían rutas comerciales muy antiguas” conocidas desde hacía muchos años. Por ahora, no hay constancia de que esos primeros habitantes se resistieran, pero sí de que apreciaron lo que esos recién llegados les ofrecían. “Lo fenicio gustó por todo el Mediterráneo porque se asimiló su cerámica, su teñido de telas, sus hornos o tipos de molienda nueva. Fue una revolución tecnológica”, apunta Bueno.

No hay dudas entre los expertos del motivo por el que escogieron la actual Cádiz para una de sus fundaciones más antiguas, junto a Útica y Cartago (en la actual Túnez). El golfo de Cádiz les ofrecía minas de plata y otros metales, recursos pesqueros como el atún rojo y una posición geoestratégica envidiable. “Era un centro logístico. Cádiz tuvo un papel similar al que tuvo Cartago de control del Mediterráneo central”, asegura Ángel Muñoz, arqueólogo y jefe del Departamento de Protección de Patrimonio Histórico de la Junta en Cádiz. Pero lo que no está tan claro es qué punto escogieron para ubicar la ciudad —o ciudades— y sus templos, desde el más conocido de Melqart, a los de Astarté o Baal Hammon que citan las fuentes grecolatinas.

Recreaciones dirigidas por el arqueólogo José Gener de cómo era Cádiz durante el siglo VII antes de Cristo, dividida en dos islas.
Recreaciones dirigidas por el arqueólogo José Gener de cómo era Cádiz durante el siglo VII antes de Cristo, dividida en dos islas.

En el devenir de esa ciudad original durante los más de 500 años que transcurrieron hasta la llegada de los romanos en el siglo I a.C., solo algo se mantuvo inalterable: el templo de Melqart. “Siempre fue lo importante. Fue una referencia para los locales y los foráneos. Es un hito marítimo, económico y un centro de sabiduría”, apunta Antonio Saez, profesor del Departamento de Prehistoria de la Universidad de Sevilla y copartícipe de la nueva hipótesis de la ubicación del santuario de Melqart. Tanto es así que la consagración del monumento a la principal deidad fenicia se produjo poco después de la fundación de Gadir, como legitimación del asentamiento de la ciudad. “A nivel pragmático, la advocación de un dios te protege”, explica Ana María Niveau de Villedary, profesora de Prehistoria de la Universidad de Cádiz especializada en el mundo fenicio.

En el interior del templo se encomendaban los tratos comerciales o se acuñaban las monedas. Su importancia fue tal que trascendió a la propia Gadir y, por obra y gracia del sincretismo, el monumento acabó consagrado como ese lugar dedicado al Hércules romano en el que Julio César lloró amargamente, al darse cuenta de que no había alcanzado las mismas gestas que el conquistador Alejandro Magno.

Pero otra cosa muy diferente es localizar el lugar donde pudo estar el edificio. Unos expertos lo sitúan en el Cerro de los Mártires —como asegura la hipótesis de la Universidad de Córdoba y de Cádiz— o en Sancti Petri —como defiende la Universidad de Sevilla y el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico—. Encontrar su localización sería “el premio Gordo” de todas las incógnitas que plantea Gadir, como asegura el catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, Mariano Torres, debido a la gran cantidad de respuestas que podría dar sobre la vida y política de los gadiritas.

En esos años, la bahía era un archipiélago de islas, de las que sobresalían dos: Kotinoussa y Erytheia, ambas cercanas, pero divididas por un canal natural. Esa división, descubierta a principios de 2020 por el arqueólogo Darío Bernal, fue uno de esos golpes en la mesa que reconfiguraron el panorama conocido de entonces. “Esto está en construcción y deconstrucción constante. Hay que tener honestidad científica de saber cuándo lo que dijiste hace 10 años ya no vale. Es lo que me estimula”, explica Niveau de Villedary.

Una ciudad en el tiempo

Pero las dudas sobre su organización territorial van mucho más allá. Por ahora, hay evidencias de asentamientos fenicios en Doña Blanca (en El Puerto de Santa María, el yacimiento más extenso), varios puntos de Cádiz capital, en San Fernando (en este caso, son hornos de cerámica) y en Chiclana de la Frontera (el hallazgo más reciente que aún está en excavación). Lo que no está tan claro es si todos esos puntos funcionaban como una entidad administrativa única, a modo de ciudad mancomunada que compartía hasta topónimo. Bueno y Muñoz se muestran partidarios de esta posibilidad. “Las fuentes griegas nos hablan en plural de Gadeiras, como un conjunto de ciudades y ocupaciones”, explica la experta, encargada de las excavaciones de Chiclana. Pero Torres tiene sus dudas: “Todos ellos debieron formar parte de la misma entidad política, pero Gadir se aplica a la zona de la actual Cádiz”.

Aunque para Saez, se plantea una duda aún más interesante: “Hablamos de lo que es Gadir, pero ha pasado desapercibido que la ciudad tiene sus altibajos, con épocas de bonanza y de vacas flacas”. La presencia del propio Mattan —nombre dado por sus descubridores—, abandonado en la isla de Erytheia habla de cómo los fenicios reconstruyeron la zona tras un evento catastrófico, pero la acabaron abandonando apenas medio siglo después por un motivo desconocido. Ese cambio, a mediados del siglo VI a.C. coincide con un periodo de conflictos en el Mediterráneo y con una potente reorganización de Gadir. “Quizás entonces alcanzaron independencia, ya desvinculada de Oriente. Quizás pasaron de una organización tipo colonial a ciudades independientes con asambleas que se podrían equiparar a las polis griegas”, apunta Torres.

El islote de Sancti Petri, el caño y la punta del Boquerón, lugar en el que podría estar ubicado el templo de Melqart, según una última hipótesis.
El islote de Sancti Petri, el caño y la punta del Boquerón, lugar en el que podría estar ubicado el templo de Melqart, según una última hipótesis.Juan Carlos Toro

La duda, por ahora, parece difícil de despejar, dada la ausencia de epigrafías que dejaron esos gadiritas y de grandes investigaciones en Tiro o Sidón —también en el Líbano—, por la situación de inestabilidad que sufre la zona en las últimas décadas. Lo que sí está claro es que lo que vino después es el mayor periodo de esplendor de Gadir, atestiguado por la tumba de un sacerdote en la Casa del Obispo de Cádiz, los imponentes sarcófagos antropomorfos —masculino y femenino— que se conservan en el Museo de Cádiz o el acuñamiento de monedas. “Gadir tuvo gran importancia porque se va a convertir en el centro de comercio de las minas de Huelva, las salazones o la ruta del estaño. Era enormemente rica”, explica Torres.

Por cada replanteamiento de lo conocido sobre emporio de la antigüedad, los cimientos de la historia de Gadir se tambalean para dar lugar a una nueva realidad aún en construcción. Pero los arqueólogos no perciben estos cambios como un fracaso. “Hacemos el mejor modelo posible con los datos disponibles. Cuanto mayor es el número de evidencias, menores serán los cambios”, apunta Torres. “Me parece tan apasionante porque estamos creando un nuevo modelo explicativo. Llegó un momento que tuvimos que romper los modelos explicativos del pasado porque ya no valían. Hay que investigar y ser creativos”, tercia con entusiasmo Niveau de Villedary.

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Jesús A. Cañas

Es corresponsal de EL PAÍS en Cádiz desde 2016. Antes trabajó para periódicos del grupo Vocento. Se licenció en Periodismo por la Universidad de Sevilla y es Máster de Arquitectura y Patrimonio Histórico por la US y el IAPH. En 2019, recibió el premio Cádiz de Periodismo por uno de sus trabajos sobre el narcotráfico en el Estrecho de Gibraltar.

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