Molo Cebrián: “Cuando te enamoras te haces los sesgos que hagan falta para ver perfecta a la otra persona”

El presentador de uno de los ‘podcasts’ más escuchados de España, ‘Entiende tu mente’, nos explica todos los esfuerzos que tuvo que hacer para comprender la suya y cómo su primera gran decepción le llevó al proyecto que alivia el alma de miles de oyentes

Molo Cebrián en su casa de Guadalajara con su bajo el pasado 28 de julio.
Molo Cebrián en su casa de Guadalajara con su bajo el pasado 28 de julio.INMA FLORES (EL PAIS)

Manuel “Molo” Cebrián (Valladolid, 44 años) tenía un sueño cuando era niño: presentar su propio programa musical en una emisora nacional. Cuando lo logró, y con buenísimas cifras de audiencia, se dio cuenta de que en realidad nada era como se había imaginado. La crisis existencial que desencadenó aquella decepción le llevó primero al terapeuta (“la primera vez que salí de su consulta sentí que me habían quitado de encima una mochila de cien quilos”) y después a su segundo gran éxito: Entiende tu mente, el podcast más escuchado de Spotify, ganador de un Ondas, en el que mano a mano con el divulgador y psicólogo Luis Muiño y la coach Mónica González ayuda a sus oyentes a interpretar sus “termómetros emocionales”. Él, todavía estudiante de psicología, sabe que su temperatura anda bien si tiene ganas de coger el bajo Epiphone con el que le encanta tocar Under Pressure.

Pregunta. ¿Es usted de los que tienen miedo de aburrir al terapeuta?

Respuesta. Nos pasa mucho a los comunicadores que queremos crear historias completas e interesantes, con planteamiento, nudo y desenlace y, claro, eso no puede ser. Una vez una psicóloga que me hizo una terapia muy confrontativa y dura me dio un toque y me dijo: “Oye esto no es un programa de radio, cuéntame las cosas como son y ya está”. Siento mucha necesidad de agradar, hasta a mi psicóloga.

P. ¿El éxito no le ha vuelto más soberbio?

R. Si no me hubiera llegado pasados los 40 palos pues quizá, pero soy una persona muy tímida y me expongo lo justo. Hasta hacer esta entrevista me está costando. Aún soy estudiante de psicología así que solo opino sobre lo que yo sé a ciencia cierta que funciona que haya sido para mí una gran revelación.

P. Si la gran revelación de Freud es el complejo de Edipo, la suya sería…

R. Abraza tus imperfecciones. Eso es importantísimo. El mundo ahora vive hacia afuera, entregado a mostrar una imagen irreal. Hace treinta años nos comparábamos con los famosos que salían en las cuatro revistas que había o con cuatro compañeros del colegio, del instituto y de la universidad. Ahora hay demasiada necesidad de mostrar un lado exitoso. También te digo que noto que cada vez hay más gente que empieza a presumir de sus imperfecciones y eso me encanta, siempre que no caigan en el victimismo.

P. ¿Cómo hacemos para evitar el victimismo y el “es que yo soy así”?

R. Lo óptimo es asumir de forma genuina nuestras habilidades, que como mucho van a ser dos o tres y aceptar que en el resto de cosas somos mediocres o normales. Lo que pasa es que el cerebro humano no está preparado para eso: hay estudios que demuestran que tendemos a pensar que somos mejores que los demás.

P. O sea que no hay nada más traumático para un ser humano del siglo XXI que aceptar que forma parte de la media…

R. Es muy duro, pero también está demostrado que cuanto más ajustado está tu autoconcepto a tu realidad, mayor es tu autoestima. O sea, si una persona muy aburrida que juega muy bien al tenis se reconoce como buen jugador de tenis pero sabe perfectamente que es un poco muermo, pues ese puntuará más alto en autoestima que el que intenta ser perfecto en todo.

P. Tiene usted otro podcast que se llama Saliendo del círculo, ¿le daba vergüenza llamarlo “Salir de la zona de confort”?

R. Sigo intentando hacer cosas sin pensarlas mucho y luego las define mejor el resto de la gente.

P. ¿Recuerda alguna vez que saliese de su zona de confort a lo bestia?

R. Dejarlo todo e irme a Ecuador. En 2014 ya había conseguido mi sueño de infancia que era tener un programa musical en la radio a nivel nacional pero estaba muy incómodo, me sentía poco cuidado, cada año empeoraban mis condiciones económicas y laborales y justo ahí fue también cuando por primera vez en mi vida acudí a una terapia. La psicóloga me hizo ver que necesitaba un cambio y decidí marcharme con una chica con la que tenía una relación, que era cooperante. Eso fue lanzarme al barranco, porque siempre da mucho miedo abandonar algo que has trabajado mucho para conseguir.

P. ¿Qué pasó cuando volvió de Ecuador?

R. Pues estaba en número rojos y tuve que vender mi casa, pero bueno, como no tenía cargas familiares, pude hacer frente a la situación. Hay mucha gente que está muy puteada en el trabajo y con grandes bajones emocionales, que no lo tienen tan fácil. Como no quería volver a la radio musical, empecé a hacer cuñas publicitarias y también algunos espacios para Radio 5. Por entonces había empezado a estudiar psicología y ahí fue cuando surgió la idea de hacer el podcast.

P. ¿Cree que hay mucha terapia mal digerida?

R. Creo que se ha puesto de moda hablar de psicología y diagnosticar a través de redes sociales y eso no me gusta. Me encanta que la gente exprese sus emociones. Todo lo que sea expresión es contrario a la depresión. Pero cuando cada uno habla de lo suyo, ahí no hay ningún problema. El problema es cuando empezamos a hablar de los demás. Hay influencers que dicen: “Mira, si tienes estas cuatro o cinco cosas, tienes un trastorno de personalidad narcisista”. Eso no es así. Si te pones a mirar en el DSM es verdad que todos los síntomas vinculados con el ego, con sentirse superior, querer tener muchos likes en redes sociales, pues sí, se asocian a una conducta narcisista. Ahora, un narcisismo patológico es otra cosa que solo presenta un pequeñísimo porcentaje de la población y que solo un psiquiatra o un psicólogo clínico pueden diagnosticar.

P. ¿Qué opina de ese otro concepto tan de moda que es “bandera roja”?

R. Es buenísimo tenerlas. Cada persona las suyas. Es bueno que cada uno sea consciente de sus límites e interprete lo que para él es una bandera roja. Pero, como te digo, que sean propias. Para mí hay pocas banderas rojas universales. Es como el concepto de “persona tóxica”. No existen las personas tóxicas sino las relaciones tóxicas. Puede haber una persona muy tóxica para una amiga tuya que tenga una relación genial con otra.

P. ¿Y cómo se reconoce una bandera roja propia?

R. Para esto es muy útil un concepto que aprendí de Luis Muiño, que es el “termómetro emocional”. Cada uno deberíamos tener uno que nos permita tener claro cuando estamos viviendo emociones positivas y cuando estamos viviendo emociones negativas. En general no nos paramos a reconocer nuestras propias emociones y por eso cuando caemos en que llevamos un tiempo inmersos en una etapa de gran tristeza, miramos atrás y nos preguntamos: “¿Cómo me he dejado llevar hasta aquí?”. Lo que propone el “termómetro” del que te hablo es relacionar actividades con emociones. Cuando estoy mal me encierro en casa, no hago deporte, no puedo coger la guitarra. Cuando estoy bien, hago deporte, tengo ganas de leer, me pongo música…

P. ¿Es usted el típico que ignora banderas rojas por amor?

R. Sí, sí. Yo soy muy impulsivo, muy enamoradizo y me he saltado muchas banderas. Cuando te enamoras te haces los sesgos que sean necesarios para ver que esa persona es perfecta. Aunque he aprendido mucho y cada vez me pasa menos.

P. ¿Cuáles son entonces sus puntos débiles y fuertes?

R. Me cuesta mucho mantener la atención porque me aburro fácilmente, pero soy muy buen comunicador [risas].

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Sobre la firma

Raquel Peláez

Licenciada en periodismo por la USC y Master en marketing por el London College of Communication, está especializada en temas de consumo, cultura de masas y antropología urbana. Subdirectora de S Moda, ha sido redactora jefa de la web de Vanity Fair. Comenzó en cabeceras regionales como Diario de León o La Voz de Galicia.

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