Viñales: “Este año es una pesadilla”

Con solo dos motores desde julio, sancionado a salir desde el ‘pit lane’ y con medio equipo de mecánicos confinado por un positivo, el español da por perdido el curso

El piloto de MotoGP Maverick Viñales, descansa en su garaje durante los entrenamientos libres.
El piloto de MotoGP Maverick Viñales, descansa en su garaje durante los entrenamientos libres.Javier Cebollada (EFE)

No es difícil imaginar, tras la mascarilla de tela azul Yamaha, el rostro impertérrito de Maverick Viñales. “Tengo una vida feliz, en casa está todo bien. Solo necesito una moto para ganar carreras”, concede. Pero su discurso ya no trata de ocultar la frustración y el hastío. Cuatro años en Yamaha han dado para unas cuantas victorias y muchos desencantos. Ninguna temporada tan difícil de engullir como la actual.

La acumulación de despropósitos colmó el vaso este fin de semana en Valencia, que acoge dos grandes premios consecutivos antes de la cita final en Portimao. Allí conoció el jueves que su equipo, así como la fábrica Yamaha, eran sancionados por haber utilizado en algunos de sus motores unas válvulas que no habían sido aprobadas previamente, al inicio del campeonato. La penalización no afectó a los pilotos de la fábrica de Iwata, pero Viñales llevaba ya muchos meses sufriendo las consecuencias de aquel error. Los dos motores con las polémicas válvulas fueron apartados y tan solo pudo aprovechar uno de ellos para alguna sesión libre. En la segunda carrera en Jerez el español rompió un tercer propulsor. Y ha pasado prácticamente todo el curso con solo dos motores. Tan cargados de kilómetros que este fin de semana, en Cheste, ha usado un sexto motor —cada piloto cuenta, por reglamento, con cinco motores por curso— por lo que ha sido castigado con salir a la carrera este domingo (14.00, DAZN; Pol Espargaró en la pole) desde el pit lane.

“Cometimos un error en Jerez y lo pagamos toda la temporada”, se lamentaba este sábado. El de Roses, que tras la última carrera en Teruel está tercer clasificado a solo 19 puntos del líder, Joan Mir, llegó al circuito Ricardo Tormo totalmente hundido. Desnortado. Desde Misano, donde logró la única victoria del año, la temporada se complicó sin remedio. “Ha sido una pesadilla. Este año solo he conseguido entristecerme, enfadarme. Ya no me queda otra que esperar a tener una buena arma en el futuro para pelear por el título”, dice. Sin motores frescos, incapaz de encontrar agarre, imposible para él entender por qué un día hace la pole position y al día siguiente termina 10, siente que esta ha sido “una temporada perdida”. “No podemos olvidar que Marc [Márquez] no está aquí y que hemos desaprovechado una gran oportunidad”, dice al tiempo que endurece su discurso.

Porque las malas noticias no llegaron solo en forma de penalización. El telemétrico de su equipo, Davide Marelli, dio positivo este viernes en una prueba PCR. El contagio de Marelli ha obligado al equipo a confinar a otros cuatro miembros del grupo, entre ellos el director deportivo, Massimo Meregalli. Nadie les ha sustituido.

Tampoco lo fueron en su día el grupo de japoneses también de Yamaha que tuvo que quedarse aislado en Andorra tras el positivo de uno de ellos. Aquel fin de semana los ingenieros de la fábrica de los diapasones se conectaron al box por videoconferencia. Pero esta vez no ha sido tan fácil, no lo es trabajar sin telemétrico en MotoGP. “Davide es muy difícil de suplantar. Nos ayuda a hacer los mapas para la carrera y a configurar la moto para saber dónde podemos o no ganar potencia”, se quejaba Viñales. “¡Falta la mitad de mi equipo! Me siento solo. Nos falta información, nos faltan respuestas”, añadía.

Tres malas noticias en solo un par de días que se suman a las que ha vivido desde que empezó el campeonato. Viñales se arrancó en el Mundial con dos segundos puestos, pero pronto empezó a torcérsele el gesto. En estos meses desde las primeras carreras en Jerez, en julio, el de Roses ha roto motor, ha corrido solo con dos motores desde el segundo gran premio, y hasta se ha quedado sin frenos en medio de una carrera, la de Austria. Avería que le llevó a tirarse de su moto en plena recta y cuando rodaba a 200 km/h.

El catalán ha vivido un curso difícil, “una montaña rusa”, confesaba ya el viernes. El Mundial, sin embargo, se vende este año tan barato, tantas han sido las caídas, las bajas y tantos los errores cometidos, que al de Roses le bastaba con esos tres podios para seguir aspirando al título Mundial. Hasta que este fin de semana se ha dado de bruces contra el suelo.

De sus palabras se deduce, incluso, que empezar la carrera del GP de Europa este domingo prácticamente desde el box no es lo peor de todo. Lo peor es pilotar una moto con cero confianza. “Cada carrera tienes que hacer un reset. Y eso cansa mucho”, confiesa. Es probable que se esté despidiendo de la lucha por el campeonato. No parece tener ni herramientas ni ganas para protagonizar este domingo remontada alguna, menos en un circuito como el de Cheste, corto, difícil para adelantar. “Es un hándicap para pelear por el título. Pero nuestro problema no es ese, es que no estamos al nivel”, decía este viernes.

La escasa fiabilidad de los motores Yamaha, pero también los problemas de puesta a punto, y finalmente la sanción, rematan una temporada que en el caso de Viñales se ha vuelto insoportable. “¿Qué más me puede pasar este fin de semana, que me envíen a casa?”, se preguntaba, entre la incredulidad y la indefensión.

Sobre la firma

Nadia Tronchoni

Especialista de motociclismo de la sección de Deportes. Ha estado en cinco Rally Dakar y le apasionan el fútbol y la política. Se inició en la radio y empezó a escribir en el diario La Razón. Es Licenciada en Periodismo por la Universidad de Valencia, Máster en Fútbol en la UV y Executive Master en Marketing Digital por el IEBS.

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