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No debemos jugar de cualquier modo

Volver y tener que parar después por casos de contagio sería el peor escenario posible y difícilmente salvable, además de un golpe moral

El portero del Bayern Manuel Neuer (d), este jueves en el entrenamiento en Múnich.
El portero del Bayern Manuel Neuer (d), este jueves en el entrenamiento en Múnich.ANDREAS GEBERT (Reuters)

Sin fútbol se puede vivir, pero peor

Hay una frase que se ha quedado en mi cabeza y a la que no paro de darle vueltas: “sin fútbol se puede vivir”. Y sí, es cierto, se puede vivir, pero peor. O, al menos, así lo sienten los 4.000 millones de aficionados que este deporte tiene en todo el mundo. Quizás sea ese número lo que haya convertido la vuelta del fútbol en prioridad. O eso es lo que deducimos de todas las noticias, reuniones y esfuerzos que se están haciendo.

Que genera miles de millones lo sabemos todos, y no hablo ya del salario de los futbolistas, sino de todos los demás, de todas esas familias que viven directa o indirectamente del fútbol. Pero tampoco podemos olvidar que hay otras muchas familias que viven de otros sectores que también quieren que su actividad sea una prioridad. Por eso hay que tener mucho tacto y mucho respeto con todas las opiniones.

Después de tantas semanas apartados del verde está claro que los futbolistas queremos volver a jugar, y cuanto antes. Pero no a cualquier precio ni de cualquier manera. Algunos comentan que los jugadores no querrían concentrarse porque no les gusta o porque se aburren. Bueno, puntualicemos. A ver a quién después de casi dos meses encerrados en casa le gustaría recluirse en un hotel, sin hablar de la poca tranquilidad y seguridad que indica el tener que concentrarse y aislarse. Sin tener controlada la situación y los números de contagios y muertes, volver a jugar sería una irresponsabilidad. Además de un mensaje erróneo para el resto de ciudadanos.

Que el fútbol profesional sí tenga acceso a tests (aunque sea por una empresa privada) sería otro error de soberbia y poca empatía. Pero no deberían ser los futbolistas los que se posicionen en uno u otro lado, ni los que pongan las condiciones de seguridad. Sobre todo porque hay que tener en cuenta que cada uno tendrá su situación personal y sus intereses. No creo que quien se esté jugando el descenso, y de ello dependa su próximo contrato, tenga muchas ganas de reiniciar esto. Y tendremos los contrarios, para los que ese ascenso o ese puesto Champions significa un cambio en su carrera.

Personalmente, creo que hay que tener paciencia y esperar lo máximo posible, porque como dice el saber popular: “las prisas no son buenas”. Volver y tener que parar después por casos de contagio sería el peor escenario posible y difícilmente salvable, además de un golpe moral para todos.

También creo que es el momento de sanar el fútbol, de buscar un modelo más sostenible. ¿Cómo es posible que después de uno o dos meses tantos clubes estén en riesgo financiero y casi todos ellos haciendo grandes recortes? La fragilidad que muestran es preocupante. Pero es la fragilidad de la burbuja en la que vive el fútbol mundial. Salvarlo a corto plazo y sanarlo para el futuro.

Mientras tanto en EE UU...

Aquí en Estados Unidos la vuelta a los entrenamientos sigue marcada para mediados de mayo, y la competición regresaría a finales de junio. Muy optimista todo si tenemos en cuenta que aquí ya hay más muertes que en España e Italia juntas. Pero nuestra vista, la de los deportistas, está más puesta en Europa, con su evolución y decisiones, que en el calendario. Lo que pasa al otro lado del charco es lo que vivimos aquí dos semanas después. Un deja vú constante para los expatriados.

Mis compañeras y compañeros del Real Salt Lake me preguntan cómo está la cosa en España, si se avanza, si los equipos ya entrenan... yo a mi vez paso la pregunta a mis excompañeras chinas que me cuentan que allí han empezado a entrenar por grupos. A la siguiente pregunta de cuándo volverán a jugar responden con un simple: “Nadie sabe”.

Mientras tanto, seguiremos con nuestros entrenamientos diarios en casa e intentando llevar nuestras mentes a un estado de hibernación, para que cuando estemos de vuelta la motivación y la ilusión también vuelvan como en cada inicio de temporada.

Un día menos, falta un día menos.

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