Contra el dopaje, acción policial

Los grandes escándalos han nacido en España de operaciones de la policía y la guardia civil

Ilias Fifa celebra su oro europeo en 2016.
Ilias Fifa celebra su oro europeo en 2016.KOEN VAN WEEL (AFP)

Hace unas semanas, un triatleta popular se lamentaba de que la agencia antidopaje le obligaba a detallar su paradero por el sistema Adams y estar siempre localizable para controles fuera de competición. “No sé por qué me lo piden a mí, que no soy importante ni profesional”, decía, y con ello quería explicar la sanción que se le impuso por no cumplir con su obligación. No sabía el deportista que si su nombre figuraba en una lista de sospechosos se debía a que la policía lo había encontrado en una investigación sobre tráfico de sustancias dopantes en los gimnasios. Los controles al triatleta eran un síntoma de la colaboración entre la policía y las autoridades antidopaje, fundamental en los tiempos que corren.

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Esto es así en todo el mundo. Los controles no bastan. Tiene que entrar la policía. “Sólo puedo pensar que no hicimos lo suficiente y que ahora no se hace lo necesario”, reflexiona un antiguo responsable médico de la IAAF, la federación internacional de atletismo. “Ellos, los deportistas tramposos, saben jugar contra la ley. Y la ley no se organiza lo suficiente”. O la ley deportiva, podría añadir revisando lo ocurrido en Rusia o las recientes denuncias de China, solo se aplica con anteojeras cuidando de los intereses nacionales siempre.

Cálculos de la WADA cifran que la incidencia en el dopaje es superior a un 10%, pero en los controles antidopaje sólo resultan positivas un 1,5% de muestras. Son necesarias las operaciones policiales, y España, que cuenta desde 2006 con una ley que penaliza el dopaje, puede presumir de unas cuantas. La madre de todas las operaciones fue la Operación Puerto, activada en mayo de 2006 y aún abierta. Con ella se conmovió el ciclismo mundial. Grandes nombres quedaron desacreditados de un plumazo: Ivan Basso, Jan Ullrich, Óscar Sevilla, Paco Mancebo, Alejandro Valverde, Manolo Saiz y todo su equipo, Belda y toda su Comunitat Valenciana… Allí asomó el nombre de Marta Domínguez, que fue la protagonista casi única de la siguiente gran operación, la Operación Galgo, en diciembre de 2010. Un año antes, la Operación Grial acabó con Paquillo Fernández, el marchador de Guadix.

Desde entonces, la mayoría de las operaciones se ponen en marcha gracias a la confesión de deportistas sancionados. Así, en 2012, la gran Operación Skype, que acabó con dos núcleos de distribución de dopaje en Barcelona y Madrid gracias al trabajo coordinado de la Policía Nacional y los Mossos, nació de las confesiones del ciclista David García y el atleta José Luis Blanco. En ella se detuvo al médico colombiano del ciclismo Alberto Beltrán, al que fue entrenador de Marta Domínguez, César Pérez, y al campeón olímpico de 1.500m Rashid Ramzi, cuando salía de comprar EPO en una tienda de suplementos en Mataró. En 2013, en la Operación GYM-SIN se detuvo a Álvaro Lozano y Ricardo Serrano en Guadalajara, una de las ciudades en la que también se han efectuado registros y detenciones en la operación en la que se ha detenido a Ilias Fifa. Y en 2016, los Mossos llevaron a cabo la Operación Rial en un hotel de Sabadell. El entrenador somalí Jama Aden está a la espera de juicio.

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Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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