Juan Carlos Navarro: “La Bomba empezó con mi hermano Ricardo”

La estrella del Barça y de la selección se inventó el tiro que le caracterizó cuando era un chaval en el patio de su casa

Navarro lanza una 'bomba'  ante Shermadini en un Liubliana-Barça, en enero de 2011.
Navarro lanza una 'bomba' ante Shermadini en un Liubliana-Barça, en enero de 2011.SRDJAN ZIVULOVIC (EL PAÍS)

La fascinación infantil hacia sus hermanos Ricardo y Justo forjó su pasión por el baloncesto. Tres décadas después Juan Carlos Navarro destila su magisterio tutelando los primeros pinitos de sus jóvenes hijas Lucía y Elsa en este deporte. Entre medias, una carrera que le situó de 1997 a 2018 como icono del Barça y del baloncesto español y europeo. Todo empezó con un aro desechado por el colegio donde estudiaban en Sant Feliu de Llobregat, a 14 kilómetros de Barcelona. Su padre Ricardo lo adquirió por 1.500 pesetas y lo instaló en el patio de casa.

“Mis hermanos fueron básicos para mi carrera. Me inculcaron su amor y su pasión por este deporte. Yo era el menor y los veía como ídolos porque jugaban bien al deporte que a mí me gustó. Yo era muy pequeñín, pero intentaba superarles. Fueron ellos los que me vieron aptitudes ya en aquel patio y me apuntaron al Santfeliuenc”, relata Navarro. En agosto de 2018 pasó a ocupar el cargo de secretario técnico del baloncesto formativo de Barça después de haber completado un palmarés deslumbrante: dos Euroligas, ocho Ligas y siete Copas del Rey con el Barça, y un Mundial, tres Eurobasket y dos medallas de plata en los Juegos Olímpicos con la selección, en la que, con 253 apariciones, estableció el récord de internacionalidades superando a Epi, su legendario predecesor en el Barça.

“Ricardo era mi ídolo. Jugaba en los infantiles y en los juveniles del Barça y era al que seguíamos todos los días. Yo aprovechaba sus entrenos y sus partidos y, mientras él se duchaba, antes de sus partidos o en los descansos, practicaba”, cuenta Juan Carlos, el menor de los tres hermanos Navarro. Ricardo tiene siete años más que él y Justo es el mediano. “A Juan Carlos teníamos que echarlo de la pista porque empezábamos la rueda de calentamiento del equipo y él, que era un tirillas, seguía allí tirando y tirando”, explica Miguel López Abril, entonces uno de los responsables de la cantera azulgrana.

Ricardo Navarro, a finales de los ochenta, con el Barça.
Ricardo Navarro, a finales de los ochenta, con el Barça.

Ricardo jugó durante cuatro temporadas en la cantera del Barça antes de marcharse al Granollers, cumplir el servicio militar y abandonar muy pronto el baloncesto. “Era un cuatro, un pívot pequeño, pero jugaba muy bien. Tenía buen tiro y buenos movimientos. Yo trataba de imitarle y de aprender. El simple hecho de que él y Justo fueran mayores que yo, hacía que tuviera que superarme. Por ejemplo, cogí el tiro en aquella canasta del patio de casa porque mis hermanos eran más grandes, el espacio era muy reducido y tenía que bombear la pelota para librarme de ellos. Nos picábamos bastante. Hemos sido muy competitivos y alguna pelea ha habido”. La estrella del Barça y de la selección durante 20 años patentó aquel tiro conocido como La Bomba, apodo que con el que le bautizó Agustín Cuesta, otro de sus entrenadores en la cantera.

Navarro se pasaba el día jugando a baloncesto. “En el patio jugábamos hasta que anochecía, hasta que no se veía nada. Y las mañanas de los domingos me encantaba ir con Justo a jugar unas pachangas. Por entonces, yo era muy pequeño y no siempre me dejaban jugar. Me cabreaba, pero aquellos partidos eran muy duros”. Después de jugar en el Santfeliuenc, fichó por el Barcelona. Tenía 12 años. Poco después, y procedente del Cornellà, se le unió un chaval espigado con el que hizo muy buenas migas. Se llamaba Pau Gasol. Se forjó un dúo fundamental en la historia del baloncesto español.

“He tenido la suerte de jugar con muchísimos jugadores y muy buenos. He hecho grandes amigos y nos hemos tenido un gran respeto. Eso es lo más importante que me he llevado de este deporte, aparte de los títulos que he ganado. He jugado contra LeBron James y el que me impresionó muchísimo fue Shaquille O’Neal cuando lo vi por primera vez porque es muy grande, muy grande. Con el primero que empecé a levantarme por las noches, independientemente de si tenía partido o no al día siguiente, fue Michael Jordan. Ahora he visto la serie The Last Dance y me parece algo sobrehumano. Fue mi ídolo. A veces intentaba imitar sus jugadas, pero sin su cuerpo y sus condiciones físicas, es imposible. Tuve la oportunidad de conocerle en Barcelona hace unos años. Me pareció una persona genial”.

Juan Carlos se remonta a las lecciones que recibía de principiante, a sus inicios. “Mis hermanos me aconsejaban simplemente que me divirtiera, que cada día aprendiera un poco. Es lo mismo que les digo yo ahora a mis hijas. Al cabo del tiempo tienes que ver una evolución y tienes que tener pasión y ganas de mejorar, como en cualquier profesión”. Siempre lo tuvo muy claro: “Creo que hay jugadores con más condiciones individuales. Pero si comparamos mi físico con lo que he conseguido... Yo tenía claro lo que podía hacer: improvisar, salirme un poco del sistema con mi desparpajo... Nunca he tenido miedo a nada. Aunque fallara muchos tiros, sabía que la siguiente la iba a tirar igual. Le pasa a mucha gente, a mis hijas: como han fallado dos tiros, piensan que tirar otra vez es excesivo. Nunca me ha pasado”.


Regístrate gratis para seguir leyendo

Sobre la firma

Robert Álvarez

Licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona, se incorporó a EL PAÍS en 1988. Anteriormente trabajó en La Hoja del Lunes, El Noticiero Universal y el diari Avui.

Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS