ANÁLISIS | LIGA ENDESA
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Una Liga con asterisco

El campeonato se reanuda con una fórmula antinatural que sepulta los méritos de 23 jornadas y cinco meses y medio de la fase regular

Hanga, jugador del Barça, en Valencia.
Hanga, jugador del Barça, en Valencia.Miguel Ángel Polo (EFE)

La Liga de baloncesto procede a quemar una falla inédita en Valencia. 12 equipos y 33 partidos en 14 días. Una cremá, un improvisado y veloz congreso de canastas para liquidar una temporada entera. El campeón tendrá una legitimidad del 300%, ha dicho el presidente de la ACB, Antonio Martín. Incluso pudiendo estar de acuerdo con él, no hay tribunal constitucional competente para emitir semejante veredicto. Se espera que casi nadie, al menos de entrada, se ponga tiquismiquis. Se conviene en que, dadas las circunstancias, el regreso del baloncesto supone un notable éxito. Se lo apunta la ACB, a pesar de que se va a jugar sin público, con una Liga amputada y una resolución exprés. Pero sí, la temporada 2019-2020 tendrá un campeón.

Se ha evitado el primer asterisco en un libro abierto en la temporada 1956- 1957 y que ya bastante manchado quedó por la célebre final de 1984, para mayor escarnio, la primera de la era ACB. El Real Madrid se coronó campeón por 2-1 debido a la incomparecencia del Barça en el tercer encuentro tras la tangana en el segundo con las expulsiones de Juanma Iturriaga, Mike Davis y Fernando Martín, y las polémicas sanciones que se impusieron.

La Liga 2019-2020 empezó a disputarse el 24 de septiembre y debía concluir el 12 de junio, el 5 si la final se decidía por la vía más rápida, por 3-0. 256 días de vigencia liguera, con la Copa y la Euroliga entre medias; ya se sabe, la cuadratura del círculo del baloncesto europeo. En cualquier caso, el campeón debía ameritarlo en 42 encuentros, 34 en la Liga regular y un mínimo de ocho más en los playoffs. La interrupción de la fase regular de la Liga tras 23 jornadas, 205 partidos y cinco meses y medio, ha deshecho el entramado. El plan de contingencia de la ACB ha borrado de un plumazo los méritos acumulados por todos los equipos en aquellas 23 jornadas. Sin demasiado o casi ningún debate, que se sepa. Los seis últimos de la clasificación se dieron con un canto en los dientes, aliviados porque, si bien se les acabó la temporada aquel 8 de marzo, y algunos como el Manresa o el Obradoiro aún aspiraban con toda legitimidad a algo más, al menos saben que ninguno de ellos perderá la categoría.

Lo que no se entiende es que en la competición que se ventila a partir de este miércoles en Valencia no se haya tenido en cuenta lo hecho por los 12 contendientes en aquellas 23 primeras jornadas. No había mejor manera de llenar de razón a quienes desde hace años critican y abominan de la insoportable levedad de la fase regular, ahora reducida a cenizas por la propia ACB. No era tan descabellado haber tenido en cuenta en la burbuja de Valencia la clasificación de aquellas 23 jornadas mediante otro sistema compensatorio en esta fase final. Hubiera sido más justo y consecuente. Sin ir más lejos, en la burbuja de la NBA en Disney World se tendrán en cuenta los 64 o 66 partidos disputados por cada equipo hasta que fue suspendida la competición.

Aquí, y que nadie se sienta agraviado, sirva un simple ejemplo de lo que podría suceder. El Joventut, que perdió 14 de aquellos 23 partidos de la fase regular, podría ser campeón ganando seis, incluso solo cinco en Valencia: cuatro o tres en su grupo, la semifinal y la final. Se ha pulverizado la fase regular y los playoffs poco o nada que ver con una Liga. El campeón será legítimo, claro, pero los libros deberán consignar el dichoso asterisco. Y, además, bulle el lío del descenso abortado y los ascensos en la LEB Oro defendidos a capa y espada por la Federación Española, que siguió el camino inverso a la ACB y validó los méritos del Valladolid y el Gipuzkoa. Aún faltaban 10 jornadas para el final de la fase regular cuando la pandemia se lo llevó todo por delante.


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Sobre la firma

Robert Álvarez

Licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona, se incorporó a EL PAÍS en 1988. Anteriormente trabajó en La Hoja del Lunes, El Noticiero Universal y el diari Avui.

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