Muere Manolo Sanlúcar, maestro de guitarristas y compositor de música flamenca, a los 78 años

Su magisterio ha sido tan grande que ni su retirada hace casi diez años ni su lejanía por enfermedad le habían restado presencia en el flamenco actual

Manolo Sanlúcar, en su concierto en los Teatros del Canal en junio de 2010.
Manolo Sanlúcar, en su concierto en los Teatros del Canal en junio de 2010.Claudio Alvarez

Manuel Muñoz Alcón (Sanlúcar de Barrameda, 1943), Manolo Sanlúcar para el arte, maestro de la guitarra y compositor de música flamenca, ha fallecido hoy en el Hospital Universitario de Jerez a los 78 años, según ha anunciado Radio Jerez, de la Cadena SER. Es un día de luto triste y negro para el mundo del flamenco. Con el maestro de Sanlúcar desaparece uno de los eslabones fundamentales de la evolución de la sonanta de concierto que sucedió en la segunda mitad del siglo pasado. Él, junto a Víctor Monge Serranito y a Paco de Lucía, formó parte de una generación a la que le tocó continuar y ampliar las enseñanzas de maestros como Montoya, Sabicas o Niño Ricardo. Un proyecto ambicioso, que tuvo diferentes orientaciones, pero que, esencialmente, supuso una renovación del lenguaje de la guitarra flamenca.

Su trayectoria tuvo, además, una marcada vocación docente —con discípulos como Rafael Riqueni o Vicente Amigo, entre otros—, que forma parte de una actitud total, de un compromiso ético con el instrumento y una responsabilidad para con la música flamenca, que determinó su carrera guitarrística y compositora, así como su propia vida, según reconocía a EL PAÍS en 2008, con motivo de la XV edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla, que se le dedicó: “Por el flamenco he vivido como un monje”.

En la inauguración de aquella cita, estrenó la emocionante composición La voz del color, inspirada en las pinturas del artista Baldomero Ressendi, la última conocida —aunque inédita discográficamente— de una larga serie de obras regidas por su inquietud de ensanchar los límites armónicos de la guitarra flamenca, un propósito que compartió con sus compañeros de generación: Víctor Monge, Serranito y Paco de Lucía. Cada uno de ellos habría de seguir un camino distinto dentro del mismo objetivo, y Sanlúcar eligió la música clásica, su inspiración y su formato. Producto de esta intención fue el disco Fantasía para guitarra y orquesta (1977) o la obra conceptual …Y regresarte. Homenaje a Miguel Hernández, de un año después. El artista ya había firmado unos años antes la imprescindible trilogía Mundo y formas de la guitarra flamenca, una obra en la que fijó las líneas iniciales de su renovación, partiendo siempre de la ortodoxia, que sigue siendo de culto medio siglo después. Entre su discografía posterior no son pocas las obras que gozan de la misma condición de imprescindibles, especialmente entre los guitarristas y también entre los aficionados, por las que no parece pasar el tiempo y cuya escucha sigue deparando las mismas emociones con el paso de los años.

Manolo Sanlúcar junto a la Orquesta de Córdoba, en julio de 2009.
Manolo Sanlúcar junto a la Orquesta de Córdoba, en julio de 2009.

Ocurre así con una serie de títulos que ocupan un lugar especialísimo y que son los únicos tres que el guitarrista reconocía haber vuelto a escuchar una vez grabadas. El primero, Medea. Obra sinfónica para guitarra y orquesta (1987), composición para la obra del mismo nombre del Ballet Nacional de España, que, estrenada en su día por Manuela Vargas, ha sido rescatada recientemente por la Compañía Antonio Márquez. Su puesta en escena, dentro del XXV Festival de Jerez (2001), supuso una de las últimas, siempre discretas, apariciones públicas que se conocen del maestro. La segunda en esta selección sería la monumental Tauromagia (1988), un fetiche para los aficionados, que también ha sido llevada a la escena dancística por la bailaora Mercedes Ruiz (2018) con la música de otro discípulo del maestro, el jerezano Santiago Lara. Y la tercera, la selecta e indagadora Locura de brisa y trino (2000), un homenaje a Lorca, que, con la voz de Carmen Linares, mantiene toda su tersura y emoción pasados los años. Pero hay muchas más: entre otras, Trebujena (1984), Soleá (1989), Aljibe (1992) o La gallarda, con libreto de Rafael Alberti, que fue estrenada en la Expo’92 de Sevilla con la participación de Montserrat Caballé.

Desde la izquierda, Manolo Sanlúcar, Paco de Lucía y el director Carlos Saura, en un momento del rodaje de 'Sevillanas'.
Desde la izquierda, Manolo Sanlúcar, Paco de Lucía y el director Carlos Saura, en un momento del rodaje de 'Sevillanas'.Santos Cirilo

Manolo Sanlúcar había nacido dentro de una familia de tradición guitarrística. No en vano, su padre, panadero de profesión, hacía en bicicleta el trayecto que une a Sanlúcar con Jerez para recibir las enseñanzas del legendario maestro Javier Molina. Su legado cuajó dentro de sus hijos, entre los que también habrían de destacar Isidro, compositor de grandes éxitos flamencos, además de guitarrista, y José Miguel Évora. Profesionalmente, Sanlúcar debutaría apenas iniciada la adolescencia en la compañía de Pepe Marchena, con Pepe Pinto y la Niña de los Peines como padrinos, y recorrería la carrera de acompañamientos y tablaos de todo artista en esos años, los sesenta. Entre los primeros, los de La Paquera, con la que dejó registros, y Enrique Morente, con el que no. Pero pronto tomaría la vía de la guitarra de concierto como muestra su mencionada trilogía de principios de los setenta.

Memorias de sus vivencias

Retirado de los escenarios desde 2013, el artista nunca abandonó su compromiso con la guitarra y la música flamencas. Empleó años en la elaboración de lo que él reconoce como su gran legado: una gran obra didáctica sobre la sonanta, La guitarra flamenca, Manolo Sanlúcar, que consta de 13 DVD y dos obras literarias, Andalucía, la otra historia y La escuela. Tras mucho tiempo empleado en las grabaciones de esta obra audiovisual, el maestro ha vivido sus últimos años trabajando con toda la ilusión que su salud le ha permitido para que saliera a la luz. Tras su desaparición, queda pendiente la perseguida publicación que, por su carácter y monumentalidad, haría preciso un esfuerzo colectivo e institucional. Mientras ello ocurra, no se puede olvidar su libro de memorias, El alma compartida, el mejor título para la narración personal de sus vivencias, que comparte con las mismas hechuras con las que ha caminado por la vida: de forma sincera y sin tapujos, con jondura, sobriedad y a pecho descubierto.

El trabajo del maestro ha seguido, como se ve, muy presente en la escena flamenca y muy vivo entre los aficionados. Ni su retirada profesional ni su alejamiento por problemas de salud han impedido que haya permanecido en las manifestaciones flamencas de los últimos años. Dentro del festival Flamenco On Fire, que se está celebrando estos días en Pamplona, se le recordó explícitamente con la proyección del documental El legado, dedicado a su figura y obra del realizador Juanma Suárez. En la misma jornada, un discípulo principal como es Rafael Riqueni interpretó en el recinto del Palacio de Espeleta la bellísima Soleá de los Llanos, que le había dedicado en su última grabación. Queremos pensar que la estela de esa música y su vivo recuerdo de seguro habrán acompañado al maestro para aligerar sus últimas horas.

Hijo Predilecto de Sanlúcar y de la Provincia de Cádiz, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y Premio Pastora Pavón, entre otros reconocimientos, el Ayuntamiento de su ciudad natal se ha apresurado a emitir un comunicado de pesar decretando tres días de luto oficial desde este domingo. El regidor municipal, Víctor Mora, ha manifestado su inmenso pesar por la pérdida “del mayor embajador que ha tenido Sanlúcar”.

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