El cántaro del Athletic de Bilbao se rompió con el APOEL

El conjunto chipriota elimina de la Liga Europa al conjunto rojiblanco en otro ejercicio rutinario

Raúl García derriba a Sotiriou en un instante del partido.
Raúl García derriba a Sotiriou en un instante del partido.Petros Karadjias (AP)

Lo dijo el refrán popular recogido por Ramón J. Sender en su Réquiem por un campesino: “Si el cántaro da en la piedra o la piedra en el cántaro, siempre pierde el cántaro”. Y el cántaro, en cuanto se aleja de Bilbao, lleva el escudo del Athletic marcado a fuego. Con Aduriz y sin Aduriz, con Laporte o sin Laporte. No es cuestión de firma, sino de DNI, y el del Athletic, cuando viaja no tene validez. Es un sin papeles, un refugiado que intenta sobrevivir en la penuria de su juego cuando extraña el césped, el ambiente, la ciudad, ¿Quién sabe? ¿La mirada? Es como un viajero que se sienta al lado y no habla, ni discute, ni se le cae el libro... No molesta. Y como no molestó, el APOEL le liquidó la cuenta con dos golpes de lapicero. Así, en siete minutos, dos golpes secos. Dos arañazos venenosos. Ni uno más ni uno menos. Como en San Mamés, economizando al máximo la prima de riesgo: tres ocasiones en Bilbao, dos goles; dos ocasiones en Nicosia, dos goles.

El cántaro se seguía rompiendo, porque el Athletic defiende mal, muy mal, en lo colectivo y en lo personal. Increíble que Efrem centrase desde el banderín de corner como si fuera Txetxu Rojo (que no lo es, ni se le parece) y que Sotiriou rematase de espuela ante el tardío cruce de Etxeita. Más delicado aún fue el penalti de Balenziaga a Gianniotas, que una vez más (e iban...) le pilló la espada al lateral izquierdo rojiblanco. Dos veces con la piedra, el cántaro se agujereó. El APOEL es poca cosa, su infierno, un frigorífico apagado, pero su efectividad es monstruosa en esta eliminatoria. Quizás no haya nadie en ninguna competición que en dos partidos haya marcado cuatro goles en cinco ocasiones.

Pero quizás no haya ninguno que haya malgastado tantas como el Athletic. En Nicosia apenas dejó estrellas fugaces al inicio del encuentro, por obra y gracia de Williams. Después las nubes le cegaron la mirada. Nadie jugó bien, nadie empujó, nadie disputó con la energía y la rabia que exigía el trabajo, nadie supo qué hacer jugando contra diez rivales buena parte del encuentro, con el 2-0 en contra. Nadie supo qué hacer con el partido, con la eliminatoria. Faltan muchas piezas en el mecano del Athletic. Lo que hay no llega para tanto. Ni para eliminar al APOEL. Y por eso el cántaro se rompió con unas pocas pedradas. En Nicosia fue de hojalata.

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