El balonmano se desangra

La desaparición del Atlético, campeón de Copa y subcampeón de Liga, es el golpe de gracia a un deporte que hace medio año se esperanzaba con el oro en el Mundial

Talant Dujshebaev se lamenta en un partido con el Atlético
Talant Dujshebaev se lamenta en un partido con el Atléticokike para

La falta de patrocinio, de inversores, de dinero, sacudió ayer al balonmano español, cuyos éxitos en la cancha son inversamente proporcionales a la pujanza de sus clubes. El país que en enero encumbró en casa a la selección como campeona del mundo vio ayer irse al garete al segundo equipo más importante, subcampeón en las dos últimas Ligas, campeón de Copa y cuartofinalista de la Liga de Campeones. La desaparición del Atlético de Madrid por las deudas supone un mazazo para el tercer deporte de equipo en número de licencias. Un sopapo que desató las alarmas en el Consejo Superior de Deportes (CSD), al que sorprendió la liquidación del club rojiblanco y que sentará hoy, a partir de las 17.00, a jugadores, clubes y federación para abordar la sostenibilidad del balonmano.

Teka, Portland y Ciudad Real ya no existen, Ademar agoniza, y el Barça no tiene rival

La segunda desaparición del Atlético se confirmó un día antes de que se cumpliera el segundo aniversario de una aventura hacia ninguna parte. El 10 de julio de 2011 el Ciudad Real anunciaba que abandonaba la localidad manchega ante la falta de patrocinios. Se trasladaba a Madrid, donde crecería, confiaban, bajo el cobijo del Atlético. Casi 20 años después de que Jesús Gil decidiese poner punto final a la sección de balonmano, los rojiblancos retornaban a la Asobal. El club de fútbol aportaría al Balonmano Neptuno el nombre, el escudo y algo más de un millón de euros al año a modo de patrocinio. A cambio, el bloque de uno de los equipos más laureados de la última década, construido con el dinero del empresario inmobiliario Domingo Díaz de Mera, luciría los colores de un histórico en los años ochenta.

Con la que está cayendo es imposible seguir metiendo dinero" Domingo Díaz de Mera, presidente del Atlético

La fórmula, sobre el papel, resultaba sencilla. La llegada a Madrid serviría de imán para los patrocinadores, una atracción que nunca resultó. La primera temporada, el equipo seguía viviendo y entrenándose en Ciudad Real, pero disputaba sus partidos como local en el pabellón de Vistalegre. Ese ir y venir fue una de las razones que se esgrimieron para explicar por qué no había aparecido un patrocinador, siempre con el convencimiento de que, ya asentados en la capital, llegaría el deseado dinero. La realidad ha sido mucho más cruel. El fin del Atlético se rumiaba desde mediados de la última temporada. La salida del director general, Luis Miguel López, en marzo disparó unas alarmas que fueron in crescendo hasta que en mayo dejaron de sonar. Díaz de Mera garantizaba la continuidad del equipo al menos un año más. Talant Dujshebaev confirmó que seguiría al frente del proyecto, menos ambicioso que los de antaño, pero que contaría con dos jugadores claves para él, los campeones del mundo Julen Aginagalde y Joan Cañellas, y la llegada de su hijo Alex, unas de las promesas del balonmano español. Los cuatro habían rechazado importantes ofertas.

Todo ello dio un vuelco las últimas semanas. Díaz de Mera, según han confirmado diversas fuentes, confiaba en cerrar, tras varios intentos en vano con Liberty y Reale, un patrocinio con la empresa Teka, que tampoco llegó a fraguarse al no dar los bancos el visto bueno a la operación. La situación se volvió insostenible al conocerse que Hacienda no iba a negociar la deuda de 915.000 euros que el club arrastraba desde su época en Ciudad Real, a lo que habría que sumar impagos a algunos jugadores y proveedores hasta llegar a un agujero, según Dujshebaev, de 1.700.000 —el presupuesto del último curso fue de cuatro millones, cantidad que iba a reducirse ahora a unos tres—.

La negativa de Hacienda implicaba el embargo de las cuentas, incluido el patrocinio del equipo de fútbol. Y Díaz de Mera dijo basta. “Llevas tanto tiempo aguantando golpes que, al final, igual solo por un roce en el brazo, decides acabar. Con la que está cayendo es imposible seguir metiendo el dinero que metías”, argumentaba ayer el empresario.

Estamos tremendamente preocupados”

Eduard Coll, presidente de la Asobal

Tanto en el comunicado que sirvió de acta de defunción como en las declaraciones que se sucedieron durante todo el día, el club de balonmano agradecía el apoyo recibido desde el Atlético de Madrid por parte de Enrique Cerezo y Miguel Ángel Gil Marín. Hasta tal punto se cerraron filas que varias fuentes interpretan la ausencia de una referencia a la deuda con Hacienda en el texto que confirmaba la desaparición del club como un intento por no manchar la imagen del equipo de fútbol, que horas antes había anunciado el fichaje de David Villa y que, como otros clubes, tiene una considerable deuda con Hacienda.

Más información
Dujshebaev: “Para mí se ha caído el mundo"
El Balonmano Atlético agoniza
Una Copa para un mal año
“Duele mucho ver así la Liga”

La segunda desaparición del Atlético provocó un temblor en los debilitados cimientos del balonmano. Mientras jugadores de todos los equipos apoyaban a sus colegas del Atlético, la eterna pregunta del ‘y ahora, ¿qué?’ sobrevolaba de nuevo este deporte. “Estamos tremendamente preocupados”, admite Eduard Coll, presidente de la Asobal y responsable de la sección de balonmano del Barcelona. En calidad de lo primero, asegura que la Liga, aunque en estado crítico, “no corre peligro”. “Su continuidad está garantizada”, añade, básicamente porque el cierre de la Asobal lo tendrían que costear los propios clubes, un aro por el que no van a querer pasar. Desde que se crease en 1990 para tratar de profesionalizar este deporte, en vano visto lo visto, seis equipos han salido campeones: Teka, Portland, Ciudad Real/Atlético, Bidasoa, Ademar, y Barcelona. Los tres primeros —se podrían añadir a Calpisa o Alzira, en los años ochenta— vivieron muy por encima de sus posibilidades y ya son historia; el Bidasoa lucha por volver a la Asobal; y el Ademar agoniza desde hace dos años, conectado al respiradero de la historia y una afición que le mantiene con vida, alejada eso sí de los años dorados.

Solo el Barcelona vive en una realidad paralela, y es el único que se puede permitir lujos en España. Si el año pasado la Asobal resultó un paseo para ellos, este año la perdida de nivel es alarmante. “Para el Barcelona, siendo egoísta, la desaparición del Atlético es un desastre”, lamenta Coll; “¿qué tipo de partidos vamos a tener a partir de ahora?”.

Sobre la firma

Javier Lafuente

Es subdirector de América. Desde 2015 trabaja en la región, donde ha sido corresponsal en Colombia, cubriendo el proceso de paz; Venezuela y la Región Andina y, posteriormente, en México y Centroamérica. Previamente trabajó en las secciones de Deportes y Cierre del diario.

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS