DeChambeau quiere ‘jubilar’ a Tiger

El cañonero estadounidense aspira a devorar Augusta como Woods, que defiende la chaqueta verde en un Masters de mucho nivel, hizo en el 97

DeChambeau golpea con el driver en un entrenamiento.
DeChambeau golpea con el driver en un entrenamiento.Patrick Smith (AFP)

“Absolutamente increíble. Nunca antes se había hecho”. Podrían ser las palabras de cualquiera sobre la revolución del 97. En abril de ese año, Tiger Woods cambió para siempre el golf con una exhibición de tal magnitud en el Masters de Augusta que muchos de sus récords siguen en pie: ganador más joven (21 años y 104 días), mayor margen de victoria (12 golpes), marcador más bajo (270)... En esos cuatro días, El Tigre inauguró un deporte nuevo. Mandó a todos al gimnasio, especializó cada parte del juego e hizo caer una lluvia de millones que no ha cesado hasta hoy.

“Absolutamente increíble…”. Y, sin embargo, esas son las palabras del propio Tiger antes del Masters que comienza este jueves, y a quien van dirigidas es a uno que desea ser como él, devorar Augusta, darle nombre a otra revolución. Bryson DeChambeau quiere ser en 2020 como Tiger Woods en 1997. Un antes y un después.

Woods, el mito, 44 años, ganador de 15 grandes, cinco chaquetas verdes, a una de Jack Nicklaus, el dueño de 18 majors, es el tigre que defiende con garras su corona de campeón, el Masters que logró el año pasado, la cumbre de una resurrección nunca vista. A su alrededor se multiplican los aspirantes en un torneo melancólico por la ausencia de público pero apasionante por la batalla en el verde: Dustin Johnson, Jon Rahm, Justin Thomas, Rory McIlroy, Brooks Koepka… y a quien todos miran y todos temen, DeChambeau. El mundo del golf se pregunta: ¿Hasta dónde podrá llegar con sus cañonazos en el Augusta National?

A los 27 años, el estadounidense desembarca en el Masters como el hombre que conquistó el último US Open reventando la bola desde el tee. DeChambeau se forró de músculos durante el confinamiento (tres horas de gimnasio y siete batidos de proteínas al día) y ha llevado al límite la receta de golpear tan fuerte como sea posible. Los bocados que le da al campo son descomunales. Claro que también corre el riesgo de que el misil se desvíe (a más potencia, más difícil es el control). Si va recto, tendrá puesta una manga de la chaqueta verde. Para el asalto a Augusta, DeChambeau tiene un arma secreta: un driver de 48 pulgadas (1,22 metros), la máxima longitud legal permitida, un bazuca con el que quiere mandar la bola a una velocidad de salida de 340 kilómetros por hora y a 370 metros de distancia.

Tiger dejó pequeño Augusta en el 97. Su media con el driver fue de 295 metros, 20 más que el siguiente en ese apartado. Pero 20 menos que el registro con el que DeChambeau lidera hoy ese listado en el circuito americano (315), y 40 menos que lo alcanzado en su último torneo, el Shriners. El mayor cañonero del reino de entonces no pasa hoy de ser un soldado raso. “Yo tenía velocidad”, explica Tiger con añoranza. “Con 20 años era cuando más rápido le daba. Luego empecé a no llegar tan lejos, pero mejoré mi juego. En esa época no teníamos la tecnología de ahora. Se estaba cambiando el material y era muy importante darle a la bola en medio de la cara. Hoy se puede optimizar el palo y usar el driver como arma para darle todo lo que fuerte que puedas, pero lo que ha hecho Bryson para transformar su juego y golpear así no se ha hecho nunca. Increíble”, asume Woods. Puede dar fe. El lunes se entrenaron juntos.

Mucho gimnasio

El culturista DeChambeau explica su método: “Cada día trato de ser más rápido y más fuerte y llegar lo más lejos posible. Y no tengo ni idea de dónde está el final de esto. Solo he visto mejoras en el aumento de la fuerza. Estoy golpeando ahora más lejos que en el Shriners y que en el US Open, y estoy probando el nuevo driver. Es prometedor, pero no estoy seguro de si lo voy a usar por lo desconocido que es. Si gano el Masters, creo que la gente se daría cuenta de que golpear más lejos es una forma más fácil de jugar. La parte física es la más importante en el deporte. No se trata de que yo quiera ser diferente, sino de intentar ser mejor cada día. Hay muchas horas en el gimnasio, en el campo de prácticas, golpeando tantas pelotas como era posible. En lugar de cenar por ahí o salir con los amigos, me entrenaba. Ha sido un proceso que ha durado cuatro o cinco años”.

DeChambeau compara el cañonazo a la bola con la explosión del golpe de un jugador de béisbol, “bateando tan fuerte como se pueda para hacer el home run”. Pensar menos y darle duro. “Puedo golpear tan lejos como quiera, pero luego tengo que chipear bien y patear bien”, matiza. Desde 1997, Augusta se ha estirado casi 500 metros. Ahora aguarda a otro pegador que ya avisa de que los campos tendrán que adaptarse a los nuevos tiempos. Incluso ve una ventaja en la ausencia de público porque podrá dirigir su bola a zonas antes casi vetadas por la cercanía de aficionados. DeChambeau tiene toda la pradera por delante.

Tiger choca el puño con Olazabal.
Tiger choca el puño con Olazabal.BRIAN SNYDER (Reuters)

De los rugidos del año pasado al silencio de este, Tiger intentará retener una chaqueta que por la pandemia ha guardado 19 meses en el armario y que dentro de seis volverá a ponerse en juego. El Masters es el último grande del año y será el primero del próximo. A este torneo se aferra como a ninguno Woods, consciente de que Augusta es casi su única esperanza para acercarse a Nicklaus. Si se le cierran las puertas del paraíso, el golf de hoy no tendrá piedad de una leyenda con el esqueleto demasiado frágil. Tiger solo ha jugado ocho torneos este 2020, y su mejor resultado ha sido un noveno puesto. “Tenía dudas de si volver a jugar a causa de la pandemia y cuando he vuelto no he conseguido juntar todas las piezas de mi juego”, admite.

Augusta es para Woods la fuente de la eterna juventud. Hace 25 años que debutó en sus colinas. Como Nicklaus, ha vencido en tres décadas diferentes. De su versión explosiva de los noventa a la calculadora del año pasado. Del abrazo de su padre al de sus hijos. Tiger vive deportivamente para Augusta. Juega los torneos anteriores pensando en qué golpes necesitará en el Masters. Sin una chaqueta verde por la que luchar, quién sabe si ya hubiera dicho basta.

Tv (Movistar Golf): Jueves: 16.30 a 23.30. Viernes: 17.30 a 23.30. Sábado: 16.00 a 23.00. Domingo: 14.00 a 21.00.

Emparejamientos y horarios de la primera jornada (seis horas más en España).

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Sobre la firma

Juan Morenilla

Es redactor en la sección de Deportes. Estudió Comunicación Audiovisual. Trabajó en la delegación de EL PAÍS en Valencia entre 2000 y 2007. Desde entonces, en Madrid. Además de Deportes, también ha trabajado en la edición de América de EL PAÍS.

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