Nadal, un elogio a la regularidad

Apoyado en el servicio, Nadal derruye a Tsonga (7-6 y 6-1, en 1h 35m) y regresa seis años después a la penúltima ronda de París-Bercy, por undécima vez en los 12 torneos que ha disputado en este curso

Nadal, durante el partido contra Tsonga.
Nadal, durante el partido contra Tsonga.Dean Mouhtaropoulos (Getty)

Durante un buen puñado de juegos, exactamente los 13 que se extendió un primer parcial decidido en la foto-finish, Jo-Wilfred Tsonga recuperó del armario el viejo traje de Ali Tsonga, aquel bombardero que hace unos años invitaba a soñar al tenis francés y repartía mamporrazos a diestro y siniestro. Motivado por el empuje de la grada, se sostuvo con la mecánica de su servicio hasta que Rafael Nadal, contestatario, replicó con el saque y cerró una primera manga que se tradujo definitiva. A partir de ahí, como tantísimos otros, Tsonga se derrumbó. 7-6 y 6-1 (en 1h 35m), y Nadal enfilando de nuevo otra semifinal, porque ya son once en esta temporada en la que el balear está escribiendo un elogio a la regularidad.

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Planteó el francés un pulso tenso con su martillo, pero Nadal le contuvo y contragolpeó. Viene desde hace tiempo el español subrayando una mejoría importante en el servicio y así lo constató otra vez. Cuanto más achuchó el francés, mejor respondió. Resistió en la trinchera, salvó sus turnos y a la que titubeó un poco el rival, con una subida alocada en el tie-break, terminó con el suspense que presidió el primer set. Anímicamente roto, Tsonga arrojó la toalla. Se dejó ir y Nadal se abrió paso hacia la penúltima ronda de París-Bercy, en la que se medirá a un jovenzuelo que apunta alto pero no termina de romper el cascarón, Denis Shapovalov (doble 6-2 a Gael Monfils).

Viaja Nadal de una semifinal a otra, abonado a una rutina que está labrando una de sus mejores temporadas, o desde luego una de las más lineales. Su constancia y buen rendimiento obligan a retroceder a 2013 para dar con un ejercicio tan rítmico. Entonces alcanzó 16 semifinales, entre ellas las de Bercy, haciéndose con 10 trofeos y firmando cuatro finales; solo en Wimbledon, flasheado por Steve Darcis en la primera ronda, interrumpió una dinámica extraordinaria. Este año, ya con 33 primaveras y algunas arrugas, escala una y otra vez hasta las alturas de los torneos, mientras el presente le empareja con uno de esos zurdos indigestos que no le gustan nada.

Poco, o más bien nada, tiene que ver Shapovalov con Tsonga. Tiene el chico (20 años, 28 del mundo) más muñeca y mayor movilidad, más piernas y un vigor del que carece el veterano francés, quien a sus 34 años y después de un aciago periodo de lesiones contempla cada partido como un regalo caído del cielo. Empujado por la grada, se puso bravo y no brindó una sola opción de break hasta el desempate del primer parcial. Cedió solo cuatro puntos con el primer saque, pero Nadal, motivado siempre a partir de esos pequeños retos que propone la inmediatez, disparó la eficacia hasta un mayúsculo 93%.

Cerró el balear con siete aces, solo uno menos que su adversario, y profundizó en el segundo set, conforme Tsonga fue desfondándose mentalmente. Su solidez se transformó en un juego sobre arenas movedizas, y el 3-0 de arranque volatilizó cualquier tipo de esperanza.

De esta forma, el español volverá este sábado (no antes de las 16,30, #Vamos) a pisar la pista, después de que Novak Djokovic y Grigor Dimitrov (14.00) diriman quién es el primer finalista. El serbio sorteó el envenenado pulso con Tsitsipas, que le había derrotado un par de veces en los dos últimos años, firmando “uno de los mejores partidos” de esta temporada (en palabras del propio Nole). Mientras tanto, el estiloso búlgaro se deshizo del chileno Cristian Garín (6-2 y 7-5) y, de rebote, el triunfo de Shapovalov sobre Monfils clasificó al italiano Matteo Berrettini, cerrando definitivamente la nómina para la Copa de Maestros.

El canadiense y Nadal se han enfrentado únicamente dos veces (Canada 2017 y Roma 2018), con un reparto de victorias. Por lo tanto, el de Manacor no baja la guardia. Está a dos pasos de alcanzar un premio que no posee.

Sobre la firma

Alejandro Ciriza

Cubre la información de tenis desde 2015. Melbourne, París, Londres y Nueva York, su ruta anual. Escala en los Juegos Olímpicos de Tokio. Se incorporó a EL PAÍS en 2007 y previamente trabajó en Localia (deportes), Telecinco (informativos) y As (fútbol). Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra.

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