Cesc no juega, marca goles

Un tanto a última hora del volante da la victoria al Barça contra el Levante en un mal partido Los azulgrana serán campeones si en la próxima jornada ganan en San Mamés y el Madrid pierde en el Calderón

Cesc dispara a portería entre Thiago y Navarro.
Cesc dispara a portería entre Thiago y Navarro. David Ramos (Getty Images)

Vive Cesc Fàbregas de los goles más que de las jugadas. No necesita participar mucho del partido sino que le alcanza con una llegada para resolver el peor de los encuentros y la más negada de las actuaciones del futbolista. Así ocurrió de nuevo ayer en el Camp Nou. Justo cuando más renegaban los espectadores, apareció Cesc y enganchó un centro de Alexis Sánchez: 1-0. El gol pone al Barça a seis puntos del alirón de la Liga, que es de lo que se trata ahora mismo, más que de jugar al fútbol: el conjunto azulgrana será campeón el próximo sábado si vence al Athletic en San Mamés (18.00) y el Madrid pierde en el Calderón (20.00).

 El gol resume muy bien el discurrir azulgrana por el campeonato: han ganado más partidos que nunca por su juego y también por su empeño y sobre todo por su rabia. Hasta el gorro están en el Camp Nou del desinterés general por un torneo que desde hace tiempo se le da por descontado al Barcelona.Una situación bien extraña que afecta también al entrenador.

A Tito Vilanova le salió una alineación muy rara, a mitad de camino entre la Liga y la Champions, más propia de una ronda cualquiera de Copa, hasta cierto punto desnaturalizada. Acostumbra a ocurrir cuando hay que atender a tantas circunstancias como las lesiones, el desgaste del equipo titular por la falta de rotaciones y un partido en el horizonte tan exigente como el del martes en Múnich. A la hinchada le pareció bien que no jugara Messi y en cambio se preguntó en clave europea por la presencia de Villa y Tello y la ausencia de Bartra al tiempo que aplaudía la titularidad de Abidal. Defendió el Barça con cuatro laterales, dos zurdos y un diestro como Montoya situado en la banda izquierda. Al final, sin embargo, no penalizó por su zaga, firme e invicta sino por la esterilidad de su delantera hasta que acertó Cesc con su gatillo.

Algo mejor le fueron las cosas a JIM, que cambió hasta de portero para que reaccionara el Levante. El equipo ha perdido intensidad, dejó de ser agresivo con el balón y tomaba derrotas y goles en todos los campos y desde todos costados. Aunque mejoraron sus números y el nuevo guardameta paró un penalti, el Levante sumó su octava derrota consecutiva en el Camp Nou por culpa de Cesc y su capacidad de supervivencia en los partidos más desagradables.

Al encuentro le faltó calor y ritmo, y naturalmente tensión, desbravado como estaba el Camp Nou. Había mucha distracción y dominaba los chascarrillos. Ni siquiera despertó cuando irrumpió Undiano Mallenco. El árbitro apreció penalti en una entrada de Diop a Iniesta que ni pareció falta ni tampoco se dio dentro en el área del Levante. La benevolencia del colegiado sorprendió después que durante la semana se recordara que los azulgrana habían perdido los dos partidos dirigidos por el navarro: Anoeta y Bernabéu. La distensión influyó en el tiro telegrafiado de Villa. Falló el Guaje y acertó Keylor Navas.

La acción avaló el dispositivo del Levante, muy recogido y organizado en su cancha, con solo Acquafresca descolgado, bien vigilado por Abidal. El francés intervino con rapidez y calidad, solvente cuando rebanaba el cuero y recortaba para salir con la pelota jugada, muy seguro de sí mismo: no quiere que se le renueve por generosidad sino por méritos propios. El interés de Abidal fue sobresaliente en un partido muy parado del Barcelona. Iba la pelota de pie a pie, sin profundidad ni riesgo, solo pendiente de las aceleraciones de Iniesta, por un día impreciso y, sin embargo, presente e intervencionista, irreductible hasta que fue sustituido por Xavi.

A Iniesta le faltó acompañamiento porque anoche no desbordaba Tello ni había noticias de Thiago. Apareció su peor versión, la del jugador pusilánime, después de su éxito en Zaragoza. No emergía la creatividad en los medios y no entraban en juego los delanteros. Tampoco mezclaron bien anoche Cesc y Villa. Ni siquiera se contaron tiros a la portería del Levante.

A Tito no le quedó más remedio que corregirse con los cambios y buscar el triunfo desde la ortodoxia. Apareció de nuevo el 4-3-3, con dos extremos por la entrada de Pedro y Villa de 9, y hasta Cesc encontró su sitio en la cancha después de un largo extravío. El volante conectó un día más con Alexis y cantó a última hora el gol de la victoria, la mejor de las recompensas en un indigesto partido. Que digan misa, aseguran en el Camp Nou. La Liga está al caer para el Barça con goles como el de Cesc.

Sobre la firma

Ramon Besa

Redactor jefe de deportes en Barcelona. Licenciado en periodismo, doctor honoris causa por la Universitat de Vic y profesor de Blanquerna. Colaborador de la Cadena Ser y de Catalunya Ràdio. Anteriormente trabajó en El 9 Nou y el diari Avui. Medalla de bronce al mérito deportivo junto con José Sámano en 2013. Premio Vázquez Montalbán.

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