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La traición

Ayer fue un día desgarrador para muchos barcelonistas que en las elecciones de 2003 confiaron su voto a Laporta, y especialmente también para unos cuantos que le acompañaron en la campaña, sobre todo para los fundadores de Elefant Blau. Aunque el equipo siempre mantuvo la marca cruyffista y su juego mereció los mejores trofeos, la gestión del club fue cada vez más controvertida, circunstancia que provocó unas cuantas crisis de gobierno. Algunos directivos salieron del consejo en silencio, también los hubo que dimitieron por celos o discrepancias profesionales, y al final se contaron unos cuantos que tomaron las de Villadiego en el momento en que se hablaba más de negocio que de fútbol.

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La moción de censura significó el punto final para Laporta. Incapaz de consensuar un candidato continuista, no le quedó más remedio que aplaudir el triunfo de su enemigo, el actual presidente Rosell. Un castigo que en cierta manera le había eximido de tener que dar mayores explicaciones. La animadversión de Rosell es tan manifiesta que incluso ha provocado una cierta indulgencia hacia Laporta. Había socios a los que le dolía que solo se recordara su despilfarro y no se valorara su apuesta por Guardiola. Y sus fieles le han defendido sin reparos hasta en las causas más complicadas.

A Laporta se le han perdonado las mil y una porque no había facturas suficientes para manchar su pertenencia a un colectivo que defendía la honestidad, el espíritu Carabén, una manera de entender el barcelonismo. Hasta ayer, cuando se supo que se había aprovechado del cargo para hacer negocio con su bufete, una manera de traicionar el código que firmaron cuantos a finales de los noventa se postularon como alternativa a Núñez. Aunque no hizo nada ilegal, Laporta pasa a ser uno de tantos, nada que ver con el presidente del més que un club, defensor del Unicef, de los valores del fútbol y la ética. Hizo lo único que no podía hacer y que le permitía ser. Y a lo que parece, ni se enteró.

Laporta, junto a su abogado, durante el juicio que se sigue contra él.
Laporta, junto a su abogado, durante el juicio que se sigue contra él.EFE

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