Rubén Díaz, el “Panadero” de las mil cábalas que se empapó de gloria

Un aneurisma termina con Rubén Osvaldo Díaz, bicampeón de América con la selección argentina

El Panadero Díaz, en el centro, junto a Alfio Basile (i), cuando juntos conducían la Selección Nacional.
El Panadero Díaz, en el centro, junto a Alfio Basile (i), cuando juntos conducían la Selección Nacional.Télam
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"Nos metieron a porrazos en el vestuario"

El pabellón de glorias del Racing Club de Avellaneda sigue perdiendo integrantes. Al fallecimiento del histórico zaguero Roberto Perfumo, en marzo del año pasado, se suma la pérdida del exlateral izquierdo Rubén Osvaldo Díaz. El querido “Panadero”, tal como lo llamaban, integró el recordado equipo de José, con el que Racing conquistó la liga argentina y las copas Libertadores e Intercontinental, en 1966 al mando del entrenador Juan José Pizzuti. Alfio Basile, también jugador de ese equipo, fue el gran compañero y amigo de Díaz, desde que lo sumó al cuerpo técnico de la selección argentina que ganaría las copa América de 1991 y 1993, los últimos títulos logrados por la albiceleste.

Al Panadero -llamado así porque su padre tenía una panadería- también lo llora el Aleti. Es que, luego de ganarlo todo con Racing, el defensa viajó a Madrid en 1973, sin saber que allí, en la vereda de enfrente de los poderosos, también se convertiría en leyenda. Allí ganó la liga 76-77, la copa del Rey (por entonces del Generalísimo) de 1976 y la Intercontinental de 1974, ante Independiente, a la que el colchonero accedió a pesar de perder la final de Champions League, porque el Bayern Munich alegó incompatibilidad de calendario.

Pero los hinchas del Aleti lo recuerdan, sobre todo, por el gol que le marcó en enero de 1977 al Real Madrid en el Vicente Calderón. Aquel equipo, en el que también brillaban otros dos argentinos -el ratón Rubén Ayala y el delantero Rubén Cano- terminó goleando por 4 a 0 al merengue, en uno de los derbis con mayor gloria para los atléticos. Panadero Díaz cobró con sutileza una falta al borde del área para meter la pelota en el ángulo izquierdo del portero Miguel Angel, que extendió su mano como el David, pero no pudo tapar el remate. Fue el segundo de los cuatro tantos. El club colchonero, al igual que Racing, Boca, la AFA y otros clubes que integró Díaz, lo despidieron en Twitter.

Diez años después, ya retirado de la actividad, fue convocado por Alfio Basile para que sea su ladero en la conducción técnica. Mal no le iría: la pareja de amigos llegó al seleccionado nacional y conquistó las Copa América de 1991, en Chile, y la de 1993, en Ecuador. Además, completaron una racha de 40 partidos invictos y formaron el recordado equipo que cayó eliminado en octavos de final de la Copa del Mundo de Estados Unidos 1994, cuando Diego Maradona fue descalificado por dopaje. Aquel plantel, con Redondo, Ruggeri, Caniggia, Batistuta, Simeone, Balbo y un joven Ariel Ortega, entre otros, era uno de los grandes candidatos a quedarse con el título. Es por eso que el excapitán albiceleste, al conocerse la noticia de su sanción, expresó: “Me cortaron las piernas”.

El Panadero Díaz y Alfio Basile han formado una dupla que marcó una época en la dirección técnica de los equipos de Argentina (también dirigieron a Boca). Una época que, con el advenimiento de los entrenadores jóvenes, la tecnología y los métodos de entrenamiento aprendidos en Europa, ya terminó. Prueba de ello fue el último paso de Basile por la selección, en 2006-2008, y la poca sintonía que el cuerpo técnico tenía con los nuevos jugadores, encabezados por Lionel Messi.

Fue la era donde se privilegio la arenga sobre el diálogo y la superstición por encima de la psicología. Es, justamente el Panadero Díaz una figura emparentada a las cábalas. En Argentina todos lo recuerdan por llevar su mano izquierda guardada en el bolsillo durante todo el partido y solo sacarla para marcar con talco la espalda de Basile cada vez que su equipo marcaba un gol. A los 72 años recién cumplidos, el corazón del Panadero dijo basta en la cama de la Fundación Favaloro, donde fue ingresado por una aneurisma en la arteria aorta abdominal.

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