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Coordinado por Juan Carlos Galindo

La batalla de Libertad, una heroína de novela para una distopía policial

Leandro Pérez retrata en ‘La última noche de Libertad Guerra’ una sociedad en la que el 23-F ha triunfado. Una novela arriesgada y original con claves de ‘thriller’

Leandro Pérez, retratado por Jeosm.
Leandro Pérez, retratado por Jeosm.

Leandro Pérez (Burgos, 50 años) debutó en la ficción en 2014 con Las cuatro torres. Los aficionados a la novela negra nos encontramos en aquellas páginas con Juan Torca, un tipo al que todavía esperamos de vuelta tras La sirena de Gibraltar (2017, en Planeta como todas las obras del autor). Periodista y escritor, Pérez tenía, sin embargo, planes distintos y tras Kolia (2019, una novela sobre el baloncesto, la vida y hacerse mayor) llega La última noche de Libertad Guerra, un atrevido y original relato que pasa por la distopía, la crónica sentimental de una generación, la historia de amor casi fou y la narración política. ¿Qué hace en este blog entonces? Porque la novela es también un policial inquietante, con un fascista torturador llamado Bogart, personaje de pesadilla, y una trama tejida con misterios y violencia.

Les resumo rápido: Libertad Guerra es una periodista que trata de sobrevivir en Madrid en 1981, una ciudad y un país distintos a los que conocimos, porque el punto de partida nos ofrece una alternativa: ¿qué hubiera pasado si el 23-F no hubiera fracasado? En un contexto marcado por el desconcierto y la represión, Libertad se enamora de Imanol, pero él desaparece y todo da una inesperada vuelta.

La conversación tuvo lugar por WhatsApp durante varios días de la semana pasada. El formato permite respuestas reposadas y encontrarse un autor distinto en cada una.

Pregunta. Ahora que tanto se usan las etiquetas, ha escrito una novela un poco difícil de clasificar. Tiene algo de novela política, de historia de amor, de novela negra, como bien decía, es una novela especulativa que puede parecer distópica... ¿Cómo y por qué se decide por una historia similar?

Respuesta. Por Libertad, con mayúscula. Es decir, por Libertad Guerra; ella es quien provoca que deje en el banquillo a Juan Torca, un libro más, y quien me lleva a escribir una novela desgenerada aunque más negra que las anteriores, creo yo. La imagino oprimida, en problemas, y al mismo tiempo en los años ochenta, y caigo en que el Madrid donde ella se mueve no es real, forma parte de una España alternativa, que cambia cuando triunfa el 23-F. Y con ella escribo y escribo y cuento su historia, y la de Imanol.

Una conversación de este estilo tiene sus peculiaridades. En un momento dado, Leandro Pérez avisa: “(No te asustes si me ves todo el rato en línea, tengo la pestaña abierta y ando zendeando y también wasapeando con mi mujer, el día a día de un padre que curra y va al cole con su peque.)”

P: Es un libro de más de 400 páginas en el que no dejan de pasar cosas. Dice que a raíz del personaje escribe, escribe y escribe pero, ¿qué planes había? ¿Qué estructura definida, toda vez que hay elementos de género negro que no pueden ser casuales?

R: Escribo en este caso a partir de dos imágenes. La inicial, Libertad e Imanol saliendo de Rock-Ola esquivando porrazos, y un fin apenas vislumbrado, la última noche de Libertad Guerra. Escribí el título de la novela antes que la primera frase. Mi plan era dejarme llevar por Libertad, por su voz, por sus pasos, y contar su vida. Y los elementos negros, como el triunfo del 23-F, o como Bogart, un personaje inspirado en policías como Billy el Niño o Sandokán, llegaron después.

P: Es interesante que hable de Bogart, uno de los ejes centrales del libro, no tanto por su presencia, bastante asquerosa y chulesca, como por esos momentos en los que no está pero en los que lo condiciona todo: la acción, las decisiones y la vida de los personajes. Es un elemento de pura novela negra, un malo de categoría…

R: Ojalá pudiera decir algo bueno de Bogart. Mejor le cedo a él la palabra. Él diría que es un profesional, un policía que cumple a rajatabla las órdenes de sus superiores, que no disfruta torturando a la gente. Por desgracia en España, como en cualquier otro lugar donde no se respeta la dignidad de los presos, hemos padecido a profesionales como él, que incluso han sido condecorados.

P: Hay dos vías por las que la novela podría haber transitado con más intensidad y me gustaría saber si le tentaron. Por un lado, el asunto distópico, recrearse en la sociedad después del triunfo del golpe de Estado. Es verdad que se ve, pero no describe todo el sistema social, económico y político como si de una novela distópica se tratara. El otro es el político. Por ahí pululan fachas y etarras y otra gente, pero, siendo esenciales, no deja que se coman lo demás. ¿Estuvo tentado de hacer otro tipo de novela? ¿Hay alguno de todos esos factores que le pedían más cancha?

R: Respondo, ya estoy en el despacho. [Antes había avisado: “Muy buena pregunta. Ando de un lado para otro, en cuanto me siente la respondo”]. Me tentó describir esa España alternativa mediante una novela total, a lo Vargas Llosa, siguiendo los pasos de La guerra del fin del mundo, o la estela de Guerra y paz, de Tolstoi, al que cito al comenzar la novela. Pero la guerra de Libertad es otra, es más pequeña, más personal, es una mujer normal, una mujer que se enamora en una situación que cualquiera de nosotros podemos imaginar, y me pareció que las escenas que relato en sitios como Madrid, Burgos, Lerma o Barakaldo ya eran suficientemente reveladoras para mostrar esa España opresiva y terrible. Por otro lado, al optar por dar voz a Libertad a través de su diario, descarté describir la represión de una manera más amplia.

La literatura histórica y la de ciencia ficción muestran también nuestro presente. Siempre. Mi novela transcurre en el 81, pero puedo imaginar una historia como la suya hoy mismo

P: El pasado visto como una dimensión del presente…

R: Vamos a ponernos estupendos citando a T.S. Eliot y estos versos de Cuatro Cuartetos:

“El tiempo pasado y el tiempo futuro,

Lo que pudo haber sido y lo que ha sido

Tienden a un solo fin, presente siempre.”

La literatura histórica y la de ciencia ficción muestran también nuestro presente. Siempre. Mi novela transcurre en el 81, pero puedo imaginar una historia como la suya hoy mismo. Puedo imaginar que Libertad Guerra hoy tiene 62 años, en una España alternativa que vive una dictadura, pero también que ahora, hoy, Libertad como en la novela tiene 21 años, y que su Imanol desaparece en un furgón en Moscú, por ejemplo.

P: Es inevitable preguntar por la banda sonora, porque esta es una novela que viene con música, en el texto, en la mente de los personajes y al final del libro, con el código QR para ver la playlist. ¿Cuánto de todo esto es parte de su propia biografía sentimental?

R: Mucho. De Sabina a Loquillo, pasando por el Love Me Tender, de Elvis (que para mí suena con Nicolas Cage y Laura Dern en Corazón salvaje), sin olvidar a Burning, Leonard Cohen o Kortatu. Y luego hay canciones más suyas que mías, Libertad es más rockera que yo, y además cuenta que en su casa escuchaba a Cecilia o Mari Trini.

P: Me sorprende esa referencia a Cecilia…

R: Sé cómo se las gastan los policías en esta España nuestra, en esta querida España, como canta Cecilia, ciega y de piel amarga, escribe Libertad.

P: ¿Volverá Juan Torca?

R: Ojalá. Cuando vuelva de Ucrania (anda en la frontera con Polonia) se lo pregunto.

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Sobre la firma

Juan Carlos Galindo

Es responsable de la sección de Pantallas y, además, escribe sobre libros en Cultura y Babelia y coordina el blog de novela negra Elemental. Lleva en EL PAÍS desde 2008 y antes estuvo en 20 minutos, entre otros medios. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Relaciones Internacionales.

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