“Sentimos rabia. ¿Por qué hay que someterse a esto?”

Los marchadores, listos para la “guerra” contra el calor y la humedad en los 20km

Miguel Ángel López en 2015.
Miguel Ángel López en 2015.Giuliano Bevilacqua (Corbis via Getty)

Hace nada, cuatro años, Diego García y Álvaro Martín eran dos novatos alucinados en Pekín por la marcha de Miguel Ángel López, el murciano de Llanos de Brujas que ganó el Mundial derrotando a los terribles chinos en su China y en su calor y su humedad. Este viernes (22.30, Tdp) ambos marchadores seguirán acompañando al último campeón del mundo español, en la final de los 20 kilómetros marcha.

Álvaro Martín, de Llerena, Badajoz, y Diego García, de Madrid, ya no son dos chavales deslumbrados, sino dos de los mejores marchadores del mundo, campeón y subcampeón de Europa, respectivamente, el verano pasado, dos atletas que llegan a Doha preparado como para la guerra después de pasar unas semanas por el termotrón, la cámara acorazada del Ejército del Aire en Torrejón en la que se reproducen las condiciones ambientales del desierto, calor y humedad a voluntad del marchador. Y, de nuevo, y más fuertes aún si lo que ocurrió en las pruebas femeninas y en los 50 kilómetros masculinos sirve de referencia.

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“Yo pude con los chinos en China, sí”, dice López, de 31 años, medallista ya en Moscú 2013, cuando los rusos, ahora desaparecidos por dopaje, dominaban el evento, y campeón de Europa en Zúrich 2014. “Pero en Pekín no tuve los mismos problemas que esperan aquí. Allí el clima fue más benigno, sin los mismos calor y humedad, y yo estaba en mi mejor momento. Aquí nos esperan condiciones extremas”, añade.

“Y los chinos ya no son los chinos de antes”, subraya Diego García, preparado por José Antonio Quintana, cuyo grupo de entrenamiento en Madrid cumple ya 20 años. “Ahora no son robots, son humanos que hasta salen por la noche a cenar a restaurantes después de las competiciones, y hasta se ríe”.

Si un marchador, por definición uno que no teme a ningún esfuerzo, habla de condiciones extremas, es que son extremas de verdad. “Cuando estuvimos en Doha aclimatándonos en agosto ya nos dimos cuenta de lo que había, y las imágenes de aquí en las pruebas anteriores parecían de una película de guerra, y venimos a la guerra. Pero a mí me motiva”, dice García, de 23 años, y su alegría y aparente despreocupación delatan su edad. “Y me encanta marchar en la Corniche a medianoche con esos focos, parece un circuito de fórmula 1”.

“No importamos”

La aureola mítica no le agrada tanto ni al más veterano, Miguel Ángel López, que aún busca superar la crisis en la que entró en los Juegos de Río, ni a Álvaro Martín, de 25 años, su compañero de entrenamientos a las órdenes de José Antonio Carrillo, en Cieza, Font Romeu, Lopagán y donde haga falta en un año de permanente nomadismo, la vida del marchador. “Ya sabíamos lo que nos esperaba. No sirven de nada las excusas”, dice López. “Pero cuando vine por primera vez a Doha sentí rabia e impotencia. ¿Por qué tenemos que someternos a esto, a estas condiciones? Y quiero que esto más que como una crítica se vea como un llamamiento y para dejar en evidencia lo poco que los atletas importamos a la IAAF. Sería buena la unión de todos para tener fuerza, pero es muy difícil”.

“En octubre pasado, cuando vine, salí asustado”, asiente Álvaro Martín. “Quejarse ahora es irrelevante. Es también doloroso ver el estadio vacío en la final de 100m… Espero que la IAAF se dé cuenta de que no todo vale y empiece a pensar en los atletas”.

Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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