Jairzinho, Cubillas, Banks y Müller: titanes de carne y hueso

El brasileño, el peruano, el inglés y el alemán escribieron en primera persona las vivencias más apreciadas del Mundial del 70

Banks evita en el último momento un gol de Pelé en el Mundial del 70. / ACTION IMAGES
Banks evita en el último momento un gol de Pelé en el Mundial del 70. / ACTION IMAGES

Jairzinho marcó en todos los partidos

Jairzinho corre ante el italiano Facchetti durante la final del 70 contra Italia. / GETTY
Jairzinho corre ante el italiano Facchetti durante la final del 70 contra Italia. / GETTY

Jair Ventura Filho, Jairzinho, llegó al Mundial con 25 años. Era su segunda cita tras Inglaterra 66 y aún le quedaría una tercera, Alemania 74. Considerado como el heredero del gran Garrincha, se hizo un hueco en el once titular de La Canarinha, donde la competencia era extrema, gracias a que el seleccionador, Zagallo, era su técnico en Botafogo y conocía todas sus virtudes. Insustituible.

Regateador, velocista, amante de las fintas sin balón y de los cambios de velocidad con la carrera en marcha, consiguió lo que parecía imposible de repetir: marcar en todos los partidos. Como el francés Fontaine en el Mundial 58. Sus siete tantos fueron con el pie derecho y todos, menos uno, en la última media hora de los partidos. Casi todos fueron decisivos.

Sus compañeros de ataque colaboraron en la empresa con sus pases. Tres llegaron de Pelé y el resto se los repartieron Gerson, Paulo César, Rivellino y Tostão.

Cubillas, el Pelé de Perú

Cubillas, de espaldas con el 10, celebra un gol ante Marruecos.
Cubillas, de espaldas con el 10, celebra un gol ante Marruecos.

Fue tan diverso y rico ese Mundial que hubo vida más allá del campeón Brasil, la finalista Italia o la magnífica Alemania. La gran revelación fue Perú, dirigida por un brasileño dos veces campeón del mundo, Didí, y enganchada a un fenómeno de 21 años que respondía al nombre de Teófilo Cubillas. El mismísimo Pelé lo consagró de forma inmediata como su sucesor después de ver sus portentosas actuaciones. De hecho, fue elegido como mejor joven de la competición, honor que en campeonatos precedentes había recaído en el propio Pelé (1958) o Beckenbauer (1966).

Con cinco goles en cuatro partidos, se proclamó tercer mejor realizador del torneo y sorprendió al gran público por su técnica, visión de juego y golpeo de balón. Un pelotero. El clásico enganche suramericano, un 10 con mucho gol y que después de su explosión en México hizo carrera en su país, en Europa y en Estados Unidos.

Banks, la parada por excelencia

La histórica parada de Gordon Banks a Pelé. / GETTY
La histórica parada de Gordon Banks a Pelé. / GETTY

Campeón del mundo con Inglaterra en su Mundial de cuatro años antes, Gordon Banks fue el protagonista de la mejor parada de la edición mexicana y una de las más celebradas de la historia del fútbol. Para sus compatriotas siempre fue the save por excelencia. Se enfrentaba Inglaterra a Brasil. Duelo entre los dos grandes favoritos de la competición, en el estadio Jalisco de Guadalajara (7 de junio de 1970).

Ganaba ya la amarelha con un gol de Jairzinho, cuando el propio extremo centró un balón pasado desde la línea de fondo. Pelé se las ingenió para buscar la espada de Tommy Wright, impulsarse y mantenerse en el aire y cabecear abajo con bote incluido. Era gol o gol. Pero allí apareció la mano derecha de Gordon, ese día vestido de azul, para levantar milagrosamente el balón por encima del larguero. Una oportuna instantánea muestra a Pelé con los brazos en alto celebrando el gol… que no fue.

Gerd Müller, 10 torpedos

Müller cabecea para marcar ante Italia en semifinales. / GETTY
Müller cabecea para marcar ante Italia en semifinales. / GETTY

Todo apuntaba a que Gerd Müller no iba a ser titular indiscutible. Las estrellas del capitán Uwe Seeler pesaban lo suyo. El delantero del Hamburgo ya estaba consagrado, el del Bayern comenzaba a ganarse el apodo de Bombardero con sus 38 goles que le convertían en el mejor artillero de Europa esa temporada. México fue su catapulta internacional. Helmut Schön, el seleccionador germano, apostó por los dos. Uno por delante del otro. Complemento perfecto.

Müller se disparó hasta los 10 goles. Nadie ha marcado tantos en un Mundial desde entonces. Uno contra Marruecos, tres contra Bulgaria, tres contra Perú, uno a Inglaterra y dos a Italia en la prórroga de la semifinal. Cuatro de cabeza, uno de penalti, tres en el área pequeña y dos en la grande. El remate ya no tenía secretos para él. Ese año es elegido Balón de Oro, primer alemán. Después acapara títulos con su selección y el Bayern.

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