Real Madrid - CSKA: Baile ruso en el Bernabéu

El Madrid, con un juego muy confuso y silbado por la grada, sufre ante el modesto CSKA la peor derrota de su historia como local en las competiciones europeas

Los jugadores del CSKA celebran un gol ante el lamento de Vinicius. En vídeo, declaraciones de Solari tras la derrota de su equipo.

El Real Madrid no solo embarrancó ante el CSKA Moscú en una noche para olvidar que supone su peor derrota como local en toda su historia en las competiciones europeas. También vio cómo ese brillo continental que le ha rescatado en momentos de debilidad emocional es hoy un elemento caprichoso. Aislado el factor numérico por tener atado el primer puesto de su grupo, la segunda derrota ante el noble equipo ruso le ha situado en un escenario imprevisto. En ese juego del escondite en el que anda enrolado el equipo de Solari con su reconversión y adaptación al postCristianato,el resultado final sigue siendo una incógnita. A pesar de sus buenas maneras, el equipo blanco es hoy un barco de buen porte pero con mala travesía, propenso al mareo, y en ocasiones como esta, al hundimiento. El Bernabéu bajó el pulgar con pitadas en el descanso y al final del partido.

La aparente inocencia del partido permitió a Solari seguir dando cuerda a una plantilla en continuo análisis. La presencia de Vallejo, Javi Sánchez y Valverde advirtió de la categorización de un encuentro que en su desenlace resultó errónea. El Madrid cuenta con piezas útiles en su plantilla, desde luego más de lo que aparentaron ante el CSKA, pero el problema está en que su colocación sobre el campo se produce en un escenario sin marcos, sin apenas lugares comunes sobre los que descansar. Solo Vinicius ejerce de algo más, en parte por su descaro innato, sabedor de que cada tras cada jugada aparece el confeti.

Esa buena voluntad futbolística, en la que premia el acierto sostenido sobre el riesgo innecesario, convirtió al Madrid en un equipo en dos dimensiones, sin vértices. Movía bien el balón, pero no sabía escapar del péndulo. Ante esa horizontalidad se adaptó bien el CSKA. Le resultó sencillo al equipo ruso, más todavía con una línea de cinco en defensa y cuatro centrocampistas, que observaban sin temor las transiciones, todas sin que ninguna de sus piezas tuviera que escaparse del eje preestablecido.

Pitos a Isco

Ni la interacción de Isco alteró la partitura. El centrocampista malagueño vive para derribar muros, pero hay veces que la habilidad no puede con el hormigón. Sus pisadas dieron color a las jugadas del Madrid, pero no hubo ningún brochazo definitivo. Sí lo hicieron Asensio, que envió un balón a la escuadra, y Vinicius, que sigue buscando la gloria en cada jugada personal. Bien es cierto que se trata del único futbolista sin miedo a la línea recta, abonado al uno contra uno como estilo de vida, algo que la mayoría de sus compañeros de ataque evita permanentemente.

Se movía el Madrid a paso lento y creyéndose seguro, pero el CSKA se guardó enseñar los dientes hasta que vio claro el mordisco. Hincó el colmillo con un gran gol de Chalov, un delantero ortodoxo pero estético, que superó a Courtois tras tirar un buen recorte ante Javi Sánchez. El gol ruso llegó en el primer disparo entre palos, lo que lejos de resultar una anomalía justificó la máxima de que sin remate no aparece el gol.

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Lejos de sobresaltarse, lo que hubiera tenido cierta lógica emocional, el Madrid continuó preservando el balón, masticando demasiado las jugadas, sin tener nunca claro qué cuchillo utilizar para concretar el asalto. Con la difuminada marca de Benzema en ataque, todo el peligro llegaba por las bandas, donde Odriozola demostró sus enormes virtudes ofensivas, pero sin ningún elemento decidido a resolver los centros del lateral. Frente a tanta indeterminación, el CSKA se atrevió a elevar su presencia en campo rival, lo que dio pie a que su segundo gol lo iniciase el lateral derecho, Mario Fernandes, y lo resolviera el izquierdo, el ruso Schennikov.

Sin filo en campo contrario, Solari buscó en Bale una solución ante el vacío de oportunidades. El galés entró en lugar de Benzema, pero sus prestaciones ofensivas como punta no se complementan con un diseño de juego posicional. La apuesta del galés quedó reducida a la nada cuando en un barullo en el área rusa se torció un tobillo y se activaron todas esas alarmas que iluminan su cabeza cuando alguna pieza falla.

Entre tanto el CSKA, crecido y con la coraza todavía reluciente, siguió disfrutando del partido, sin agobios aparentes más allá de una ocasión de Isco ante Akinfeev que marró el malagueño para desesperación del Bernabéu, que lo arropó hasta el final con pitos. Ajenos a todo los rusos mantuvieron la ilusión y Sigurdsson, con un disparo cruzado desde dentro del área remató la faena. El Madrid camina mareado sin indicaciones fiables en el GPS. Y a la carretera le restan todavía curvas mucho más pronunciadas.

Sobre la firma

GORKA PÉREZ

Es redactor de la sección de Economía y está especializado en temas laborales. Ha desarrollado la mayor parte de su carrera en EL PAÍS. Antes trabajó en Cadena Ser. Es licenciado en Periodismo por la Universidad del País Vasco y Máster en Información Económica de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

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