Landa y Carapaz se regalan un ataque inesperado

Roglic y Nibali no pueden frenar a la pareja del Movistar un día que acerca al alavés al podio

Mikel Landa ataca en la 17ª etapa.
Mikel Landa ataca en la 17ª etapa.LUK BENIES (AFP)

Si la realidad te mata, sueña, les dicen a los ciclistas que, helados en la meta el martes leen en su orden del día que esa noche duermen en el Valle del Sol, de donde saldría la etapa del miércoles. Y sueñan con Marbella, tostados un poco por cada lado en una hamaca. En la Italia alpina, sin primavera, en la Italia que es Italia pero parece Austria, bárbara y rácana, y todo dicho en alemán, con miles de manzanos fuji y golden en hileras interminables y montañas severas cerrando el horizonte, el Valle del Sol resulta ser un sitio más helador aún, nublado, aguanieve, tres grados, y Amador se levanta y aún lleva en los huesos el frío que pasó el día anterior, el día que, asegura sin exagerar, más frío pasó en su vida encima de una bicicleta. A Amador, de Costa Rica, no le dio tiempo a ponerse los manguitos en la cima del Mortirolo mientras esperaba a Landa y Carapaz para bajarlos, y en el valle le salvó su alma rusa (regalo de su madre, Raisa Bikkazakova) y la esperanza de rehacerse en la etapa del miércoles se la mata el examen del perfil: la etapa termina a más de 1.600 metros en un estadio de biatlón, esquís y escopetas. Sol, ¿dónde estás?

Solo sueña feliz con la nieve que ve fresca en las laderas del Valle del Sol, y no muere por el desengaño, el francés Nans Peters, esquiador cuando no ciclista en su Chambéry alpina. Es un nuevo Voeckler. Marcha en la fuga numerosa, a la que ataca, a falta de 16 kilómetros, y gana.

Detrás de ellos, ataca Landa.

A Amador y a sus líderes, Landa y Carapaz, y a todos los que sufrieron el Mortirolo y sus nieblas, Nibali, Roglic, les preocupa el día siguiente. Alguno no habrá recuperado bien, están seguros, el frío siempre se lleva algo, y parten cautos mientras sus directores, que ahora son tres en el Movistar, convencidos de todo lo contrario, buscan un compromiso. A la pareja alegre y combativa Txente-Sciandri se les ha unido ya el jefe, el prudente Unzue, que en el desayuno habla de defensa. Dracarys Txente, hombre de ataque, sugiere organizar un ataque simultáneo de ambos, Landa y Carapaz, cada uno por un flanco, y Sciandri, guiña el ojo al periodista y le dice que si fuera él quien decidiera montaría una etapa para que Carapaz ganara, porque es dinamita y es el más fuerte, y en ese final, una cuesta de tres kilómetros, haría mucho daño, y, encima es su cumpleaños, y merece ese regalo. Se negocia y se transige. Cada uno cede un poco. Se hará, finalmente, una etapa cauta y un final, llegado el caso, ofensivo. Atacarán los dos, pero no a la vez. No ganarán la etapa pero pondrán su sello y seguirán asustando, que es de lo que se trata, hasta acabar el Giro.

Hirt, del Astana, prepara el terreno para el ataque de Superman que no llega. En su lugar, bajo la pancarta de tres kilómetros, salta Landa, que deja de piedra a Roglic y a Nibali, agarrados a la rueda del gregario Pozzovivo que les da el oxígeno justo para no perecer. Con ellos, Carapaz pedalea en el aire, esperando su oportunidad para atacar también y, sin poner en riesgo a su compañero, sacarse también unos segunditos por su cumple. Su amigo Superman, con quien comparte filosofía y tardes de pesca de truchas en el lago de Tota, se despierta, y su ataque es la señal para el salto de Carapaz que, amargamente, los rivales aceptan.

Los malos sueños despiertan monstruos que Nibali y los de su Bahrein buscan animar con insidias. En la cabeza de los mismos periodistas que escribieron que a Carapaz Roglic le regaló el liderato en Courmayeur, la mayoría del Giro, no entra que Landa y Carapaz no se odien. Necesitan una trama cainita. No entienden que el alavés no pueda estar más que irritado porque él no es el líder que le dijeron que sería. No le creen a Unzue y a todos cuando dicen que Landa y Carapaz han tenido las mismas oportunidades y que uno está de rosa y otro no, y que a Landa nunca se le ha negado el derecho a atacar, ni en el Mortirolo ni en ningún sitio. Prefieren oír a las gentes del Bahrein que dicen que Landa está más fuerte y que hará lo que sea para acabar con el ecuatoriano.

A todos, les responden ambos ciclistas atacando de común acuerdo y callando a Nibali.

Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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