AREA DI RIGORE
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El Sassuolo, el que mejor juega en el calcio

De Zerbi, el técnico, ha instaurado un estilo contracultural por el que preguntan en la Masia del Barça

Defrel, del Sassuolo, defendido por dos jugadores del Udinese.
Defrel, del Sassuolo, defendido por dos jugadores del Udinese.ALBERTO LINGRIA (Reuters)

A nadie se le ocurriría congelar el tiempo cuando toca salir a recibir aplausos. Ciccio Caputo, en cambio, un delantero de 33 años que había estado dos veces a punto de dejar el fútbol, se acercó a la cámara en el minuto 44 y sacó el cartelito: “Quedaos en casa, irá todo bien”. Era 9 de marzo y los goles del Sassuolo contra el Brescia fueron los últimos que la Serie A cantó antes de que se suspendiera el campeonato y se paralizase el mundo. Desde entonces, la pandemia ha creado paisajes extraños, también en los terrenos de juego. Italia, laboratorio de lo mejor y lo peor que se ha visto en los últimos años —todo lo que pueda hacer Trump ya lo habrá hecho Berlusconi—, es el ejemplo más nítido de este precioso desvarío.

La tacaña serie A ha duplicado su cifra goleadora y cada partido acaba con una media de cuatro dianas; Ibrahimovic, un prejubilado de 39 años que ha triunfado en los tres principales equipos del calcio, vuelve a ser pichichi con un Milan disparado. Lo más extraordinario desde el gol de Caputo, sin embargo, puede que lo haya visto el propio Caputo en su vestuario.

Sassuolo es una ciudad de 40.000 habitantes al sur de la Via Emilia, la vieja carretera que atraviesa de este a oeste Emilia-Romaña. La región, cuna agraria de las revoluciones políticas y sociales, fue también escenario del Novecento de Bertolucci, la película que invocó la modernidad y la división histórica entre las dos italias incapaces de ver casi nada del mismo modo. Los verdinegros, con solo siete temporadas en las Serie A, son hoy también el equipo que mejor define ese impulso del calcio por desembarazarse del pasado. Su entrenador, Roberto De Zerbi, enfermo del fútbol, admirador de Marcelo Bielsa y Guardiola, liquidó hace una semana 0-2 al Nápoles en el San Paolo con la defensa de tres del Barça de Cruyff y es segundo en la Serie A. Luego, como Caputo, se fue a la cámara y resumió su manera de ver las cosas: “No sé si jugando así nos bastará para ganar, pero al menos podemos elegir cómo perder”·

El Sassuolo, el equipo que más goles ha marcado, también selecciona ya el modo en que trata a sus rivales. La idea la tuvo Giorgio Squinzi, un empresario empeñado en transformar un club de Serie C2 en un laboratorio de la Serie A. Fue el rey de la cerámica (por eso algunos llaman al Sassuolo el Villarreal italiano), presidente de los empresarios italianos y propietario de la empresa Mapei, con la que fundó un equipo de ciclismo, su otra pasión. Y para todo buscó siempre el mismo patrón. Falleció el año pasado, no pudo ver cómo están las cosas. Pero el Sassuolo no ha parado de crecer, convertido en una fábrica de entrenadores ofensivos: de Massimo Allegri (Milan y Juventus) a Stefano Pioli (Milan), pasando por Eusebio Di Francesco (Roma). Ninguno como De Zerbi, en cuyo palmarés figura solo divertir al público, ha despertado la misma fascinación. Hoy lleva ya tres temporadas en el equipo y ha instaurado un estilo contracultural por el que preguntan en la Masia del Barça. El año pasado, cuentan, rechazó un contrato para tres temporadas con la Roma.

Las cancha de Italia, después de asomarse algunos tifosi durante pocas semanas esta temporada, han vuelto a vaciarse. Esta revolución, una trinchera contra el pasado que empezó a cavar Maurizio Sarri desde el Empoli (antes de fichar por el Nápoles y la Juventus), será solo televisada. Caputo, entretanto, ha enterrado también su propio destino. A los 26 años, jugando en el Bari, el equipo de su tierra, fue descalificado tres años y medio por un supuesto amaño. Perdió a los amigos y compañeros. Le insultaron en su propio estadio. Su mujer le convenció para seguir y la justicia terminó dándole la razón. El viernes pasado contra el Udinese no dio una, como su equipo (0-0). Pero a los 33 años se ha convertido en el segundo debutante de mayor edad con la Nazionale. Justo ocho meses después de criogenizar su momento de gloria.

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Sobre la firma

Daniel Verdú

Nació en Barcelona en 1980. Aprendió el oficio en la sección de Local de Madrid de El País. Pasó por las áreas de Cultura y Reportajes, desde donde fue también enviado a diversos atentados islamistas en Francia o a Fukushima. Hoy es corresponsal en Roma y el Vaticano. Cada lunes firma una columna sobre los ritos del 'calcio'.

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