LaLiga Santander jornada 23Así fue
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El Athletic sigue acumulando empates sin valor

Las Palmas neutraliza sin problemas la mediocridad del futbol de los rojiblancos

Navarro y Williams durante el duelo.
Navarro y Williams durante el duelo.LUIS TEJIDO (EFE)

Durante semanas, el Athletic vivía apresuradamente en los despachos: que si Kepa se va, que si se queda, que si un aluvión de renovaciones o ampliaciones de contrato para atornillar la plantilla, que si se va Laporte, que si se ficha a Íñigo Martínez y el consiguiente tornado ritual. El entretenimiento estaba asegurado, pero bajo el brillo de un debate constante sobre esencias y conciencias, corría un rio turbio, el del juego, plano casi toda la temporada, con un estilo cobardica, sin fluidez, rebosante de errores no forzados, incapaz de hilvanar no ya dos pespuntes finos, ni siquiera para zurcir dos zafios descosidos. Muchos empates y pocas victorias, y poco juego, y nula creatividad y pocos goles enmascaraban una deriva con la mirada muy torcida. El Girona acabó por sacarle los colores que ya había sonrosado una semana antes el Eibar en San Mamés. Pitos y juicio popular a Ziganda, asentado por una directiva tranquila, inquietado por un público nervioso. Las Palmas, en apuros toda la temporada, podía ser víctima o verdugo.

Nada de eso fue en la primera mitad. No lo necesitó, porque nada fue tampoco el Athletic. Resulta increíble el tiempo que pierde el Athletic en perder el tiempo, en esa rara habilidad para sudar sin saber para qué suda, sin mirar al portero, sin dejar también que miren mucho al suyo (ayer Kepa retornado a la titularidad, viejas deudas saldadas). Y como dice la copla de Rafael de León, “así mirando y mirando, así empezó su ceguera”. Y sigue sin ver puerta, sin mezclar su juego, previsible como un pasodoble de pueblo, impotente como un río seco. Yeray marcó a principio del partido en un bello remate a un libre indirecto, pero el ilegal bloqueo previo de Mikel Rico anuló el gol. Sentimentalismo a flor de piel, pero sobre todo justicia al mejor futbolista del Athletic (cierto que poco era mucho). Yeray hizo todo lo que se esperaba que iba a hacer y durante muchos minutos se pareció al que fue y será. El resto se parecía en lo anecdótico. Aduriz celebró su premio fiar play con unas larguísimas conversaciones en la Catedral, con el árbitro, los centrales, hasta con el silbido del viento hasta consumar la tarjeta que le impedirá jugar el próximo partido (lo mismo que a Raúl García o a Ximo Navarro) en un partido exagerado en faltas y fricciones que impidieron practicar el poco juego que ambos equipos sin aún capaces de dar.

Las Palmas quiso el balón ara que lo alimentase Viera, pero sin estridencias. De hecho, su única oportunidad la dispuso el jugador canario al borde del descanso con un disparo a solas con Kepa que elevó a los altares del cielo (no más cerca). El Athletic, a cambio, se conformó con otro disparo cruzado de Raúl García para irse a un descanso que era tan reconfortante para los equipos como para el púbico, el rincón de pensar para ambos.

El público de San Mames pita, pero al mismo tiempo tiene el grito de apoyo a flor de piel. Al más leve chispazo se dispone a enchufarse al equipo asta que se da cuenta de sus ganas y el juego de sus futbolistas coinciden igual que un enchufe español en otro inglés de tres conexiones y todas las ferreterías cerradas. Y vuelta al silencio en el mejor de los casos. Se fue anudando Las Palmas, en la fortaleza del bigardo Peñalba y el tacticismo de Etebo, la voracidad del uruguayo Aguirregaray y la guerra de gladiadores de Navarro y Gálvez frente a Aduriz y Raúl García. Porque de Wlliams hubo pocas noticias, en el costado derecho y la que hubo estuvo llena de errores de ortografía. Fue la ocasión del partido para el Athletic, casi a su término. De Marcos habilitó su carrera, Aduriz corría solo en horizontal, Williams no lo vio o no quiso verle y se hartó de balón, prefirió disparar contra el portero ignorando a su compañero. Prefirió la gloria al éxito y se quedó sin ambos.

Las Palmas también tuvo su momento, al principio de la segunda mitad cuando Kepa, lleno de aplomo repelió un disparo a bocajarro de Nacho Gil en el área pequeña. Fueron sus cohetes artificiales. El río de Las Palmas baja ahora un pelín, pelín más aseado (más por la autoestima que por el punto); el del Athletic un poco más negro todavía- ¿O hay alguien que se atreva a festejar ese empate como un nuevo partido invicto en vez de otro partido sin ganar y sin jugar?

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