El método Valverde se impone de nuevo en el muro de Huy

Con su cuarta victoria, tercera consecutiva, el murciano supera a Eddy Merckx en la historia de la Flecha Valona

Valverde, con su cuarto trofeo de la Flecha Valona.
Valverde, con su cuarto trofeo de la Flecha Valona.Bryn Lennon (Getty Images)

La Flecha Valona son 194 kilómetros de calentamiento, dos kilómetros de sprint en un muro llamado de Huy que se empina sin parar y una victoria de Alejandro Valverde, que, con la de hoy, miércoles, ya la ganado cuatro veces, el que más en la historia, más aún que Eddy Merckx, que se impuso en tres ocasiones en la clásica belga que hace de aperitivo al último monumento de la primavera, la Lieja del domingo.

La última crisis de fe en el ciclismo ha provocado tesis y lecturas y descreimientos y tuits sin fin sobre el supuesto uso de los motorcitos eléctricos, de los que tantas películas se hacen, y, de nuevo, interminable el hilo, sobre la sangre de algunas figuras del momento, como el colombiano Sergio Henao, que habría sido uno de los mejores de la Flecha si en el último momento no le hubiera borrado su equipo, el Sky, a quien las autoridades antidopaje han advertido de que el pasaporte biológico de su corredor era sospechoso. Alguna de las crisis de sangre recurrentes la última década le dio de pleno a Valverde, quien pasado su mal momento navega ajeno, indiferente, a los escándalos, y ganando las carreras que le gustan, como la Flecha Valona, en la que se ha impuesto en ella antes de la Operación Puerto (2006) y también después, los tres últimos años, de 2014 a 2016, sin parar. En la Lieja-Bastogne-Lieja, la gran clásica que más le motiva, Valverde, el único español que la ha ganado, se ha impuesto tres veces: Merckx, cinco victorias, aún mantendrá al menos dos años más su récord.

Una vez destripada con la eficacia Movistar, el equipo, y desconstruida con el método Valverde, quien a los 36 años pierde el pelo pero mantiene las piernas y la cabeza, la Flecha Valona es la simpleza hecha carrera: un sprint en cuesta de participación reservada a los especialistas, que tardan en renovarse. Valverde se puso en cabeza nada más pasar el triángulo rojo del último kilómetro, vio cómo Purito Rodríguez hacía su obligatorio e ineficaz acto de presencia a 500 metros y solo se movió cuando a 250 metros, antes de la penúltima curva del camino de las Capillas, el momento del 19%, atacó su temido Dan Martin, el irlandés que le derrotó en una Lieja y en una Lombardía, y su compañero Julian Alaphilippe, el peligro verdadero, subía a su rueda. Con sencillez, sin aspavientos, Valverde, en el terreno en el que más seguro se siente, se puso a rueda de Martin, le resistió sin necesidad casi de abrir la boca, y le desbordó tranquilo, mientras con el rabillo del ojo vigilaba los esfuerzos inútiles de Alaphilippe, quien terminó segundo como en 2015.

Antes de la Flecha, Valverde eligió correr unas carreras sin apenas valor deportivo por la inexistencia de rivales importantes. En ellas, en Amorebieta o en la Vuelta a Castilla y León, el Movistar, el único equipo de nivel que participaba, dominó sin dejarse toser, despertando cierto malquerer por su aparente soberbia. El equipo dirigido por José Luis Arrieta, en el fondo, simplemente corría como solo sabe correr, de protagonista. Lo hizo en Zamora y en Salamanca, donde ganó Valverde con facilidad ante equipos de segunda división, y lo hizo también en las carreteras de la Bélgica francófona, donde impuso su mirada sobre la de los mejores equipos del mundo. Si para Valverde, y para los espectadores y aficionados, la Flecha se redujo al muro de Huy fue también porque un potencial ganador como Ion Izagirre (el de la clásica de Estella hace un par de semanas) hizo de paquete en la fuga más complicada, la del colosal luxemburgués Bob Jungels en la Côte d’Éreffe, y porque su compañero Giovanni Visconti (el que ganó en Amorebieta) frenó otro ataque antes de la penúltima cuesta, la de Cherave, y porque el resto del equipo, dirigido por el inoxidable Imanol Erviti, trabajó para que la fuga inicial nunca fuera incontrolable.

Triunfo de Landa en Italia

Después de Lieja, Valverde descansará unos días y luego se irá a Italia a correr su primer Giro. Allí espera triunfar, como siempre, aunque sus rivales serán más peligrosos. Le espera Vincenzo Nibali, ganador de Giro, Vuelta y Tour, y le espera también el alavés Mikel Landa, quien también el miércoles mostró su calidad imponiéndose en la subida a Anras (Austria), final de la segunda etapa del Giro del Trentino, que pasa a liderar.

Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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