Bruno de Carvalho, la ira del presidente-entrenador

El mandatario del Sporting, que elude el palco del Bernabéu para sentarse en el banquillo con su entrenador y sus jugadores, responsabiliza al árbitro de la derrota ante el Madrid

Carvalho, entre dos colaboradores, en el banquillo del Bernabéu.
Carvalho, entre dos colaboradores, en el banquillo del Bernabéu.SUSANA VERA (REUTERS)

El presidente del Sporting no acudió al palco del Bernabéu. Aprovechando que su equipo visitaba Chamartín para debutar en la Champions, Bruno Miguel Azevedo Gaspar de Carvalho prefirió sentarse en el banquillo. A pie de campo. Con licencia de delegado de equipo y avalado por un título de entrenador nivel II expedido por la UEFA, el hombre se acomodó bajo el alero de metacrilato junto al entrenador Jorge Jesús y los suplentes, Betto, Schelotto, Markovic, Campbell, Oliveira, André y Elías. Su justificación no precisa justificaciones: “Me quiero enterar de todo lo que pasa”.

Cuando la jornada terminó y se apagaron las luces del estadio tras el gol de Morata, Carvalho no salió por el palco de honor sino por el corredor por donde los futbolistas abandonan las instalaciones cargando mochilas de Gucci. Los excelentes jugadores del club portugués, con William Carvalho y Adrien Silva a la cabeza, se marcharon aturdidos por la derrota, callados, y alegando que el protocolo les impedía hacer declaraciones. Su jefe, en cambio, frecuentó los micrófonos. De complexión comprimida, tez pálida, barba de tres días y cierto aire juvenil, el dirigente, de 44 años, se mostró impasible y mordaz.

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“Hemos perdido 2-1 y estamos en el infierno”, dijo, con la voz áspera de quien viene de forzar las cuerdas vocales a gritos. “Pero imaginemos que estamos en el cielo. Imaginemos que no nos pitan una falta en contra en el último minuto del partido, cuando le ganábamos por 0-1 al Madrid. Imaginemos que Cristiano no nos mete el 1-1. Imaginemos que aquí hubo un árbitro…”.

“Yo estoy muy contento de mis jugadores y de mi entrenador”, dijo. “No sé qué habrá hecho para que el árbitro lo expulse. Yo estaba a su lado y todavía no entiendo por qué han expulsado a Jorge Jesús. Quizás fue porque estaba haciendo un buen trabajo… Creo que lo justo habría sido ganar. Pero el fútbol es esto. Para unos, es magia. Para otros es mirar las cosas con claridad para que todo mejore”.

Licenciado en administración de empresas y miembro de una distinguida familia de la burguesía lisboeta con raíces en las colonias africanas, el dirigente es sobrino del marino José Pinheiro de Azevedo. Candidato a la presidencia de la República de Portugal en 1976, tras la instauración de la democrática, a Pinheiro de Azevedo lo llamaban El Almirante Sem Medo. Carvalho reflejó su concepto de sí mismo al titular su autobiografía con un guiño a su pariente: Presidente Sem Medo.

Estoy impaciente por leer el acta arbitral. Será humorística. Yo estaba al lado de mi entrenador y no sé por qué lo expulsaron”

Así, como honrando al epíteto, expresó entre ironías la indignación que le carcomía por dentro. El foco de su ira fue el árbitro, el italiano Pablo Tagliavento, en la estela de lo que manifestó el entrenador, Jorge Jesús, que declaró que el Sporting perdió el control del partido con la entrada de James en el minuto 77, en sustitución de Kroos. “Debimos hacer correcciones para parar a James”, explicó el técnico, “y no las hicimos porque a mí me habían expulsado”.

“Cuando el árbitro echó a nuestro entrenador, nuestro equipo se quedó un poco intranquilo”, arreció Carvalho. “Quien expulse a un entrenador debe hacerse responsable. Por eso estoy impaciente por leer el acta arbitral donde supongo que se explicará la causa. Para mí va a ser sorprendente. Yo estaba al lado de Jorge Jesús y estoy seguro de que el acta me sorprenderá. Supongo que de algo nos tendremos que reír. El acta, seguramente, será humorística”.

Bruno de Carvalho no es el primer presidente que se sienta en el banquillo técnico. Jorge Pinto da Costa, actual presidente del Oporto, fue el pionero en esta práctica. El estilo estridente, desenvuelto y agitador de Pinto da Costa rindió extraordinarios beneficios deportivos al Oporto. Desde hace tiempo, sin embargo, el viejo magnate de la ribera del Duero prefiere moderarse. Ahora, la temeridad de ver el fútbol frente a frente corresponde a su emulador del sur.

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