Daniel López Valle: “Nos da miedo pensar en el poder que tiene el azar en nuestras vidas”

El periodista y escritor ha publicado ‘H.EX.’, un compendio de extraordinarios personajes que, a veces sin querer, hicieron historia

Daniel López Valle, el 11 de noviembre en Madrid.
Daniel López Valle, el 11 de noviembre en Madrid.INMA FLORES (EL PAIS)

Sorprende encontrarse en las primeras líneas de su biografía que Daniel López Valle (Elche, 40 años) es un tusitala, palabra que los samoanos aplicaron a Robert Louis Stevenson, o sea, un contador de historias. “Siempre he sido muy pesado”, reconoce. “En las conversaciones de bar, si no hablo yo, me aburro. Poco a poco me di cuenta de que estas historias que cuento en el libro interesaban y divertían a un tipo de persona que en principio no tenía por qué estar interesada por estas cosas”, explica el autor. El libro al que se refiere es H.EX. (Blackie Books), un compendio de historias extraordinarias en la que este exconcursante de Saber y ganar despliega un entusiasmo contagioso por personajes y anécdotas a veces desconocidos, a veces olvidados, hasta completar un ameno relato en el que salta de los campos de batalla a las alcobas para enseñarnos que la historia no siempre es tan épica y tan lógica como nos han enseñado. Hoy cuando se le habla de que hay quien denuncia intentos de reescribir la historia, se pone “muy nervioso”.

Pregunta. Decía supuestamente Mariano José de Larra que escribir en España era llorar. En su caso, ¿escribir ha sido concursar?

Respuesta. También. Para mí, participar en Saber y ganar fue como ser parte de un monumento nacional. Estás ahí con la sensación de formar parte de algo grande. Compites contra ti mismo, te pones a prueba. Y, además, es tremenda la repercusión que tiene. Después del primer programa en el que salí ya me pararon en el metro.

P. En las páginas del libro hay sangre, sudor y lágrimas. ¿Las ha habido también en el proceso de escritura?

R. A mí estas historias no me pertenecen, me he sentido como un médium escribiendo el libro. Julio César no es un personaje que haya inventado yo, mi intención era escribir su historia de manera que el lector tuviese la sensación de que se lo estaba contando oralmente.

P. Uno de los personajes que salta de una historia a otra es la casualidad. ¿Por qué siempre intentan contarnos la historia como una concatenación lógica de acontecimientos?

R. Yo creo que nos da miedo pensar en el poder que tiene el azar en nuestras vidas y más aún en el desarrollo de los acontecimientos históricos. Nos asusta un poco pensar que hemos llegado hasta aquí, pero igualmente podríamos haber llegado a cualquier otro sitio. Nos vemos a nosotros mismos como inevitables y pensamos que lo que ha sucedido hasta ahora es lo que tenía que suceder para llegar adonde estamos. La historia se compone de hechos protagonizados por personas, muchas veces creemos que esas personas son completamente distintas a nosotros, pero no dejan de ser gente haciendo cosas de gente.

Daniel López, en un hotel de Madrid el 11 de noviembre.
Daniel López, en un hotel de Madrid el 11 de noviembre. INMA FLORES (EL PAIS)

P. ¿Por qué en los colegios no se enseña la historia de esta manera?

R. No tengo ni idea y la verdad es que mi obsesión con una de los episodios que cuento en el libro, el de la faraona egipcia Hatsepsut, nació en el instituto, en una clase de Historia del Arte en la que nos estaban explicando su templo, que es una maravilla simétrica. El profesor nos dijo que Hatsepsut reinó como faraón durante 20 años, y que se hacía retratar incluso con barba. Y lo dejó ahí. Yo recuerdo preguntarle si era normal que una mujer reinase como faraona. “No, fue la única”, me dijo. Entonces, ¿cómo es que me lo cuentas así? Es la historia de alguien que hizo algo extraordinario. Si el profesor hubiera empezado por ahí, muy probablemente las caras de aburrimiento que había a mi alrededor no se hubieran dado. Habríamos conectado mucho más con ello. Por eso he intentado contar la historia de una forma que pase a ser parte de tu vida y de tu entorno. Vivas donde vivas, ahí ha pasado algo. Cualquier sitio tiene rastros que te hablan del paso de mucha gente. Habitar el mundo de este modo me parece mucho mejor que vivir completamente ciego a la historia que te rodea.

Vivas donde vivas, ahí ha pasado algo. Cualquier sitio tiene rastros que te hablan del paso de mucha gente

P. ¿Cuánta gente se habrá muerto sin saber que ha participado en cambiar la historia?

R. Muchísima, y me hace mucha gracia toda esa gente que hace historia, pero no precisamente la clase de historia que cree estar haciendo. Cuando Napoleón invade Rusia con más de medio millón de soldados, él sabe que está haciendo historia pero, claro, va a volver de allí totalmente derrotado. La historia está llena de gente que hace historia sin saberlo y de gente que sabe que está haciendo historia, pero no sabe cómo va a terminar.

P. En estos tiempos en los que el término héroe está tan devaluado, ¿qué es un héroe para usted?

R. Hemos llegado a un punto, comprensible y positivo, en el que la valentía heroica de antes, que implicaba arriesgar el físico, es algo que ya no vemos de la misma manera, estamos vacunados contra la romantización de estas cosas, porque después, por ejemplo de la II Guerra Mundial, sabemos a dónde nos pueden llevar. Pero sí creo que hay historias que merecen la pena ser contadas porque sus protagonistas lo hicieron por toda la humanidad o por la poca gente que les rodeaba. Creo que esos pequeños o grandes gestos de valentía heroica, por muy cínicos o resabiados que estemos, merecen ser contados. En este sentido, mi única preocupación al escribir el libro era hacerles justicia, no abaratar lo que hicieron, sino hacerles justicia.

P. ¿Ha intentado hacer también justicia con las mujeres olvidadas por la historia?

R. No intentaba responder a ninguna serie de cuotas, pero sí, precisamente por el hecho de que las mujeres han estado siempre maltratadas y marginadas por la historia, hay muchas de estas vidas que son desconocidas y que nos pueden hablar de cosas que hoy resultan más interesantes. La historia de Hatsepsut, por ejemplo, es la historia de una faraona, pero también la historia de muchas mujeres poderosas a las que les han intentado hacer la vida imposible hasta incluso después de su muerte. No es solo el hecho de los problemas que tuvo en vida, sino que a su muerte intentaron borrar su nombre de todas partes. En la Antigüedad clásica las fuentes casi nunca mencionan a las mujeres si no es en función de la relación que tuvieran con un hombre, ya sea su padre, su marido, su hermano…

La madre de Stalin quería que su hijo viviese bien y trabajase poco, que fuese cura

P. O como madres, algunas historias del libro se dedican a ellas.

R. Claro. A la madre de Josef Stalin, por ejemplo, que es interesantísima. Es un personaje tremendo, con un marido que era un hijo de puta y ella, para la Georgia de principios del siglo XX, debía ser una mujer bastante libre. Solo quería que su hijo viviese bien y que trabajase poco, que fuese cura, un trabajo fijo, lo que quieren todas las madres. Y, cuando después de la clandestinidad, Stalin reaparece como uno de los gobernantes del primer país socialista de la historia, tampoco le impresiona demasiado porque piensa: “Vale, has llegado a ser como el zar, pero vivir bien, no vives bien, y eso es lo único que yo he querido para ti”.

Queipo de Llano ganó la guerra, sacarlo de La Macarena no significa que de repente la vaya a perder

P. Hay quien, tras la exhumación de Queipo de Llano en La Macarena (Sevilla), ha dicho aquello de “están intentando reescribir la historia”. ¿H.EX. no es una prueba de que la historia nunca se acaba de escribir del todo?

R. Me pongo muy nervioso cuando escucho frases de estas porque no sé lo que quieren decir, la frase en sí no significa nada. Este tío ganó la guerra, por supuesto que ganó la guerra, sacarlo de ahí no significa que de repente esa guerra la vaya a perder. Es algo tan sencillo como no rendir homenaje a un hijo de puta. Y ya está. Por supuesto que ganó la guerra, por desgracia, pero ¿reescribir la historia? ¿Qué quiere decir eso? A veces las cosas son muy simples. Si ese tío estaba en una basílica, no es nada aventurado decir que se le estaba rindiendo homenaje. Sacarlo de allí es dejar de hacerlo. Y ya está. Los hechos fundamentales no cambian, lo que cambia y está bien que lo haga, es cómo vemos y afrontamos esos hechos fundamentales.

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Sobre la firma

Aitor Marín

Es redactor de EL PAÍS. Antes ejerció cargos de diversa responsabilidad en Man, Interviú, Maxim y Quo, entre otras publicaciones. Se licenció en Periodismo por la Universidad de Navarra. Escribe a veces de cómics porque le hubiera gustado dibujar. Además, es autor de la novela Conspiración Vermú (Suma de Letras).

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