Gálvez lanza al Eibar ante el Leganés

Una arrancada del central otorga el triunfo al cuadro vasco en un duelo muy físico

Gálvez celebra su gol.
Gálvez celebra su gol.Javier Etxezarreta (EFE)

En un partido pesadote, casi aburrido, una jugada racial e inesperada retumbó en Ipurua. Una cabalgada por el carril central del Eibar Gálvez acabó con un soberbio remate de cabeza que valió un gol y un partido. Poco más hubo en un duelo físico en el que el Leganés apenas compareció en ataque. No mucho más hizo el Eibar, pero esa arrancada de Gálvez le hace sumar tres puntos esenciales para dormir tranquilos.

Fue un partido del Norte. Con todos los elementos que tiene el fútbol de arriba. Para empezar hacía frío. Por mucho verano que siga siendo en el calendario, en Ipurua los jugadores exhalaban vaho. Encima, se puso a llover en la segunda parte. El de Eibar fue un duelo de brega, de choques, de golpes, de sudor y de sangre. El delantero armero Kike salió unos minutos a que le pusieran grapas en la cabeza y volvió raudo a la lucha por los balones aéreos. Antes, el central del Leganés Ezequiel Muñoz saltó sobre Enrich y aterrizó con los riñones. Fue sustituido.

Nunca hubo tregua. Mendilibar y Garitano se conocen y se respetan a partes iguales. Ambos técnicos gustan de este fútbol intenso y bravo, por lo tanto el partido fue un perfecto reflejo de lo que son. El del Lega armó su defensa con tres centrales de esos que intimidan (Mantovani, Muñoz -luego entró Do Santos- y Siovas) para contrarrestar los dos delanteros natos que juegan en el Eibar.

Pero quién le iba a decir a Garitano que el peligro vendría de atrás. Al poco de comenzar el segundo acto, Galvéz robó un balón en su campo y se lanzó al área rival, se apoyó en Inui y el japonés puso un centro perfecto desde la izquierda que el propio Gálvez remató de cabeza de forma imperial a gol. De nada sirvieron ahí los tres centrales pepineros, quizá aturdidos por la presencia de su colega rival en una zona extraña.

Hasta el gol el Lega no llevaba mal el encuentro. No pasaba apuros en defensa y había dado un par de sustitutos al portero Dmitrovic, uno con un tiro de Omar Ramos y otro con un balón que Brsanac cruzó demasiado. El Eibar poco hizo en ataque. Pero la rebeldía de Gálvez lo cambió todo. Visto el panorama, quizá los visitantes contaban con un punto relativamente fácil a domicilio, que siempre saben bien, y de pronto se vieron sin nada casi sin haberse enterado. Quedaba un mundo por jugarse, pero no hubo ni atisbo de reacción pepinera. El Eibar defendió tranquilo el resultado, incluso apretando en campo contrario al rival. Y así murió el partido. Un duelo norteño que se llevó quien mejor se acomodó al hábitat deportivo y meteorológico.

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Sobre la firma

Alejandro Prado

Redactor en la Mesa de Edición del diario EL PAÍS. Antes prestó sus servicios en la sección de Deportes y fue portadista en la página web. Se licenció en Periodismo en la Universidad Carlos III y se formó como becario en Prisacom.

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