La táctica puede con la tradición

Un testarazo de Godín concede ventaja a los de Simeone tras un duelo reñido con el Athletic (1-0) que deja abierta la eliminatoria

Godín cabecea ante Gurpegi para marcar.
Godín cabecea ante Gurpegi para marcar. LUIS SEVILLANO

Las tácticas, a veces, pueden superar tradiciones tales como que en un partido de cuartos de final de Copa, en la ida, el equipo local, de inicio, se dedique a esperar al visitante en su campo. Nada de esos tradicionales arreones que se suponen en los primeros compases de una eliminatoria. Es el fútbol calculado para el marcador en su máxima expresión. Legítimo, pero aplacador de esas emociones clásicas que se esperan de un duelo copero. Con el solitario gol de Godín, todo queda para San Mamés. Al menos, allí, sí estará asegurado el pedigrí de la competición con todos sus ingredientes emocionales. La Copa pide a gritos que se dispute a partido único para que no solo las semifinales y la final la eleven.

Las gradas del Vicente Calderón, semivacías, pese a que se enfrentaban dos clásicos de la competición, tampoco destilaron un ambiente de eliminatoria. Ni las alineaciones de uno y otro entrenador apuntaban a una competición que tengan como prioritaria. En el Atlético, con algo tan importante en juego, no se le recodaba a Simeone en este curso una alineación sin cuatro de sus titulares. En el Athletic, Valverde dejó fuera a Iraizoz, Susaeta y Aduriz.

ATLÉTICO, 1 - ATHLETIC, 0

Atlético: Courtois; Juanfran, Alderweireld, Godín, Filipe Luis; Guilavogui (Gabi, m. 46), Koke; Adrián (Arda, m. 58), Raúl García, Cebolla Rodríguez (Villa, m. 78); y Diego Costa. No utilizados: Aranzubia; Miranda, Insúa y Óliver.

Athletic: Herrerín; Iraola, Gurpegui, Laporte, Balenziaga; Iturraspe; De Marcos, Mikel Rico, Ander Herrera (Beñat, m. 80), Ibai (Susaeta, m. 46); y Kike Sola (Aduriz, m. 61). No utilizados: Iraizoz; Etxeita, San José, Saborit.

Gol: 1-0- M. 40. Godín, de cabeza, a centro de Koke desde la derecha.

Árbitro: Fernández Borbalán. Amonestó a Diego Costa, Godín, Cebolla y Gurpegui.

Unos 20.000 espectadores en el estadio Vicente Calderón.

Donde ya no entran las pizarras es en el sentimiento del futbolista, que se agita con pequeñas batallas. Y eso fue lo que anoche levantó algo un partido que empezó insulso, excesivamente académico por parte del Athletic y bajado de revoluciones por parte del Atlético. Eso le permitió al equipo de Valverde dominar de inicio, aunque sin contundencia ofensiva. Así que brotó un duelo que se jugó a tirones, con poca continuidad, rescatado por fogonazos, porque al final, esos chispazos recuerdan que se está compitiendo. En esas condiciones, nadie se maneja como el Atlético.

Un córner sacado por Koke que se paseó por delante de la línea de gol, una volea fácil que a Ander Herrera se le fue alto, un disparo lejano de Diego Costa al que voló Herrerín y un par de acciones subterráneas del propio Costa hicieron que el duelo creciera en intensidad, que, por algún lado, asomara la tensión y la sensación de que había algo en juego. Porque hubo momentos horrorosos por parte de uno y otro equipo. Sin precisión en el pase, con descoordinación en los movimientos cuando uno y otro intentaban combinar. Solo esa intensidad que fue aumentando en la medida que se dieron escaramuzas animaron la fría noche.

En esa dinámica, las mejores ocasiones las produjo el Atlético, que necesita muy poco para hacer daño. Capaz de convertir cualquier balón suelto en una ocasión, Koke divisó un desmarque de Adrián y le puso el balón para que se viera las caras con Herrerín. Levantó la cabeza Adrián antes de definir, como mandan los libretos, pero el meta del Athletic desvió el disparo con el empeine de su bota izquierda. Crecido en intensidad, fue Godín el que rubricó una jugada muy del manual del Atlético al borde del descanso. Tras un rechace en una jugada a balón parado hubo un cambio de dirección hacia la derecha donde aguardaba Koke con su guante. La comba la remató Godín con uno de esos testarazos incontestables y contundentes de central de toda la vida.

Puede que guiado por la excelente forma física con la que llegaba el Athletic, Simeone decidiera dosificar a Gabi, Arda y Villa. Puede que fuera uno de esos partidos que el técnico argentino suele decir que contienen varios. Lo cierto, es que cuando el capitán reemplazó a Guilavogui en el descanso, el Atlético se compactó. Hay mucha diferencia entre lo que aporta Gabi y el mediocentro francés, correcto posicionalmente, pero sin el nervio guerrero del capitán para empujar la presión arriba. Como también hay distancia entre lo que aportan Arda y el Cebolla Rodríguez, tan insistente como realmente poco dañino. Ahí, el que no es dudoso es Diego Costa, por encima de que marque o no. Él solo con sus desmarques y sus trifulcas, amenazó al Athletic y transmitió la sensación de un Atlético más dominador en el segundo tiempo, más copero. Un remate de Alderweireld, que se escapó por poco en el descuento, pudo aumentar una ventaja que el Atlético puede echar de menos en San Mamés.

Sobre la firma

Ladislao J. Moñino

Cubre la información del Atlético de Madrid y de la selección española. En EL PAÍS desde 2012, antes trabajó en Dinamic Multimedia (PcFútbol), As y Público y para Canal+ como comentarista de fútbol internacional. Colaborador de RAC1 y diversas revistas internacionales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Europea.

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