Laporte, a un paso del Manchester City por 65 millones

Guardiola renueva su confianza en el central del Athletic que le dejó plantado en 2016 y pagará la cláusula

Aymeric Laporte en un partido con el Athletic.
Aymeric Laporte en un partido con el Athletic.Alejandro Garcia (EFE)

En el breve espacio de un día, el abrazo que seguramente se dieron Kepa Arrizabalaga y Aymeric Laporte tuvo un carácter reversible: por un lado festejaba la continuidad del portero en el Athletic, tras 16 meses de reflexión, según insistió el guardameta de Ondarroa, y por el otro, la marcha de Aymeric Laporte al Manchester City, reclamado por segunda vez por Pep Guardiola tras la negativa del jugador en junio de 2016 a inscribir su nombre en la plantilla del técnico catalán. Ajeno a rencores o venganzas por seguir en el hogar rojiblanco —a Txki Begiristain no le hizo ninguna gracia la espantada del central casi a ultima hora, lo que le costó algunas mofas de sus rivales del United— Guardiola mantuvo subrayado su nombre en la agenda de centrales preferentes.

En plena expansión económica del mercado en la Premier, Guardiola lo ha elegido para mejorar su defensa y la oferta se antoja irrechazable: seis años de contrato y una ficha con la que el Athetic no puede competir. Cuando decidió aceptar la oferta del Athletic y rechazar la de los citizens, Laporte elevó sus emolumentos hasta los 4,5 millones de euros, convirtiéndose en el jugador mejor pagado del club. Entonces, el City le ofrecía ocho millones anuales. Ahora la oferta puede haber crecido.

Contrato largo para un joven que cumplirá 24 años en mayo y una ficha con la que jamás podría soñar en un club como el Athletic, al que su salida le reportaría un ingreso de 65 millones por el pago de la cláusula y podría abandonar San Mamés con el beneplácito de la mayoría de la afición, al amparo de su decisión de aceptar en 2016 el contrato del club bilbaíno y dejar ahora una importante suma en la tesorería de la entidad. 65 millones es la mayor cláusula pagada por un jugador del Athletic, y que eleva a 141 los millones recaudados por el club que preside Josu Urrutia (tras los 40 millones de Javi Martínez pagados por el Bayern y los 36 pagados por el United por Ander Herrera) como últimas grandes ventas.

Guardiola ha mantenido su fe en Laporte, del que siempre le ha gustado su capacidad para sacar el balón así como su facilidad para ir al cruce. Un central zurdo, de envergadura (mide 1,91 metros y pesa 86,5kg), va bien de cabeza y se desenvuelve con alguna soltura en los libres directos. Sin embargo, esta temporada no ha sido la de su mejor inicio, aquejado por el mal general del equipo, con algunos errores gruesos impropios de su experiencia a pesar de su juventud. Poco a poco se ha ido enderezando y asemejándose al jefe de la defensa cuyo papel está obligado a desempeñar. Lo ha jugado casi todo porque, según dijo Ziganda, “no hay un jugador de su perfil en la plantilla”. Ahora le toca encontrarlo. La nómina de centrales se reduce a dos jóvenes, Unai Núñez y Yeray (recién recuperado de su enfermedad), y a un central más veterano y habitual suplente, Etxeita. Tres centrales específicos a los que se podría sumar otro joven con poquísimos partidos, Saborit —lateral izquierdo de 1,90 metros—, o un mediocentro, Mikel San José, en su peor campaña en muchas temporadas.

Guardiola está decepcionado por la aportación de Mangala y Kompany (con muchas lesiones) y su confianza se reduce al exvalencianista Otamendi y a Stones. Laporte le da presente, futuro y alternativas en el eje de la defensa. A Laporte, que en 2016 escuchó a sus asesores y retrasó emigrar, el Manchester City le aporta la participación en la Champions (a través de la cual cree más fácil debutar con la selección francesa) y la lucha por los cuatro títulos en los que está inmerso el club de Guardiola.

Previsiblemente, la cláusula se pagará esta semana y es posible que Laporte ya no juegue el viernes el partido de Liga en San Mamés frente al Eibar. Resuelto un problema, el Athletic afronta otro quizás mayor y con más dificultades para subsanar. Guardiola, a cambio, ya tiene lo que quería, en silencio y por la vía rápida.

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