Lea Vicens, exitosa rejoneadora, emprendedora, bióloga y animalista: “Mi casa es el arca de Noé”

La torera francesa muestra orgullosa sus logros: “Todo lo he conseguido con mi esfuerzo, sin un padre que me compre caballos y una finca”

Lea Vicens, a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas el 8 de junio de 2019.
Lea Vicens, a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas el 8 de junio de 2019.Alfredo Arévalo

A Lea Vicens (Nimes, 1985) le encantan los animales y es una enamorada de los caballos desde que era un mico. Estudió Biología en la universidad francesa de Montpellier. Ya adulta sustituyó los parques naturales por los toros, y hoy es una admirada rejoneadora, pero también una entusiasta emprendedora; y, sobre todo, una mujer hecha a sí misma, una trabajadora incansable.

Eso es, al menos, lo que ella dice de sí misma. Y ofrece una prueba: sus manos tostadas y endurecidas por las labores del campo. Las muestra orgullosa, y comenta sonriente: “¿A que no parecen las de una señorita?”.

Cuenta que a los cuatro años le regalaron un pony, y, desde entonces, ha estado ligada a los caballos. Por sus dotes como caballista fue alguacililla en la plaza de Nimes, donde también ejerció como acomodadora.

“Los toros no eran el centro de mi interés, pero acudir a una corrida en Francia es como acceder a un sector intelectualizado de los adultos, conocer autores, pintores, músicos… Por eso comencé a ir”.

Y un día, mientras buscaba los asientos de unos espectadores, notó que le cambió la vida. “Creo que esa tarde toreaba Paco Ojeda, y vi cómo el público se emocionaba, y a 17.000 personas se les ponía la piel de gallina, y pensé: ‘Qué es esto”.

“Siempre tuve las ideas muy claras, y la que ha marcado mi vida ha sido la de ser torero”

La casualidad quiso que conociera al rejoneador Ángel Peralta en su finca de La Puebla del Río, quien le ofreció un puesto de trabajo como domadora de caballos, que no aceptó porque estaba dedicada a sus estudios universitarios. “Pero a los dos días de obtener mi diploma ya estaba en España”.

Entonces, comenzó una aventura que le ha llevado a tener su propia cuadra de caballos, una finca cerca del Parque de Doñana y a formar parte de la élite del rejoneo español. Y lo ha conseguido sin ser hija de un padre rico, y a pesar de los negros vaticinios de Peralta, quien intentó que abandonara la idea por su dificultad manifiesta.

“Don Ángel me dijo: o tienes mucho dinero o empiezas desde cero domando caballos, y para eso hay que estar muy loca”.

Pregunta. Pero usted tiene toda la pinta de ser una chica bien de la clase media francesa…

Respuesta. Sí, en mi familia son todos profesores y el único bicho raro soy yo. Pero siempre tuve las ideas muy claras, y la que ha marcado mi vida ha sido la de ser torero. Nunca pensé que estaba equivocada, y aquí estoy.

Aceptó el trabajo como domadora de caballos que le ofreció Ángel Peralta, y con el sueldo de peón agrícola y unos ahorros probó a estar loca.

Lea Vicens, acompañada por algunos de sus animales.
Lea Vicens, acompañada por algunos de sus animales.Ramón Azañón

“En 2008 compré un potro llamado Gacela que me costó 6.000 euros, y, poco después a Bético, un animal salvaje, y a los dos los domé yo. Y así, con mucho trabajo, comprando y vendiendo, he conseguido formar mi propia cuadra”.

P. ¿Pero usted cuando decide ser rejoneadora?

R. Aquella tarde en la plaza de Nimes, —ya tenía yo 20 años―, cuando fui testigo de la emoción que podían provocar los toros en el público. Yo quiero ser así, me dije, porque ese es un sentimiento muy bello.

P. ¿Y sus padres?

R. No les dije nada. Solo les comenté que me tomaría un año sabático al finalizar la carrera, y ellos lo aceptaron porque siempre fui una buena estudiante. De hecho, conocieron mi decisión de ser rejoneadora un día antes de mi debut en Olmedo, y no les dio tiempo para acompañarme. Pero están orgullosos de mí.

“Cuando viajé a España”, continua, “me prometí a mí misma que no volvería Nimes si no era para torear; y lo hice cuatro años después para tomar la alternativa en esa plaza, junto a don Ángel Peralta, que fue mi padrino”.

P. Muchas veces le habrán preguntado qué hace una chica como usted en un sitio como este…

R. Sí, y siempre he contestado que para ser torero hay que ser muy especial y pensar diferente. Yo me considero una persona rara. Me gusta la soledad, hago poca vida social, no sé… Pero ese modo de vida me hace ser más fuerte y feliz, muy feliz.

“Un caballo es un herbívoro que yo modelo y convierto en algo bello”

Hace muy pocos años consiguió comprar la finca en la que ahora vive rodeada de animales.

“Mi casa es el arca de Noé. Tengo un zoológico en el que todos los animales viven en libertad: vacas bravas, caballos, perros, gatos, pájaros, gallinas, un cerdo ibérico de 300 kilos, y acabo de comprar un camello, que está rodando una película y aún no ha llegado a mi casa”.

P. ¿Para tanto da el rejoneo?

R. La finca la he comprado con lo que gano como rejoneadora, con la venta de caballos domados y seduciendo mucho a los bancos.

Y algo más: Lea Vicens cuenta que tiene en marcha un proyecto turístico en el que grupos de personas aficionadas al caballo y al toro visitan su casa y conocen su forma de vida; además, compra, doma y vende caballos, elabora aceite de oliva, participó en un programa televisivo de Canal Sur…

“Sí, soy emprendedora”, comenta exultante. “He debido desarrollar una actividad paralela porque, de lo contrario, mi actividad no es sostenible. Y lo he hecho yo sola, sin un padre que me compre caballos y una finca, como le ocurre a la inmensa mayoría de mis compañeros”.

P. ¿No se gana dinero como rejoneadora?

R. Todo es relativo, pero mucho menos que un torero de a pie. En temporada viajamos 14 personas, y los gastos medios fijos son de 3.500 euros por festejo, sin contar los sueldos de la cuadrilla. No es posible salir adelante si no cuentas con actividades paralelas.

Dice que entrena entre diez y catorce horas diarias, y que se considera una escultora que modela una obra de arte.

“Un caballo es un herbívoro que yo modelo y convierto en algo bello. Es una escultura que se va haciendo poco a poco y nunca estará terminada; y yo soy la artista que la fabrica”.

P. ¿Los caballos toreros son inteligentes?

R. No es fácil definir la inteligencia; son instintivos, están mecanizados en el aprendizaje, en unos movimientos que han ensayado miles de veces.

Lea Vicens cumplirá esta temporada nueve años como rejoneadora de alternativa. Confiesa que ha cumplido muchos sueños. Uno de ellos, salir por la Puerta Grande de Las Ventas en junio de 2019, “uno de los días más felices de mi vida”.

“Pero aún me queda ser ‘princesa’ en Sevilla, salir por esa Puerta del Príncipe, que se me resiste, y ante la que siento una presión enorme…”

Este domingo vuelve a Las Ventas, abandonará por unas horas la soledad de su finca e intentará demostrar una vez más que la escultora ha modelado una obra de arte para emocionar a los demás.

Síguenos en Twitter
Toda la cultura que va contigo te espera aquí.
Suscríbete

Babelia

Las novedades literarias analizadas por nuestros mejores críticos en nuestro boletín semanal
RECÍBELO

Regístrate gratis para seguir leyendo

Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS