El niño que vio cómo los adultos descuartizaban a una ballena no olvida

Manuel Vilariño se sirve de una experiencia de la infancia para dedicar su obra a loar al mundo animal. La expone en el Museo de Bellas Artes de A Coruña

Manuel Vilariño, el 6 de julio manipulando una de sus obras en el Museo de Bellas Artes de A Coruña.
Manuel Vilariño, el 6 de julio manipulando una de sus obras en el Museo de Bellas Artes de A Coruña.Manuel Mosquera

Entre los primeros recuerdos infantiles de Manuel Vilariño (A Coruña, 70 años) hay uno que le impactó sobre cualquier otro. Ocurrió en la playa de Caneliñas (Pontevedra), cuando un grupo de hombres descuartizaba una gigantesca ballena. Los asombrados ojos del niño se abrieron como platos al ver que en medio de aquella carnicería se abría paso un ballenato que emergía entre las grasas de la madre muerta. Mientras los cazadores desgarraban y clasificaban el botín, la cría intentaba escapar de la masacre. Vilariño no recuerda que pasó con el ballenato, seguramente murió al no poder ser amamantado, pero nunca se ha desprendido del impacto que le produjo su contemplación. La ballena protagoniza el arranque de la exposición con la que Manuel Vilariño participa en la celebración del centenario del Museo de Bellas Artes de A Coruña. Es una intervención de medio centenar de piezas (imágenes visuales, literatura, poesía y música) que bajo el título After the whale. Un diálogo con el museo se podrá ver hasta finales de noviembre.

En el vestíbulo del edificio en el que cuelga el esqueleto de una ballena prestado por la Sociedad Gallega de Historia Natural, el artista cuenta que la visión infantil de la muerte del cetáceo determinó lo que serían luego sus intereses como artista y como persona: la defensa permanente de los animales y de sus derechos como seres vivos.

Cerca del esqueleto ha instalado una pieza sonora que emite de manera ininterrumpida el canto de una ballena grabado por el artista en un lugar de la costa de Islandia. A la vez se escuchan unos versos de Ezra Pound tomados del famoso poema La tierra baldía de TS Eliot. Poeta a la par que fotógrafo, Vilariño explica que era imposible que esa fusión no se produjera. Junto a sus haikus más recientes, la exposición (que ha comisariado Fernando Castro Flórez) está llena de la presencia y de referencias a autores como José Ángel Valente o Antonio Gamoneda.

Acompañando al esqueleto de la ballena muerta cuelga una de las series más conocidas del artista, la dedicada a los acantilados, titulada Al despertar (2011). Alejado de la vida urbanita de su A Coruña natal desde hace más de 25 años, cuenta que estos paisajes que ha retratado en blanco y negro recogen lugares solitarios por lo inaccesibles para la gente. “Aquí solo mandan el mar, las rocas, la tierra y un cielo que nos habla de una amenaza desconocida”. Manuel Vilariño toma las fotografías de estos paisajes solitarios hacia las 6.00 de la mañana, con luz auroral, cuando la obscuridad del océano está empezando a suavizar. Son zonas pedregosas a las que suele ir acompañado de su amigo Manolo para que le ayude con los equipos fotográficos. El clima es luego el que determina si la foto va a ser posible o tendrán que intentarlo en otro momento. Reconoce que ha pasado algún momento de peligro en costas de países del norte de Europa. Las suyas, las gallegas, parece tenerlas más controladas.

'Al despertar' (2011), de Manuel Vilariño.
'Al despertar' (2011), de Manuel Vilariño.
'Paraíso fragmentado', de Manuel Vilariño.
'Paraíso fragmentado', de Manuel Vilariño.Manuel Mosquera

A la fascinación por los paisajes de acantilados se suman los primeros planos de una fauna en la que el cuervo aparece como el personaje protagonista de un cuento de Edgar Allan Poe. “El cuervo es para mí el animal más inteligente de todos. Comparten con nosotros el gen del canto”. No están aquí los pájaros carboneros o los petirrojos que le han acompañado en otras exposiciones, aunque cuenta que les sigue retratando porque están en el entorno de Bergondo, el pequeño pueblo coruñés en el que vive en pleno bosque.

Una de las salas de exposición del museo.
Una de las salas de exposición del museo.Manuel Mosquera

El premio Nacional de Fotografía en 2007 no es partidario de hacer muchas exposiciones. De hecho, la anterior estuvo vinculada al galardón del Ministerio de Cultura y rotó por diferentes museos durante más de un año. Vinculado a cualquiera de los cuatro galeristas internacionales que representan su obra, ha celebrado algunas pequeñas exposiciones. La que se acaba de inaugurar en A Coruña es una excepción que posiblemente no repita en mucho tiempo. Por eso, el proyecto no se ha limitado a una intervención reducida en la que unas obras sustituyen temporalmente a otras y se acabó. En este caso, tanto el artista como el comisario se plantearon una presencia integral. La directora del museo, Ángeles Pernas, no puso ningún inconveniente al planteamiento artístico.

En aras de ese deseo de hacer suyo el museo, Vilariño ha querido demostrar que la supremacía del arte occidental es un invento interesado. Para ello, en la sala dedicada al barroco español, ante una selección de Inmaculadas, el artista ha colocado un Buda del siglo X, procedente de su colección personal. En una esquina ha colocado una instalación de crines de caballo sujetas con clavijas de violonchelo. Al lado, en una pared se proyecta un vídeo en el que una adolescente africana toca al piano una pieza de Takemitsu inspirada en el compositor francés Olivier Messiaen. “Oriente y Occidente. Asia, África y Europa al mismo nivel. Nada menos”, resume Vilariño.

Serie 'Os Aforcados'.
Serie 'Os Aforcados'.Manuel Mosquera

Sobre ese espacio de convivencia cultural y religiosa pende una de las más famosas obras del artista gallego: Seda de caballo (2007). Es una esfera de 125cm de diámetro, compuesta por madera de cedro y crines de caballo. A Vilariño se le ocurrió durante una celebración de la Rapa das Bestas, una fiesta rural durante la que los ganaderos cortan las crines de los caballos. “Pedí que me guardaran una selección con colores diferentes. Así surgió la idea del poder del animal sobre todo lo demás”.

La sala Cola de Caballo.
La sala Cola de Caballo.Manuel Mosquera
'Reinos combatientes'.
'Reinos combatientes'.Manuel Mosquera

El mundo animal prosigue extendido por el museo en numerosas piezas. Hay un pájaro recostado sobre una piedra, escarabajos o reptiles. Y también un tríptico que representa una figura que podría ser una rata o un hurón. El artista dice que es un autorretrato de la persona en la que él se ha convertido en unos tiempos tan inciertos en los que solo cabe el refugio de la poesía.

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