La versión original siempre es la buena

El Barça recupera su mejor fútbol y barre al Panathinaikos tras comenzar con un gol en contra

A pedir de boca. Hasta el marcador fue respetuoso con la mejor liturgia del Barcelona, y hoy luce el 5 en la casilla del equipo azulgrana, el número de la felicidad culé, después de una excelente jornada. Pasó el susto del Hércules y la afición respira aliviada porque ayer se reencontró con su mejor Barcelona. Anoche regresó la versión original del Barça. A Messi no se le ha olvidado regatear ni marcar: metió dos goles, falló un penalti y remató tres veces a los palos. A Xavi le volvió a salir la pelopina y giró una y otra vez sobre su figura diminuta para habilitar a Messi, a Villa, a Pedro. Hay luz de nuevo en la cara de Iniesta. Nunca hubo dudas sobre Pedro y menos respecto de Busquets. No faltó nadie a una cita presentada como la prueba del algodón por más que el rival no sea precisamente un cabeza de serie.

BARCELONA 5 - PANATHINAIKOS 1

Barcelona: Valdés; Alves, Piqué (Gabi Milito, min.75), Puyol, Abidal, Sergio Busquets, Xavi (Mascherano, min.77), Iniesta, Pedro, Messi y Villa (Bojan, min.69).

Panathinaikos: Tzorvas; Marinos, Kanté, Boumsong, Vyntra, Gilberto Silva, Simao, Govou (Luis García, min.70), Katsouranis (Karagounis, min.64), Leto (Ninis, min.80) y Cissé.

Goles: 1-0: Govou, min.20. 1-1: Messi, min.22. 2-1: Villa, min.33. 3-1: Messi, min.45. 4-1: Pedro, min.78. 5-1: Alves, min.93.

Árbitro: Nicola Rizzoli (ITA), Mostró cartulina amarilla a Karagounis (min.84).

69.738 espectadores en el Camp Nou.

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A quienes les agrada el fútbol les gustará saber que todavía vale la pena regresar al estadio o poner la tele porque el equipo de Guardiola continúa funcionando, al completo sigue siendo muy sabrososo futbolísticamente. Al fin y al cabo, el Barça es un libro abierto, un grupo académico, sin trampa, siempre tan honesto, normalmente reconocible. A veces surgen interrogantes, cada vez que se toca una pieza se teme que afecte a la mecánica de juego, y hay un cierto miedo a que algún día el piano no suene igual de bien. El partido de ayer no sirvió precisamente para afinar los pronósticos sobre lo que le aguarda hasta junio. Tampoco era el trato sino que era cuestión de conocer hasta que punto la derrota del sábado fue un accidente o era el síntoma de una enfermedad.

Pasado el chequeo, la hinchada renovó la fe porque su equipo fue el de siempre, quizá un poco mejor incluso, el de los últimos años, dispuesto a batirse, a perder poco y a ganar, casi siempre, a disfrutar del juego en cada partido. Escarmentado por el fiasco contra el Hércules, el Barça se corrigió desde la alineación, no porque fuera la buena, cosa que sólo se sabe cuando ha acabado el partido, sino porque Guardiola cantó la misma que habría firmado el aficionado más ortodoxo del Camp Nou. Jugaban los buenos, como se comenta en el argot, los futbolistas más creativos y reconocibles, también los más carismáticos, y además cada uno estaba en su sitio natural. Si se trataba de recuperar sensaciones, se imponía juntar al equipo presuntamente titular, dejar las rotaciones para otra jornada, jugar como si fuera la final y no el inicio de la Copa de Europa.

Asegurada la carga futbolística, la mecha del juego prendió muy pronto para desdicha de Tzorvas. No habían pasado cinco minutos y los azulgrana ya contaban un par de ocasiones de gol, dos acciones tan bien elaboradas como mal acabadas. Aunque las finales digan lo contrario, Messi nunca fue un buen cabeceador y Xavi tampoco es un rematador. Excelente en la combinación, muy preciso en las triangulaciones, siempre bien asociado y solidario, el Barcelona no conseguía afinar el punto de mira. El buen tacto con la pelota contrastaba con la falta de pegada. No quedaba más remedio que perseverar en el ataque, no sólo porque respondía a la idiosincrasia y espíritu del once barcelonista, sino porque era la mejor manera de abatir a un equipo de la talla del Panathinaikos.

El griego es un equipo fuerte físicamente, poderoso en la estrategia, un mal enemigo en el cuerpo a cuerpo, así que a los azulgrana les convenía jugar rápido, a ser posible la pelota tenía que silbar, un fútbol que precisa de mucha finura y concentración. Y, ciertamente, el Panathinaikos llegaba siempre un segundo tarde al balón, cedía un metro de más, imposible replicar el ritmo de un plantel barcelonista que sólo se cegaba al llegar a portería. El equipo de Nioplias tardó justamente veinte minutos en atravesar la divisoria y, de forma sorprendente, le alcanzó para marcar un gol. Cissé maniobró estupendamente como centrocampista y profundizó para la carrera de Govou, más rápido que Abidal y muy certero ante Valdés.

El barcelonismo se quedó helado en una noche caliente. La respuesta del equipo, en cambio, fue tan instantánea como contundente, y también novedosa, sobre todo porque el remonte no es su especialidad ni tampoco tiene por costumbre aprovechar los córners. Ayer Villa remató a la red un saque de esquina peinado por Busquets después que Messi se perfilara para rematar una asistencia de Xavi. Reflejada finalmente la jerarquía en el marcador, el Barcelona recuperó la partitura y se puso a tocar sin parar, con el ritual de los mejores días, siempre reconocible musicalmente. Los centrales se abren con el balón, los laterales remontan hasta la cancha ajena, los extremos abren el campo, los volantes tiran la línea de pase y Messi se ata las botas.

El tercer gol fue una preciosidad, un compendio de las virtudes del equipo, una obra de arte por la sincronía y armonía con la que mezclaron Pedro, Xavi y Messi en un espacio muy reducido y a la velocidad de la luz. Jugaron Pedro y Xavi por dos veces a un toque y a las dos paredes respondió Messi con un control y un pase y un control y el remate a gol. Una jugada de billar que se repitió de vez en cuando hasta que acabó el partido. El problema es que Messi se recreó tanto en la suerte que hasta falló un penalti. Quiso tirar sin tomar distancia, como si fuera la cosa más fácil del mundo, no le dio mayor importancia y el portero le adivinó la intención.

Messi se inventó hasta un remate desde la línea de fondo que dio en el palo. Fue el anuncio de la goleada que merecía el monólogo barcelonista. Ni siquiera la rueda de cambios interrumpió el ataque y gol del Barça, y a favor de obra los que el día del Hércules acabaron como futbolistas sospechosos resultaron ayer unos jugadores muy estimables. Todo en orden en el Camp Nou. Volvió la cordura y la racionalidad, el juego veloz y preciso, la versión original del Barça. Música celestial. La fiesta no iba con el Panathinakos sino que anoche el Barça jugaba contra el propio Barça.

Los jugadores del Barça celebran un gol contra el Panathinaikos.
Los jugadores del Barça celebran un gol contra el Panathinaikos.AP
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