Solari: “¿Hoy no preguntan por Isco?”

El técnico ironiza con el malagueño, que entró en el descanso cuando el Madrid ganaba

Isco, en el partido ante el Villarreal.
Isco, en el partido ante el Villarreal.JOSE JORDAN (AFP)

“El Madrid es el campeón de todo”, dijo Santi Cazrola, con esa sonrisa contagiosa que es reflejo de su regate corto. El hombre salió del estadio de La Cerámica feliz de haberle metido dos goles al rival perfecto. Dos mazazos después del homenaje.

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Primero, eso sí, el homenaje. El pasillo a los campeones, objeto de largas polémicas en el fútbol español, que este jueves los jugadores del Villarreal no tuvieron inconveniente en ejecutar. Dos filas para aplaudir al Madrid, que venía de Abu Dabi de conquistar la vieja Copa Intercontinental. El primero en acudir cariñoso a dar un espaldarazo a los colegas visitantes fue Cazorla en el túnel de vestuarios. El público de La Cerámica no lo comprendió. Se oyeron pitos desde las cuatro tribunas reprobando la trivialidad del agasajo. La tensión se palpaba en el ambiente: los aficionados temen demasiado el descenso como para regocijarse en esta distracción. Luis García, el entrenador, dijo que tanto él como la plantilla cumplieron órdenes de instancias superiores. “El club ha decidido hacerlo y yo estoy encantado de haberlo hecho”, se justificó.

A los tres minutos, el partido hizo crisis por efecto del mazazo: gol de Cazorla. No fue casual que el fabricante de los problemas más acuciantes del Madrid fuera el volante asturiano en compañía de Fornals y Chukweze. Tampoco fue casual que del otro lado, el encargado de imaginar soluciones fuera Modric.

Luka Modric avanzó por el carril del ocho en campo rival. Pisó la pelota, levantó la mirada y esperó acontecimientos. Transcurrió un segundo, dos, tres. Una eternidad, mientras el Villarreal procuraba ordenarse atrás en una larga transición defensiva. Exactamente aquello que tan poco consigue hacer bien el equipo castellonense, dadas las condiciones de sus futbolistas. Modric esperó como el depredador que detecta un animal desorientado en la manada fugitiva. Hasta que le salió Jaume Costa, el capitán local, para intentar arrebatarle la pelota. Entonces Modric metió el pase. Como una señal, la pelota fue al hueco que dejó libre Costa. Ahí acudió sincronizado Dani Carvajal. Al espacio que su cómplice le fabricó con paciencia y ritmo. Carvajal recibió y centró al punto predeterminado: la cabeza de Benzema.

Tres minutos después del gol de Cazorla el Madrid respondió con el gol de Benzema para empatar un partido que se le había complicado de repente. El autor del 1-1 fue Benzema. Pero los autores de la remontada, los administradores de la solución, fueron Modric y Carvajal actuando en pareja. Desde que los ingleses fundaron las bases de aquello que denominaron como Association Football en 1963, no se ha descubierto dribling más desequilibrante que una buena asociación de pie a pie. Si de parte de Villarreal el mago de las asociaciones es Cazorla, del lado madridista, el genio de este tipo de conexiones es Modric.

Por eso resultó tan asombroso que, una vez logrado el 1-2, transcurrida la hora de partido, Solari decidiera cambiar a Modric por Valverde. “Los cambios vienen condicionados por la lesión de Gareth, por el golpe que recibió en el primer tiempo”, explicó el entrenador. “Luka nos dio 65 minutos de toda la energía que tenía. Él venía de un proceso gripal con fiebre y estamos agradecidos de que jugara porque le necesitábamos. Hizo un buen partido, dio todo el esfuerzo y estamos muy contentos con lo que nos dio”.

El Madrid se resintió. Primero, porque en la banda izquierda Isco no proporcionó los desmarques a los espacios que procuraba Bale, a quien sustituyó en el descanso. Segundo, porque Valverde no fue capaz de coger el hilo de Modric en el mediocampo. “Ellos en la segunda parte nos vinieron a presionar”, recordó Solari; “pusieron más gente en ataque porque estuvieron a punto de recibir el 1-3 antes del descanso. A nosotros nos restó profundidad la salida de Gareth, que nos habría permitido encontrar esos espacios detrás de su presión. El cambio de Kroos faltando siete minutos fue para intentar ganar el partido. Entonces pasó Isco a la posición de Korros y entró Vinicius [a jugar de extremo izquierda]”.

“Nosotros tuvimos el partido en nuestras manos: en una ocasión clara de Karim, en una de Lucas y en otra de Marcelo”, enumeró el técnico. “Cuando no matas los partidos corres el riesgo de que te empaten”.

Cazorla —bigoleador— debió pasar por la cabeza de Solari según evocaba la velada. El técnico se mostró más distendido que nunca en la sala de conferencias de Vila-real. Se detuvo en reflexiones tácticas, fue preciso, generoso con sus interlocutores, y hasta mordaz. Concluida su exposición inicial, y visto que las cuestiones apuntaban en otra dirección, se revolvió lanzando una mirada pícara sobre su auditorio: “¿Hoy no me preguntan por Isco?”.

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