Samuel Sánchez o el arte de bajar para crecer

El asturiano sorprende a todos con un desenso espectacular y gana en Orio. Kelderman es nuevo líder

Samuel Sánchez entra triunfador en Orio (Gipuzkoa).
Samuel Sánchez entra triunfador en Orio (Gipuzkoa).Javier Etxezarreta (EFE)

Ganar bajando es un arte, pero está mal visto. En un deporte épico como el ciclismo, las cuestas, el pavés, las rotondas -tan asesinas-, incuso las alcantarillas adquieren la condición de gigantes que engrandecen las gestas, mientras los molinos se antojan papelinas sin más méritos que el discurrir de las palas, como los días.

Ganar bajando es como ir a la meta sin pagar peaje, sin que te duelan los gemelos, así como dejándote llevar, como pedir baile en la ruleta de la fortuna. Pero bajar es jugarte las habichuelas, medir cada curva, calcular con el cruce de los ojos el ángulo natural y con el angulillo que te queda bajo el párpado esa distancia que te separa de los lebreles. Ellos siguen a la tropa, al macho alfa, pero tú vas por delante, imaginando el pasado y el futuro, arriesgando tu porvenir antes de conseguirlo.

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Y en eso, Samuel Sánchez es un artista de los escenarios naturales, nunca ha sido un autor de estudio y ha hecho de los descensos una mística que en nada envidia a la mítica de los ascensos. Se sabe que el público valora la tensión del gemelo, la pelea de los pulmones, el dolor de culo, llegado el caso, el dolor de cuello mirando hacia atrás, pero Samuel Sanchez sabe que bajando es el mejor del mundo, o el segundo mejor, o el tercero. No más, no menos. Baja como los diablos que conocen el infierno y su recoveco y sube como los ángeles que conocen los atajos. Y ganó bajando, dejando a los demás los fuegos artificiales, las fluorescentes, las lamparas de araña. Él ganó bajando, donde se supone que está el riesgo, la prevención, aunque para él es como ir al garaje, mientras el resto se emociona subiendo a los trasteros.

Antes había pasado de todo. Que se habían ido los de siempre, los aventureros Denifls, Madrazo, Meintjes, Lastra, Edet. Y suma y sigue hasta que llegó la última subida a Aia, esa cuesta que te mira raro, con las cejas torvas, invitándote y retándote al mismo tiempo. Y por allí andaba Carlos Verona, el ciclista que alojó a Froome en su sierra madrileña y el sudafricano convirtió en una semana lo que iba a ser un día por obra y gracia de las lentejas de su madre. Verona lo intentó, lo intentó y lo intentó. Y aguantó. Y resistió hasta que le dieron caza sus perseguidores y los perseguidores de sus perseguidores. Y todos se juntaron en romería en busca de la última subidita que proponía después una bajada sin más final que bajar y llegar. Bajar y darte con la pancarta, casi casi sin ver el manillar.

Clasificaciones

Etapa

1. Samuel Sánchez (ESP/BMC) 4:13:12.

2. Rui Costa (POR/Lampre) m.t.

3. Warren Barguil (FRA/Giant) m.t.

4. Alexis Vuillermoz (FRA/AG2R) m.t.

5. Sergio Henao (COL/Team Sky) m.t.

General

1. Wilco Kelderman (HOL/Lotto) 17:52:48.

2. Sergio Henao (COL/Team Sky) a 4.

3. Mikel Landa (ESP/TEAM SKY) 7.

4. Samuel Sánchez (ESP/BMC) 8.

5. Alberto Contador (ESP/TINKOFF) 10.

Subiendo se volvió a mostrar Alberto Contador. Un poco, poco más de una foto, de la foto. Y le cazó Nairo. Y los otros. Y en esto, cuando el de Pinto para y desiste, aparece Samuel Sánchez que sabe que quedan unos pocos metros para subir y muchos por bajar. Y bajando, nadie es como él. Que si coge unos metritos serán kilómetros frente a su pericia. Y gana. Gana fácil. Gana como gana cuando gana. Pero el líder es Wilco Kelderman, un holandés que supo lo que era perder frente a Mikel Landa. Subir y bajar son vertientes de un mismo problema. El especialista en bajar es Samuel Sánchez. Eso no se lo quitará nadie nunca. Y en la etapa de Orio. En su Vuelta, aunque solo la ganara en 2012, siendo la suya.

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