Robert Martínez: “Cruyff hacía obras maestras con lo básico”

El seleccionador de Bélgica destaca la capacidad del técnico holandés para “simplificar el juego”

Cruyff da instrucciones en un partido ante el Steaua de Bucarest en el Camp Nou en 1988.
Cruyff da instrucciones en un partido ante el Steaua de Bucarest en el Camp Nou en 1988.

En la temporada 1995-1996, su primera como futbolista en Inglaterra, Robert Martínez (Balaguer, Lleida; 46 años) estaba contento tras el partido de su equipo, el Wigan, ante le Rochdale en Robin Park. El Wigan había ganado (2-0) y el centrocampista catalán había generado el penalti que terminó en el segundo gol. Su entrenador, John Deehan, no pensaba lo mismo. “En la rueda de prensa, el míster me puso a parir. Pidió perdón por haber ganado los tres puntos. Un jugador extranjero se había tirado en el área”, recuerda el hoy seleccionador Bélgica. “Yo pensaba: ‘Me tiré, sí; pero hemos ganado’. En España eso era de listos. Los dos equipos lo intentan hacer y es el árbitro el que decide”. La influencia del rugby, presente en todo el deporte británico, sorprendió al joven Martínez, que había fichado por el Wigan, de Tercera, con 21 años tras jugar en el Zaragoza B y el Balaguer. “Es la cultura del gentleman, es la forma de vida en la que se quiere practicar el deporte”, afirma Martínez, que jugó hasta 2007 en el fútbol británico y luego entrenó 10 años en las islas. Esa forma de ser le impresionó tanto como ver jugar al Barça de Johan Cruyff.

“Nunca me hubiese interesado por la forma de entrenar de Cruyff si no hubiese tenido la influencia de mi padre. Él fue quien me inculcó el amor por el fútbol. Fue entrenador y siempre explicaba aspectos tácticos y técnicos. Sin su referencia, nunca se me hubiese despertado esa curiosidad, menos cuando tenía 15 años. ¿A qué persona joven le interesa el concepto de defender con el balón?”, explica Martínez. Si de pequeño admiró el fútbol de La Quinta del Buitre —“toda esa gente con la misma forma de pensar… yo decía: ‘guay”, recuerda—, de adolescente se fascinó con la cabeza de Cruyff. “Yo estaba en la cantera del Zaragoza y cuando el Barça jugaba en La Romareda no nos los perdíamos”, cuenta. Los conceptos tan simples como novedosos del técnico holandés fueron reveladores para el catalán. “Antes de Cruyff se pensaba que se defendía sin balón y se atacaba con balón. Eso lo cambió él”, subraya el preparador.

En su etapa como futbolista en el Wigan conoció a Jordi Cruyff (jugaba en el Manchester United). Una amistad con el hijo del mito que conserva hasta hoy, un puente para conocer al mentor del Barcelona campeón de Europa en 1992. “Cuando conocí a Johan me di cuenta de que tenía cosas de genio”, recuerda Roberto Martínez. “Tenía esa manera de simplificar el juego que no mucha gente puede hacer. Pequeñas obras maestras que hicieron que un equipo logre ejecutar en un campo algo que nunca se había visto en el fútbol. Cosas que algunos podían pensar que eran demasiado básicas como para centrarte en ellas. Por ejemplo, como decirle al jugador que no pase el balón al pie de su compañero sino un metro más adelante. Al pie, retrasa el juego; un metro más adelante le da velocidad. Parece muy sencillo, pero con ese pequeño detalle el juego de posesión coge otro nivel”, destaca el seleccionador que llevó a Bélgica al tercer puesto en el Mundial de 2018.

“Johan tenía algo paradójico. Una contradicción en su personalidad”, dice Martínez. Y aclara: “Los grandes, grandes jugadores no ven el detalle porque ellos pueden hacer cosas que nadie puede hacer. Sin embargo, él tuvo esa capacidad para diseccionar el juego. Cuando un jugador es la estrella de su equipo tiene que pensar en todo a nivel individual para poder estar al máximo nivel y así poder ser una estrella. El entrenador es todo lo contrario. Tienes que tener la capacidad de entender a la gente, de persuadirla, de trabajar en equipo. Cruyff dominó los dos aspectos. Se adaptó y lo hizo de una manera excepcional. No hay una línea divisoria entre lo que está bien y lo que está mal. Para eso hay árbitros. Johan creía mucho en una metodología. Pero sin resultados hoy no estaríamos hablando de esa metodología”.

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